Cada
cierto tiempo aflora en algún conservador ese pequeño cerdo fascista
que todos llevamos dentro. Esta vez, ha sido Carlos Larraín, presidente
de Renovación Nacional quien ha mostrado su hilacha autoritaria en una carta escrita a El Mercurio del
27 de mayo. En ella básicamente afirma que las vejaciones sufridas por
Michelle Bachelet no se comparan con las sufridas por Ana Frank
básicamente porque:
"Ana Frank era una niña y fue perseguida sólo por haber nacido judía, tremendo pecado. Michelle Bachelet era mayor de edad y ya manifestaba opciones políticas antes de 1974. Su prisión fue abusiva, pero sobrevivió y prosperó..."
O sea se desprende que: es lícito torturar a mayores de edad, de hecho los mayores de edad deben sufrir menos que los menores, según la doctrina Larraín. Es lícito torturar a alguien por manifestar opciones políticas, además de que si se sobrevive no vale como tortura. Esta es la profunda ética de quienes prohíben la píldora del día después, condenan a la cárcel a las mujeres que abortan, se niegan a repartir condones y que no quieren que se casen los homosexuales...
El gran escándalo provocado por Larraín se debe básicamente a que se atrevió a publicar su carta en un diario de gran circulación, pero estas opiniones son emitidas y toleradas a diario en cafés, tés, almuerzos, cenas familiares y conversaciones con la abuelita. Tras ellas operan misteriosos mecanismos a parte del autoritarismo evidente y la absoluta falta de civilización que demuestran estas opiniones. Sí, señor Larraín, usted es un bárbaro pre moderno, un filisteo, como diría mi maestro.
Existe en la derecha -crecí en un hogar de derecha -una especie de pasmo ante la magnitud de las violaciones a los derechos humanos. La gran mayoría de los derechistas vivió -yo también -los setenta y ochenta como una era dorada guiada por un general heroico que nos libró de las garras del comunismo. Las violaciones a los derechos humanos no eran sino propaganda del marxismo y esto, aunque para muchos suene grotesco, lo creían muchos señores y señoras honestas, como acaso el propio Carlos Larraín, quien pese, o tal vez precisamente debido a su barbarie, es un señor honesto.
Una vez entrada la democracia y a medida de que poco a poco se fue revelando la verdad, los partidarios del dictador pasaron por las etapas que se han vuelto clásicas como la negación, la rabia -no sé que otras más hay, que alguien más versado que yo en psicología me ayude -y mientras que algunos llegaron a la aceptación, otros, como el señor Larraín, aterrizan cómodamente en la justificación y entonces sus mentes racionalizan diciendo: "sí, pero no es lo mismo"...
Pero es lo mismo. La tortura nunca tiene justificación, tal vez si dejaran de emplear el silicio Opus Dei y de golpearse el pecho en sus capillas fashion con los curitas de moda, se darían cuenta de que nada justifica torturar a otro ser humano y que el hecho de que lo haga el Estado es especialmente reprobable en un gobierno moderno. Ellos quieren pensar que actuaron movidos por un ideal superior, como por ejemplo el lucro capitalista de las transnacionales de las que son accionistas o la mantención de sus privilegios latifundistas de derecho divino y quieren pensar que todo está justificado por estos "ideales superiores".
Pero no. Estos ideales superiores no autorizan al secuestro de las personas, al secuestro de la palabra ni el secuestro de la verdad. Entiendo perfectamente al pinochetista ignorante de los ochenta, pero a estas alturas no tiene perdón de la hipótesis poco funcional -dios -seguir manteniendo ciertas opiniones. Tampoco tiene perdón ante tribunales más funcionales como la Razón o ese supuesto Derecho Natural al que el señor Larraín dijo adscribir en Tolerancia Cero.
Tal vez el problema está en quienes no eran ignorantes, en quienes sí sabían, pero que guiados por esos complejos mecanismos que ni la Psicología ni las neurociencias acaban de descifrar, lo justificaron o simplemente miraron para otro lado. La estrategia más inteligente que puede tener la derecha es la de su candidato presidencial: hacerse el tonto con estos problemas, haber votado que no y no discutir un asunto que es indefendible lisa y llanamente. Después de todo, el tema pierde vigencia, las víctimas y sus familias también quieren olvidar o simplemente se han muerto, la sociedad no resiste algo tan duro por tanto tiempo y parece que el gobierno ya encontró todas las fosas comunes, porque ya no aparecen más -corríjanme si me equivoco, dejé de ver las noticias hace mucho.
Sería mucho más fácil dejar que el tema se vaya solo al olvido; el Gobierno ha cometido sus propios pecados y componendas, tiene literalmente alguna del año que le pidan y ha cometido bastantes errores como para nutrir a una oposición inteligente... pero no es fácil encontrar inteligencia en muchos píos personeros de la oposición. No falta el derechista que saca a relucir el tema de los derechos humanos y que siempre, como no es imposible de predecir, pierde. Parece que más que una estupidez, se trata de un acto fallido, de esos de los que hablan los psicoanalistas, de una pulsión incontrolable ocasionada por esos mecanismos insondables del inconsciente... ¿culpa tal vez?






































