He
visto en documentales de vida salvaje lo difícil que es regresar a los
animales criados en cautiverio a la libertad. Los científicos
involucrados -supongo que son biólogos y veterinarios -suelen ser
sumamente ingeniosos antes de lograr que un animal se reencuentre con
su naturaleza bravía necesaria para sobrevivir...
Pero es un decir hablar de libertad cuando se refiere uno a los animales: sólo los mortales somos libres. El animal actúa guiado por una serie de instintos y hábitos, su repertorio de reacciones es limitado, su capacidad de innovación prácticamente nula, con excepción de algunos grandes monos y de los delfines que tal vez sean más inteligentes que nosotros -eso no es tan difícil después de todo.
Decir que los mortales somos libres puede que también sea un mero decir: la libertad es, en muchos casos, imposible para muchísimos de nuestros congéneres. Quienes estamos reunidos ahora en torno a estas palabras, tanto yo como escritor como ustedes mis lectores somos privilegiados en tanto podemos mantener este diálogo que en el momento en que escribo es todavía monólogo, pero que desde el momento en que ustedes posaron su mirada sobre él se ha vuelto un diálogo que tal vez -espero -se actualice en comentarios escritos y tal vez no. Pero en todo caso cada uno de ustedes me juzga, concuerda conmigo o disiente, o concuerda en parte y disiente en otra, con lo que en cada en una de nuestras mentes dialogamos.
Este diálogo entre nosotros versa nuevamente sobre la libertad, una libertad que de pronto se nos muestra posible y más posible que nunca, de hecho este diálogo es ya una expresión de libertad en la medida en que ustedes han decidido leer este artículo y yo he decidido más o menos libremente escribirlo. Este diálogo no hubiera sido posible en tiempos pretéritos, no con esta inmediatez y acaso hubiera existido tras mi muerte o simplemente hubiera desaparecido su posibilidad con una hoja de papel tirada a la basura por alguna empleada descuidada o por un pensador frustrado que tuvo más tiempo que yo para meditarlo y encontrarlo idiota.
Operamos en base a representaciones, paradigmas y construcciones semejantes, tal vez podamos aproximarnos al conocimiento del Mundo sin ellos, pero a la hora de nuestro actuar en nuestras diversas ocupaciones, normalmente, conscientes o no, referimos a tales imágenes. Ciertas formas del pensar, especialmente en el oriente, afirman que la liberación de estas representaciones es la liberación más auténtica, pero este es siempre un camino personal que debe ser validado por la propia experiencia. Nuestro diálogo debe servirse de estas herramientas.
Ya que nuestra acción en el Mundo es siempre referida a este tipo de representaciones, podemos decir que en la medida que seamos capaces de manejar un mayor número de estas representaciones, mayor será nuestra libertad en el Mundo, mayores nuestras opciones al momento de decidir.
Con todo, como el animal del principio, enfrentados a este nuevo mundo de libertad, muchos de nosotros permanecen en la jaula del prejuicio y se niegan al conocimiento, prefiriendo la seguridad de las certezas que ya se tienen, a exponerse a que estas certezas se muestren como falsas.
Así muchos prefieren sentirse seguros en lo que ya "saben" y todo su discurrir tiene por objeto no el descubrimiento de lo verdadero, sino la apología de aquello que han considerado como sus "verdades". No se trata muchas veces de personas mediocres o poco preparadas, de hecho algunas instituciones preparan a sus miembros en este ejercicio con herramientas impresionantes. La Teología ha llamado a este ejercicio la Apologética.
El apologeta tiene como objetivo en el diálogo demostrar aquellas "verdades" que trae de antemano y no el descubrimiento de lo verdadero, por tanto, el apologeta no escucha al otro con el fin de descubrir la verdad, sino para descubrir qué puntos del discurso del interlocutor le sirven para demostrar su propio punto. En este ejercicio, se cuelan muchas falacias, peticiones de principios y otras cosas.
La apologética solía ser la disciplina que los sacerdotes usaban - y usan -para defender la fe. Considerando que se trata para los creyentes de un bien mayor, justo es - justo para ellos, no para mí -usar las herramientas que tengan a mano... sin embargo, la actitud apologética no es privativa de la fe religiosa.
Es común que nos enfrasquemos en discusiones para defender nuestras convicciones, pero ¿por qué tales convicciones deben ser defendidas? Los más diversos temas tales como, el aborto, el divorcio y otros son discutidos de manera apologética, o sea, manteniendo una convicción previa a la discusión, la pregunta es ¿por qué?
Siempre he sentido una gran admiración por el pueblo judío. Los judíos han sido capaces de mantener sus convicciones desde tiempos inmemoriales, los rabinos discuten entre ellos los diferentes preceptos de la Ley Mosaica, su enorme comentario que es el Talmud y su doctrina secreta contenida en el Zohar, el Bahir, el Yetzirah. No tienen ellos la necesidad de que el resto del mundo comparta sus preceptos ni practique sus leyes. Los cristianos, sin embargo, no descansarán hasta hacer cristianos de sus vecinos o haberlos condenado al fuego eterno. Supongamos que lo hacen por nuestro propio bien...
Así como los misioneros, procedemos muchos de nosotros, necesitamos que el resto de los mortales sancione nuestras ideas con su aprobación ¿acaso pensamos que en esa mayoría de votos encontraremos que son verdad? ¿Alguien recuerda en "Un Mundo Feliz" cuántas repeticiones constituían una verdad? Nosotros, sin embargo, estamos muy lejos de la buena voluntad del buen misionero o del apologeta cristiano. No queremos salvar al mundo, sino que queremos que esa jaula que son nuestros prejuicios permanezca en donde está, no queremos ver cambios, no queremos pensar que estamos equivocados o, peor aún, que estuvimos equivocados sin remedio.
Muchas veces ha sido un prejuicio el que ha justificado muchas de nuestras acciones pasadas, el tiempo suele ser apremiante y debemos tomar decisiones antes de tener los elementos para formarnos un verdadero juicio. Muchas veces heredamos los prejuicios y consideramos que son verdades y parece que cuando nos damos cuenta es demasiado tarde para echar pie atrás. Entonces hacemos apologética, estamos dispuestos a defender nuestras convicciones a cualquier precio, pensamos que nuestro pasado no tiene remedio o que nuestro futuro sería demasiado incierto sin ese prejuicio al que insistimos en llamar verdad... sin embargo ¿no es cierto que el pasado nunca tiene remedio? ¿No es verdad que el futuro permanecerá incierto a pesar de todos los prejuicios?
Los prejuicios son la jaula. Cuando salgamos de ella el futuro permanecerá tan incierto como sin remedio el pasado, pero podremos contemplarlos de manera diferente, sin la molestia de los barrotes del prejuicio y comenzar a construirnos un sentido libre de tales prejuicios, habremos conquistado nuestra propia ferocidad... ¿dónde están los veterinarios y los biólogos que nos ayuden en esta tarea?






































