
JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y HERBERT SPENCER
De
naturaleza perezosa y desprovista de sentido práctico en un tiempo en
el que había abundancia de criados y de institutrices, el papel de la
madre de Gombrowicz se limitaba a darle órdenes al cocinero y al
jardinero. Sin embargo, le decía a todo el mundo que la casa estaba a
su cargo, que el jardín era una obra de ella, que menos mal que tenía
sentido práctico.
Profesaba una gran admiración por todo cuanto
ella no era. La fascinaban los médicos eminentes, los profesores, los
grandes pensadores y en general las personas serias.. Gombrowicz y sus
hermanos bien sabían que los libros del filósofo inglés, que fundamentó
el proceso social en la lucha por la existencia y la supervivencia del
más apto, permanecían en los estantes de la biblioteca con las páginas
sin abrir.
Sin
embargo, a Marcelina Antonina se le ocurría presentarse de otra manera:
–Confieso que pueda parecer un poco extraño, pero tengo una gran
debilidad por la filosofía, por el pensamiento riguroso y en ocasiones
me deleito leyendo Spencer.
“En el Instituto Kostka recibía la
formación oficial, pero su verdadera educación la llevó a cabo por su
cuenta (...) A los quince años Gombrowicz ya leía a Spencer, a Kant
(...)”
Esa pasión por la filosofía de Gombrowicz, iniciada a los
quince años, seguramente tiene que ver con los desvaríos de su madre,
pero la mantiene en forma invariable durante toda la vida.. Los
filósofos, a los que a menudo acusaba de un exceso de abstracción y de
desinterés hacia los problemas de la vida, serán sus fieles compañeros
hasta sus últimos días en los que se despide de ellos dictando un curso
de filosofía.
Herbert Spencer fue el fundador del darwinismo
social y un ilustre positivista. Utilizó en forma sistemática los
conceptos de estructura y función y concibió a la sociología como un
instrumento al servicio de la reforma social. Spencer considera a la
evolución natural como la clave de toda la realidad, a partir de cuya
ley mecánica y materialista se explican los niveles progresivos de la
realidad: la materia, lo biológico, lo psíquico, lo social...
Su
intento de sistematizar todo el conocimiento dentro del marco de la
ciencia moderna en términos de evolución lo convirtió en uno de los
principales pensadores de fines del siglo XIX. No hay cosa que sea más
ajena a Gombrowicz que las ideas de Spencer, el filósofo que subyugaba
a Marcelina Antonina.
Es fácil ver como se burla de estas
ideas en “Ferdydurke”, especialmente en la cabeza de la Juventona.
Gombrowicz también deja huellas en los diarios de cuánto lo perturbaba
el determinismo evolucionista de Spencer.
“Me atrae el abismo de la vida ajena,
aunque esté adornada o incluso tergiversada; en cualquier caso es un
caldo hecho a base de realidad y me gusta saber que, por ejemplo, el 3
de mayo de 1942 Bobkowski enseñaba a su mujer a ir en bicicleta en el
bosque de Vincennes (...)”
“¿Y yo? ¿Qué hice ese día? Ya veréis, o
más bien no veréis: dentro de doscientos o mil años surgirá una nueva
ciencia que establecerá las relaciones de tiempo entre los individuos,
y entonces se sabrá que lo que le ocurre a uno no deja de tener
relación con lo que le ha sucedido simultáneamente a otro... Y esta
sincronización de la existencias nos abrirá nuevas perspectivas...,
pero basta...”
La madre fue la primera quimera que Gombrowicz
combatió, era para él la representación de la irrealidad, un exceso de
irrealidad.
“Pero el hombre es para sí mismo una sorpresa inacabable
porque yo, aunque con miedo de morirme y ese taladro que me desgarraba
el pecho, tenía reparos en despertar a Rita y llamar al médico a una
hora tan temprana; finalmente vino, me puso una inyección y, cuando el
dolor remitió, a Rita y a mí nos dio una ataque de alegría, de pronto
nos invadió un humor excelente, reíamos y decíamos tonterías, y el
médico nos miraba como a dos mentecatos (...)”
“No
me he muerto, y sin embargo algo en mí ha sido tocado por la muerte,
todo aquello de antes de la enfermedad es como si estuviera detrás de
un muro. Ha surgido una nueva dificultad entre yo y el pasado”
Esta
caída en la irrealidad en las vísperas de su propia muerte le venía
desde la cuna pero, le viniera de donde le viniera, hay que decir que
la idea de realidad se escurre entre las manos como una anguila. La
realidad se define a veces de modo negativo y a veces de modo positivo.
En el primer caso se afirma que el ser real sólo puede entenderse como
un ser contrapuesto al ser aparente, o al ser potencial, o al ser
posible. En el segundo caso se afirma que es real sólo lo que existe, y
no es real sólo lo que es. La realidad surge de asociaciones de una
manera indolente y torpe en medio de equívocos, a cada momento la
construcción se hunde en el caos, y a cada momento la forma se levanta
de las cenizas como una historia que se crea a sí misma a medida que se
escribe, introduciéndose de una manera ordinaria en un mundo
extraordinario, en los bastidores de la realidad.
La
falta de realidad era una espina que se clavó muy pronto en la piel de
Gombrowicz, tanto que una buena parte de las historias que cuenta en
sus novelas no es real, y no sólo porque no relate acontecimientos que
hayan ocurrido verdaderamente, sino porque son historias que no pueden
ocurrir en el mundo real.
Todas sus narraciones tienen elementos
fantásticos, y estos productos de la imaginación son los que le hacen
posible la actividad de escribir, es decir, el defecto de realidad es
entonces el que pone en marcha su obra, pero no su desarrollo y su
término, pues todas ellas tienen, como quien diría, una moraleja. Si el
defecto de realidad es el motor de su literatura, se podría decir que
el exceso de realidad obraría para Gombrowicz como un palo en la rueda;
y así era nomás.
Hacia
el final de sus aventuras en Francia no encontraba la forma de
justificar ante el padre el hecho de que no estudiaba ni aprobaba los
exámenes. Por suerte le apareció una fiebre acompañada de un
debilitamiento general y el médico le recomendó que partiera hacia el
sur, a las montañas.
En el tren que lo llevaba de París a los
Pirineos Orientales entabló conversación durante gran parte de la noche
con una joven escocesa bastante feucha. Cuando la joven se enteró de
que sus caminos se separaban en Perpignan supuso que después no se
volverían a ver, entonces, sin pensarlo dos veces, le hizo unas
confidencias realmente monstruosas: en la casa familiar ocurrían cosas
indecentes en las que la escocesa participaba activamente. Llegaron a
Perpignan y se despidieron cariñosamente..
Gombrowicz
llegó a su destino y se hizo compinche de unos lugareños que jugaban al
billar. El domingo del primer fin de semana se fueron en bicicleta a un
pequeño puerto cercano. En ese trayecto tuvo su primer deslumbramiento
con el Sur, pero ésta es harina de otro costal, es ya otra historia.
Decidió quedarse algunos días en esa playa, pero en la mañana del
cuarto día vio a la escocesa sentada en la arena.
La situación era
más embarazosa para ella que para Gombrowicz, pero ambos se ponían como
un tomate cuando se veían. Gombrowicz decidió mudarse a un pueblo
vecino. El día después de la llegada, cuando salía del hotel a la
mañana, vio a la escocesa bajando del autobús, a ella también se le
había ocurrido la idea de mudarse. Gombrowicz consideró a estas
circunstancias como un exceso de realidad y nunca se atrevió a ponerlas
en una novela.
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.







































No tenia ni la mas ...
No tenia ni la mas remota idea de quien era este señor, pero despues de leeros me ha quedado bastante claro.