
EL BURRO DEL DIABLO: Arqueo de la poesía contemporánea de
Más allá de disputas míticas entre
bien y mal, demonios versus Vírgenes Santísimas, acaecidos en el memorial de
nuestra cultura post hispánica, en este arqueo poético denominado El
burro del Diablo, está lo que Mijail Bajtín cataloga en los géneros
discursivos orales como poderosos medios de humanización e intensificación del
espacio nativo, no puede ser de otra forma, existe en la acuciosa selección que
Arturo Volantines hace de la poesía de
Desde y hacia los estudios críticos
contemporáneos podemos establecer la hibridez como un rasgo predominante en la
cultura chilena, sin embargo, esta lectura, ya lo insinuamos anteriormente,
también ancestral, nos entronca a un bosque donde el hispano nace de la duda en
su lengua, puesto que cruza el mapuche y el quechua, vuelan por aquí el cunza y
el kakán, para abrirse desde el puerto al lenguaje de la jerga, del fragmento
que resiste la rabia, la economía de la palabra auspicio de la heredad
industrial, ubicándonos desde ya en las lecturas de síntesis del milenio que se
fue, luego, este notable trabajo de recomposición del canon es la demostración
del ojo que recicla estas voces para hacerlas a su vez el oído de la actual
sociedad. Tarea no menor, cuando hablamos de autores nacidos en el arco que va
desde 1926 (María Eliana Duran) hasta 1982 (Andrés Pulgar), pasando por obras
como las de Julio Piñones o Walter Hoefler, ya coincidentes con el
reordenamiento generacional que trajo
La memoria del siglo ido permite
apreciar ciertamente algunos fenómenos que no podemos desatender, y que son
visibles gracias al presente manuscrito. Primariamente las publicaciones; creo
que a excepción de Jorge Zambra, se inician en lo público a fines de los 80 y
principios de la década del 90, época en la cual se articula además una
promoción como la del Café Tito’s coincidente con la actitud gregaria que
articula diversos movimientos a través del país como el Colectivo de Escritores
Jóvenes en
Julio Espinosa Guerra, autor de la
antología de poesía chilena publicada por Visor en Madrid, hablaba del
“imaginario paralelo” en relación a aquellos discursos que no fueron sumados a
la norma imperante, cuyos formatos suelen imitarse a si mismos en los análisis teoréticos o más
bien formales que informados. Desde estas doscientas diecisiete páginas
efectivamente corroboramos esta situación latente, pero además, cerramos el
monólogo con un diálogo, donde autores desconocidos para la mayor parte de la
crítica literaria y que desde ahora integrarán el coro y el canto. Juana
Baudoin, Dinko Pavlov, Caupolicán Peña, nombres que suenan en la conciencia de
los lectores, se suman con Sergio Godoy, Iván Mendieta, Ramón Rubina, Guillermo
Gálvez, Raúl Kastillo a una muestra posible de estudiar en su compleja
composición. De hecho, autores casi inéditos o que crearon su trabajo alrededor
de movimientos de autoedición o con formatos de revista tienen aquí el mismo
referente. Este es un trabajo con voluntad inclusivista, nuestros poetas cubren
todos los perímetros. El poema del lar convive con el texto del desborde, el
discursivo con aquel casi epigramático, sin embargo nos dejan partes de sus
títulos, cierto vocabulario deslizado en lo conversacional, tópicos que se
reiteran aunque exista una aparente diferencia generacional, como ocurre con la
muerte en su diario antagonismo, en su precaria pero obstinada visita, porque
sabemos ahora, todos conocen el dolor de estas tierras, mas, como si Gabriela
Mistral no fuese suficiente uva, también heredan el levantarse desde la arena y
la sal. Una contemplación admirativa, como manifestaba Octavio Paz, surge en la
totalidad de la obra, en ello autores y antologador han sido generosos, y en
estos tiempos es de agradecer.
Si hay una carga de la cual no hace
eco este “burro” es el compilador. Arturo Volantines perfectamente debió –debe-
ocupar un sitio de privilegio en esta historia. Asentado en la mitología, flora
y fauna de los valles del sol eterno, su trabajo de creación solamente –fuera
de otras hierbas- es tan suficiente como maduro dentro del panorama actual de
esta nación tan pródiga. Suponemos que esta debilidad formal tiene una razón;
distanciar al estudioso del creador y de esta rigurosa forma objetivar hasta el
extremo dicha selección. Hecha la aclaración presunta, hablemos de los textos
en cuestión. Nuestro compilador advierte desde ya que este trabajo surge desde
una reflexión congresal y la investigación de más de veinte años, luego nos
lleva una sumaria ventaja, de este adelantamiento (del que cabe mencionar la
revista Añañuca, el periódico El Papiro, las antologías Poesía chilena contemporánea,
Coquimbo-La Serena 1980-2000, y del propio autor Antología de la poesía del Valle de Elqui, editada por el mismo
sello de Ediciones Universitarias – Universidad Católica del Norte en un
esfuerzo cada vez más destacable), podemos agregar nuestra propia lectura,
donde se constata primeramente que la obra la hizo un poeta, tiene gusto y
sonido lírico, puede ser leída con ese secreto placer de descubrirse y
descubrirnos en la inteligencia del lenguaje y la emocionalidad de quienes
vienen a decirnos su verdad sin aspavientos. Es grata de leer, los textos
sostienen un nivel –cuestión no menor dada la cantidad- , y no sólo eso, se dan
maña para que sea una buena representación personal, pero también para que el
paso de uno a otro contemple un ejercicio de identidad que muestre al país una
alternativa válida para encontrar de una vez por todas quienes somos. Tiene ese
ojo certero capaz de calibrar el verso en su mejor tensión, separar paja de
grano. A ello adosamos la siempre necesaria bibliografía que inicia la
presentación de cada autor, la contextualización del arqueo que prologa el
libro, la excelente labor tipográfica, cerrando este párrafo con la invitación
a disfrutar como yo esta obra gruesa de la literatura chilena.
Finalizando, no puedo dejar de
mencionar el riesgo de hacer una muestra de poesía hoy, quizás la operación más
confrontacional que pueda dar un autor para sus pares, y a la vez, el mayor de
los legados para una sociedad que también más que nunca requieren de una
palabra. Creo que el riesgo lo asume Arturo Volantines con una increíble
dignidad y el Arqueo de la poesía
contemporáneo de






































