
*
Había
dejado la cabeza en otro lado
y
los años curtían la esperanza
que
le producía ver nubes cóncavas
Ese
cielo distinto;
abajo
calles de petróleo.
El
lugar vacío que le ofrecía el bienestar lo dejaba atontado.
¿Pero
cómo, por qué?
Porque
había cambiado...
La
noche cubriendo el aire de luciérnagas
y el
llanto de un bebé que aún no nacía
como
una guitarra de rock bien al palo.
¿Hay
algo extraño aquí (vaya a saber Uno qué deíctico usar)?
¡Ahora,
hoy, ya!:
danza
cualquier ritmo en la pista;
danza,
danza
dando brincos de alegría.
Pez
que en el agua
se
agita con todas sus fuerzas.
**
trataba
a las cosas como extrañas
como
lo que son
ajenas
veía
en el cielo nubes cóncavas
se
sentía como un pez danzarín
rin
rin
sonaba
el teléfono y la voz
dulcemente
del
otro lado
nítida
***
La
prosa suave lo llamaba desde algún lugar.
¡Ahora,
hoy, ya!:
tiene
ganas de escribir una historia, una buena historia. Sabe que eso no es fácil,
pero lo intenta. Intenta con unos recursos, pero no quiere ser moderno, eso no.
En el fondo él sabe lo que quiere.
Quiere
ver más allá, tener La Fija. Adelantarse a todos retrocediendo. Puede que a
veces sea un farsante; puede que no.
Algunos
papeles dicen:
En
la cumbre, la altura se siente en la piel. En la altura, la cumbre se siente,
ligera, en la piel. En la punta de los dedos, una brisa ligera, un escalofrío
se expande. En la cumbre, la altura desvaría, la piel sonora, el ritmo
monótono.
Oye
las pisadas de grandes animales en el monte abierto. La sonoridad cercana y
distante; el ritmo monótono que se desvanece con las quejas del ganado: las
pisadas son oídas por él, que intenta, a toda costa, transportar el ganado
sobre una superficie que a cada paso se le revela.
La
cumbre en la piel, en la punta de los dedos, en todo el cuerpo, se le revela
monótona, como el sonido de sus propios dolores. La piel habla en la cumbre.
Los animales no le obedecen. La altura es una pendiente alta sobre el monte
desprotegido,
casi
monótono.
Es
una linda historia pero hay que seguir...
Hoy
llueve,
la
lluvia cae
fría.
Él
se detiene debajo,
se
deja mojar,
trata
de que el agua le penetre por los poros y le traiga novedades. Algo sobre qué
escribir. Dicen que la escritura se hace con el cuerpo. Nunca pudo gritar, pero
ya bebió licores fuertes y comió raíces. Ya miró ausente los jardines.
Pero
siento que lo hizo en silencio.
¡Hay
que sacar la voz, muchacho! Hay que sacarla afuera y arrojársela a otro por la
cabeza. Claro, sin lastimar a nadie. La poesía no lo permite.
¿Cómo?
¿Nadie?
Querés
escribir sobre nadie y nada. Pero algo hay que decir. ¿Se puede hacer eso?
¡Mirá
qué loco!
pierdo
el tiempo hablando solo
las
palabras por sí solas no dicen nada
es
lindo manipularlas
escupirlas
para no atragantarse
siento
que solo sirvo para hacer ejercicios
qué
digo de mí
qué
dicen mis palabras
busco
respuestas en el aire tibio del verano
como
agua en las alforjas
no
sé...
a
veces me gusta hablar de caballos:
caballo
de medianoche
alado
en
un pesebre andino
alturas
nuevas
bases
de madera
corcho
el
ritmo que danza en la cumbre
la
naturaleza
el
aire
copos
de nieve como pechos lechosos
el
caballo que danza
danza
arabescos
sobre el aire
en
la cumbre
el
sonido monótono
*****
Al
margen,
danzan
las palabras sin moverse.
Levantás
la vista,
corrés
un poco la atención,
volvés
al papel
y
siguen allí,
quietitas.
Solo
el sonido parece tener movimiento.
Una
danza efímera,
pasajera.
Decís:
¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa...!
(Sosteniendo
la “a” en el tiempo, marcando un record, una buena puntuación, etc.).
¿Qué
sitio elegirán las ninfas para bailar?
Las
palabras escritas son como ninfas,
pero
no saben bailar,
no
saben que están,
niegan
su existencia
y se
resisten a la música.
Hoy
las veo tristes,
no
han expresado nada.
No
es cuestión de agitar las hojas,
porque
no se caen.
¿Siguen
ahí?
¡Están
impresas!
Tampoco
se pueden tocar...
Qué
triste.
¿Quién las mueve?
Ahí
van unas →
El
crepúsculo
sobre la piedra húmeda
refleja sus colores →
Eh,
no se vayan;
ufa...
¡qué
pena!
*******
Unos
ojos tibios en una noche clara
mirando
el reflejo:
dos
pinos en el agua.
La
Cruz del sur es una estrella solitaria
que
en un rincón del cielo llora palabras;
y
danzan mil ciervos al escucharlas,
y
soplan los vientos para callarlas.
Insisten,
junto al viento,
las
frondosas ramas
para
verse bellas en el agua.
La
Cruz del sur es una estrella solitaria
que
en un rincón del cielo llora palabras;
y
danzan mil ciervos al escucharlas,
y
soplan los vientos para callarlas.
De
tanto mirar hubo un destello
y se
le irguió el cabello
llegando
el alba.
La
Cruz del sur es una estrella solitaria
que
en un rincón del cielo llora palabras;
y
danzan mil ciervos al escucharlas,
y soplan los vientos para callarlas.
Edad: 30 Años/
Nacionalidad: Argentino
Fecha y lugar de Nacimiento: 25 de diciembre de 1978/Lanús/ Provincia de Buenos Aires
DNI: 27.069.483
Dirección: Av. Corrientes 3859 9° I Capital Federal
Teléfono: 4866-4341/1561419794
E-Mail: hernatenorio@yahoo.com.ar Blog:
www.hernantenorio.blogspot.com






































