
RINCONES
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
Las enamoradas se apartan a los
rincones en busca de sus almohadillas. Allí se esconden y dejan pasar los días,
agachadas bajo las ventanas y con las manos metidas en la entrepierna.
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Las aves demasiado gordas para moverse se
arrinconan. Desde el estanque cercano los peces asoman sus bocas fuera del agua
e indolentes se burlan de ellas.
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Estuvo la vasija llena de vino
alejada en un rincón. La oscuridad atrajo a las larvas solitarias y cercaron a
la vasija. El vino desapareció inducido por la tentación.
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En el rincón del jardín se
cuchichea. También se adula. Es mejor salvar el muro trepándolo y divertirse a
sus anchas sin exceder el tiempo límite para el regreso.
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La lluvia sorprende a quien se
oculta en un rincón a cielo abierto. La oportunidad le brinda un profundo
significado, pero un resfriado se asoma por encima del hombro y le obnubila el
umbral visual.
*
¿De qué lugar se ilumina mejor
un rincón? ¿Desde un huerto o desde un jardín o desde un agua profunda asentada
en un costado? Sólo una beldad puede
saberlo y para ello dispone de faroles en forma de luna invitada.
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En los rincones se pierden las
llaves (también los virgos) y luego su sonido agradable al oído repite sin
cesar el vértigo de las sombras en el recinto cerrado.
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La luz del sol escarda en la
certeza del rincón que se comprende. Las arañas pierden la vida al sentirse
sorprendidas y una densa elegancia nutre por todos los lados al rincón.
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Hay un pájaro alto y ágil que
escoge un día fasto para buscar en los rincones lo abstruso y misterioso. En su
buche posteriormente aparecen migajas, sueños, residuos de pestañas.
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Se humedecen los rincones y
tiritan de frío. Resulta obvio que el flujo del jade alejado les es necesario
para dilatarse.
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En un insólito rincón se
manifiesta un epitafio. El sol naciente juega al ajedrez con el rocío y
estimula la sagacidad de quien debe pronto partir hacia una borrachera sutil.
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Se tuerce un rincón y se aleja
de un supuesto peligro. Se da prisa un cuerpo en congraciarse con las
hendeduras que se desvanecen. Se activa la sangre y en un abrigo de cal el
ancón fondea su zigzag.
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Cansado, el rincón quieto
muestra su aspecto magro. Sin embargo, ya entrada la tarde irriga con su
oscurana a la mujer que desea ser preñada en un santiamén.
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Un rizo se enrosca en la pared;
se encoge hasta plegarse. Entonces el rincón surge de su adentro, aunque
imperfecto, pero vital.
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Un gorrión termina su música al
borde del rincón más magnánimo. Un poema se apodera de la escena y enciende la
parentela que organiza las atalayas domésticas.
*
Los rincones contienen las pulpas
olvidadas de las cosas. Desde sus arterias radiales se rechazan los ambages y
la feracidad de la imaginación encuentra acomodo en su interior.
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Ningún rincón pasa inadvertido
para el ojo escrutador. Como un cuchillo de clara naturaleza, el rincón
identifica a sus amigos y a sus enemigos. Luego con su flexibilidad y
resistencia atrae a los corpúsculos solares y acumula espectaculares ocasos.
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La prolijidad se agrupa a menudo
en los rincones. Las lagartijas se friccionan sobre ella y se deshacen de lo
superfluo y acaso redundante.
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Un gusano se arrastra por el rincón menos sobresaliente. Se sumerge
después, discretamente, en la emulsión que otorga lucidez. Al final, penetra en
la estación lluviosa del rincón y afirma su honra con la pintoresca costumbre
de contraerse y ser médula transmutada en parte elegida.
*
De buen augurio se engalana el
rincón para recibir a la escoba. Entre ambos intercalarán un mes en el
calendario que sobrevive arrumbado en la espesura del bosque.
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En un instante, frente a mis
ojos, un rincón expuso su tamiz ante la crónica que decidió estimularlo. El
rincón se curó de su soledad y se curtió para untarse la textura de
corrimientos y paisajes de sombras.
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¿Habrá espíritus en los ángulos
que dicten órdenes y constaten su cumplimiento? En las líneas dudosas de los
rincones los puntos se desentienden y ganan una geometría para una estética
donde las luces se enderezan.
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Un montón de sillas se ejercitan
en un rincón para no morir por causas ajenas a su condición. El polvo trata de
quitarle lustre al momento, mas priman las tonalidades que el gris decide para
trascender.
*
Durante las semanas que vierten
sus antiguas prosapias ciertos rincones enmudecen y odian los bullicios.
Entonces llegan escobas que se recuestan y adoran el retiro.
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Nada es sobrante en los
rincones, ni siquiera su propio desvelo. Si llegasen a perder terreno caerían
en la desgracia y los dominarían los vientos.
*
La humedad, a veces, moja la
ansiedad de los rincones. En esos casos, se hace imprescindible interponer su
autoridad y su prestigio para que fertilice de nuevo el drama de las edades.
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El orín corroe a los rincones
que pierden su apetito de novedades. Se graba encima de sus epidermis la
confusión de los sucesos y los vectores que traza el tiempo añadido a su
sustancia.
*
Secretan los rincones más
anónimos señales de escarabajos. En los alrededores de su ámbito de influencia
un diagrama maligno puede guiñarnos los ojos y atraernos hacia un aislamiento
que nos enemiste con nuestra concordia de alternancias y ritmos.
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Decae el ímpetu de los rincones
al convertirse en blanco de trasplantes. Únicamente la moderación calculada
puede sacarlos de tal estado catastrófico.
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Con el crepúsculo matutino los rincones se
abren y la fiebre los muerde hasta más allá de lo extraordinario. Ellos son
expertos en el arte de adueñarse de las brumas oportunas y las palideces que
arroja la escarcha.
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Dentro de los rincones resuenan
los prematuros enlaces de la carne y la pasión. Como un tejido de seda y
algodón se enlazan los fluidos y se ajustan las proporciones que provocan
jadeos y cadencias.
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En un patio delantero un tallo de hierba se estaciona en un rincón y se arriesga a avanzar con coherencia por entre el aire ventilado. La pupila del ojo lo acompaña hasta que los dados irrumpan y decidan al albur la pintura que mejor acompañará al rincón.






































