Los
dichos de Ribeyro: Santiago el pajarero
Santiago
el pajarero, obra teatral ganadora en 1959 de un premio otorgado por el
ministerio de educación del Perú, es parte de una veta poco practicada mas no
por ello ajena al genio de Ribeyro, al cual conocemos como uno de los grandes
de la narrativa breve peruana y porque no latinoamericana.
Este
drama corto dividido en seis cuadros, está inspirado en una tradición de Ricardo
Palma, se ambienta en el siglo XVIII y se refiere a hechos verídicos; la vida
de Santiago Cárdenas. A través de ella, Ribeyro desarrolla una de sus inquietudes
primordiales, el estoicismo humano y la voz de los oprimidos y relegados. El
personaje, un alucinado limeño que nace en 1726 al interior de una familia
humilde se desarrolla como un niño inquieto que a la edad de 10 años, ya
cumplía labores de grumete en la marina. Durante su juventud Santiago, obsesionado
por el vuelo de las aves y el estudio de su anatomía, se dedica a la construcción
de un aparato volador y a la elaboración de una memoria que ilustra sus complejos
estudios acerca de la posibilidad que tendrá el hombre para dominar el cielo. Ese
trabajo Cárdenas lo desarrolla con muchas peripecias bajo el virreinato de Manuel
Amat, llegando a ser vetado por los expertos de la época. El trabajo de
Cárdenas, finalmente es rescatado del anonimato de manera póstuma y en una
primera instancia por Ricardo Palma, luego aparecerá como referencia en obras sobre
aeronáutica, al punto de ser considerado hoy, uno de los primeros hombres en
dedicar estudios a la tarea de surcar el aire artificialmente.
El
espíritu aventurero y el sentido de fracaso inminente que envuelve la empresa
de Cárdenas, cala profundamente en la sensibilidad de Julio Ramón, al punto de
que busca con ella, explorar el proceder de un medio agreste y hostil,
En
definitiva, el universo Riberiano encuentra en la figura de Santiago, un significante
privilegiado que sirve como sustituto y cuerpo, de uno de los fetiches del
autor. Santiago tal como Silvio y otros personajes entrañables del peruano, revela
el fracaso del hombre al ser aplastado bajo los cánones del prototipo exitista
y adecuado socialmente, en este caso, son antagonistas el duque, el oportunista
barbero, el cerrado catedrático Cosme Bueno y desde luego el Virrey.
De modo
que la imagen, que como modelo instituye el discurso de la época dota por contraste
a Santiago de la cualidad actancial de alegoría del fracaso y dolor, gestor de
una generosa utopía que se ve irremediablemente abortada.
Santiago,
signo/personaje revela una estética de la marginación y el desamparo; tema usual
en la prosa creativa del peruano.
Como
noción y tipo humano, Cárdenas al igual que sus pares del relato breve o
novela, comparten el gravamen de ser excepciones ante una codificación
unilateral y rígida del orden social, mundo oportunista, mercantilizado y
sustentado en la doxa u opinión pública que aprueba la supremacía de un cargo o título por sobre la capacidad o el
talento (el conocido argumento de autoridad) o el rechazo y silencio que de
forma indignante Ribeyro presenta en un gran despliegue literario, episodio
titulado el informe de Cosme Bueno, suerte de juicio inquisitorio que se
realiza de modo público en las dependencias de
Esto
reafirma que en un mundo, como el que verosímilmente funda la voz de Ribeyro, el
valor individual poco cuenta ante esteriotipos que condenan a empresas
progresistas y espíritus a ser calificados de antemano como acciones y existencias
inútiles e irracionales. Santiago es empujado a cargar hasta las últimas y
trágicas consecuencias al igual que una cicatriz, una serie de apodos, Santiago el volador, Santiago el loco, que
representan su divergencia frente al mundo que no tolera el actuar ajeno a la
norma, a los giros de la tradición. Las palabras de Cosme Bueno, que transcribo
a continuación son lapidantes y demostrativas del pensar general:
(…)
Toda nuestra ciencia está contenida en los filósofos de la antigüedad, nosotros
no somos más que humildes glosadores dedicados a comentar e interpretar los
textos inmortales. Quien intente salirse de ese sendero se precipitará de las
nubes de sus quimeras en el abismo del error.
(..)Hay
cosas señor, que no deben ser investigadas porque sus premisas son falsas y
contrarían las leyes de la naturaleza.
Por ende,
el destino de este espejo que en su proceder derrumba los entimemas de su época,
presupuestos que son tomados por la generalidad
como verdades inamovibles,
encuentra como principal traba la arbitrariedad e inaccesibilidad de los
poderes máximos (la negativa e indiferencia del Virrey), la indolencia e incomprensión
de sus cercanos (el abandono de su novia Rosaluz), la malicia y arribismo de
los que detentan un pequeño poder o aspiran a lucrar, accediendo a un escaño
superior en la organización socioeconómica (El duque y el barbero) y finalmente
el pueblo, masa voluble cuya ignorancia y temor degenera en violencia y focos
absurdos de venganza ante la represión; dirigiendo usualmente su rabia hacia
los más débiles o lo que no comprenden.
En
contraparte, la única tolerancia y apoyo que puede recibir Santiago, es por
parte de quienes comparten su condición periférica, los esclavos representados
por María, la joven que trabaja para Rosaluz y sus amigos más queridos, Baltazar
Gavilán y Basilio el coplero, ambos bohemios y bandidos artistas, uno escultor
el otro poeta.
De modo
que la intelectualidad y el arte, junto al oprimido esclavo o masa social sin
acceso a privilegios conforman un sector b de la sociedad, lo cual prefigura
sus roles ante el canon estructural del universo social completo. El intelectual
y artista conforman la consciencia, mente e ingenio de los grupos disidentes;
mientras que los otros, las masas incultas son aplacadas, pues en potencia son la otra
mente, la mano, la fuerza del cuerpo que pudiese en una revuelta echar abajo un
régimen totalitario; por ende unos son censurados y vetados mientras que los
otros, con trabajo y entretención burda, son objetivados, e instrumentalizados,
pues el peligro radica en la combinación de ideas y cuerpo. Una amalgama y
equilibro entre estos dos sectores, destruiría el establishment. Allí radica la
primordial amenaza de los delirios de Santiago, las fechorías y actos poéticos
de Gavilán así como los paródicos cantos de Basilio. Revelador en este campo resulta el decir de María la
esclava, acerca del invento de Santiago.
Yo no entiendo de estas cosas pero
dicen por allí que es usted capaz de hacer volar a los hombres (…) Si es así,
maese Santiago ¿por qué no nos da unas
alas a mi y a todos mis hermanos negros?
(…) Nos iríamos volando y no volveríamos jamás ¡Debe ser hermoso no
tener dueño, como los pájaros y volar libremente por toda la tierra!
Las alas
de Santiago permitirían al hombre salir de su ámbito de dominación temporal, de
aspirar a la libertad a la emigración por tanto, actancialmente Santiago es un
token o significante de cambio ante la libertad
el ingenio y el progreso social que logra la movilidad de los grupos,
por tanto se opone al status quo de su época, y a la corrupción de quienes
detentan y lucran con el poder. Sus únicos ayudantes, son otros disidentes,
soñadores o voces relegadas sin derecho que guardan una sutil esperanza ante un
bello sueño como el que generoso, Cárdenas remite y destina no para sí, sino
para la humanidad entera y en específico, pensando en su amado Perú. El anhelo
implica, la superación de las barreras terrenales y temporales de su tiempo y desde
luego la emancipación de quienes marcan el compás de las vidas a través de sus
draconianas normas.
En conclusión
esta obra como muchas otras de Ribeyro, sobre todo las más aplaudidas del autor,
sostienen el peso de su riqueza textual en la diégesis y los diálogos, en la elaboración
de mundos convincentes y seres que revelan en su devenir, la crisis universal
de nuestras sociedades metálicas e industrializadas. Lo que hace de este texto
retaguardista en la técnica, sumamente vigente en su mensaje y cosmovisión
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en Revista Cinosargo.







































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