
Muerte
Muerte. Es la palabra que flota en el ambiente. Te tapo con la sábana, te miro: eres ya una moribunda. No pareces tú: la grave enfermedad te ha convertido en un despojo humano. No reconozco tu cara? de hecho, nunca te reconocí ni como persona ni como madre. La imagen más nítida que tengo de ti es la de cuando agarraste las maletas y nos dejaste solos a papá y a mí. Te largaste sin dar motivos, viviste la vida al máximo? pero cuando asomaron las arrugas y el médico te dijo ?vas a morir?, apareciste en la puerta de mi casa no suplicando perdón? pero sí caridad. La sangre es la sangre: papá, que en paz descanse, te hubiera echado a patadas, pero yo no lo hice. No es por temor a comentarios ajenos - ?no tienes corazón?, ?¡ayúdala, es tu madre, por muy mala que haya sido!? ? lo que me empujó a acogerla en mi casa para cuidarla hasta el día final. En el fondo, soy vengativo: quiero ver como agonizas lenta, lentamente, pero sin maltratarte, sin negarte los tratamientos; quiero que dure, que dure tu martirio, porque sé que estás sufriendo en ese estado? sólo quiero demostrarte que la enfermedad de la soledad, esa que he padecido durante casi toda mi vida, es peor que la que tú padeces. Es la muerte, madre, lo que no te mereces.







































comentario al texto Muerte de Ana Patricia Moya
Muy duro...en pocas líeas consigues despertar muchos sentimientos, es como si de forma inesperada alguien te zarandeara todo el cuerpo