
Título: Estrella.
Género: Cuento (ficción futurista).
Autor: Guillermo Fernández Escareño.
Habían pasado cuatro noches desde el despertar de Estrella en los vestigios de una ciudad desconocida para ella, llegó sola con el atardecer y pasó la primera de estas noches en la estación de tren urbano a las afueras, un amplio departamento en las alturas de un edificio le cobijó en las subsecuentes.
Había hallado dentro de un almacén derruido, el sustento envasado que le sirvió para subsistir, llevándolo a la que era ya su alacena. Mientras el sol iluminaba se apostaba en los bordes del edificio, para observar las calles y avenidas a su alcance, los jardines y las demás construcciones en ruinas, buscaba los indicios que pudieran llevarla a encontrarse con otras personas, sabiendo que debería acercarse a éstas con cautela pues tal vez fueran peligrosas.
La soledad comenzaba a perturbarla y decidió correr un riesgo en el cuarto día, prendiendo una fogata dentro de una piscina vacía, con las ropas y los muebles de madera que había arrastrado, desde una casa contigua. Quería manifestar su presencia a los posibles habitantes de la otrora ciudad, y manteniéndose alejada evitaba que la fueran a descubrir sorpresivamente. Esa noche la pasó sin dormir, atenta al fuego que se iba extinguiendo, al mediodía siguiente, el humo había desaparecido también.
La llegada de Estrella al vestigio alejado de su primitiva comunidad, se debió a que estuvo siguiendo al grupo de hombres que había pasado por sus tierras, convenciendo a la mayoría de los jóvenes para que se les unieran, pues les prometieron con ahínco que los harían llegar a mejor sitio. Uno con abundancia en cuanto a alimentos y bebidas, sin enfermedad alguna que no pudiera tener alivio, y con la posibilidad de integrarse a una ciudad civilizada, pasando cierto tiempo allí. Los ancianos de la comunidad, que siempre habían sido oídos con obediencia, no lograron impedir su voluntariosa migración. A las jóvenes se les pidió que aguardasen por la caravana pertinente y con humildad las interesadas lo aceptaron, exceptuando a Estrella pues no deseó estar lejos del corazón que amaba, solicitando a los viajeros que la integraran a la presente; se le advirtió sobre su probable extravío debido a que el andar sería impredecible y con la exigencia que sólo los varones sobrellevarían.
Estrella no quiso sentir que perturbaría su travesía y junto a los demás miembros de la comunidad despidió a propios y extraños. Mas los estuvo siguiendo sin que lo notaran. Hasta la mañana en que no dio más con su rastro y sólo atinó a continuar su camino. Ignorando si volvía o se perdía.
La noche que pasó en vilo y el agotamiento que se había acumulado en su cuerpo, por haber permanecido en estado de alerta desde que abandonara la comunidad suya, le hicieron desfallecer en el séptimo día, mientras no podía ubicar el edificio que había sido su refugio tras la caminata que había hecho para hallar otro asentamiento.
Una manada de monos aulladores la había estado olfateando desde el amanecer, y dio con ella cuando se hallaba en sueño profundo, estando a lado suyo, hasta que ella recobró sus fuerzas y pudo despertar.
Estrella quedó pasmada y próxima al desmayo al verlos tan cerca, casi pierde el oído cuando hicieron su singular llamado a otros y a hombres. Un sensor detectó estos sonidos y un decodificador los interpretó como auxilio, lo que activó al organismo cibernético, que acudió al sitio donde estaba Estrella, evaluando las condiciones físicas y emocionales del espécimen humano determinó éste que su estadía en ambiente primitivo había terminado.






































