
WITOLD GOMBROWICZ, ARTURO FRONDIZI Y ANNA FRAJLICH-ZAJAK
“No
tengo mucho que decir sobre la victoria de Arturo Frondizi, que ha sido
elegido presidente de la Argentina; en cambio quisiera anotar que el
acto en sí de las elecciones no deja de sorprenderme. Ese día en que la
voz de un analfabeto cuenta lo mismo que la voz de un profesor, la voz
de un idiota lo mismo que la de un sabio, la voz de una sirvienta lo
mismo que la de un potentado, la voz de un canalla lo mismo que la de
un hombre honrado, es para mí el más loco de todos los días. No
comprendo cómo este acto fantástico puede determinar para varios años
sucesivos algo tan importante en la práctica como es el gobierno de un
país. ¡En qué burda patraña se basa el poder! ¿Cómo ese cuento
fantástico acompañado de cinco adjetivos –universal, libre, secreto,
igualitario y directo– puede constituir la base de la existencia
social?”
Las
circunstancias políticas que vivió Gombrowicz después de la aparición
de “Ferdydurke” en la Argentina fueron variopintas: el peronismo, la
revolución libertadora y el gobierno de Frondizi. A Gombrowicz le
interesaban muy poco los contenidos políticos cualesquiera fuera el
régimen, le interesaba mucho más el estilo de los políticos.
“Este
país tan aburrido que es la Argentina, de un día para otro se ha
convertido en uno de los espectáculos más interesantes del mundo”
Fue
una época de una gran exaltación política, Frondizi había hecho un
pacto con Perón y ganó las elecciones del año 1958 de una manera
aplastante. Los discursos de su campaña electoral contenían los
programas de la izquierda nacionalista.
El petróleo debía ser nuestro, había que
llevar adelante la reforma agraria, había que darle un gran impulso a la industria nacional y socializar el capital.
Este
programa despertó el entusiasmo del pueblo y obtuvo cuatro millones de
sufragios sobre siete millones de votantes, pero el presidente Frondizi
empieza a tomar decisiones de lo más extrañas.
“Apenas nueve meses
más tarde, ese mismo Frondizi entregaba la explotación del petróleo a
los magnates extranjeros. Anuncia un programa de reformas financieras y
económicas que es uno de los más draconianos del mundo. Empieza a
cerrar las empresas estatales y despide a los empleados. Abre de par en
par las puertas del país al capital extranjero. Proclama el estado de
sitio y sofoca la huelga general con el ejército”
Este escándalo
le resulta a Gombrowicz bastante instructivo. Los argentinos estaban
aturdidos, habían pasado del arrebato de entusiasmo, al temor y a la
rabia. Los salarios subían por la escalera y los precios empezaron a
subir por el ascensor, Gombrowicz estaba cayendo en la cuenta de que se
había acabado la facilidad.
El
país era tan rico que durante largos años había soportado la demagogia,
la megalomanía y la fraseología, así como toda clase de teorías
magníficas, sin hablar de diversos negocios turbios que habían
prosperado en ese caldo de cultivo.
En esta forma se refiere
Gombrowicz a la época peronista, a su entender había llegado la hora de
enfrentarse cara a cara con la realidad, con el enorme despilfarro que
había realizado el régimen derrocado.
“La enorme energía
acumulada en el capital internacional ha irrumpido en la Argentina, un
país que es casi tan grande como la mitad de Europa. De modo que un
ciudadano de a pie no entiende nada de nada y no sabe a qué atenerse
(...)”
“Durante largos años le han dicho que todo eso era ‘explotación’ e ‘imperialismo’, y ahora resulta que es la perspectiva
de un nuevo bienestar y el remedio más eficaz contra la anemia”
Los
nacionalistas piensan que Frondizi los ha traicionado: –¿Qué es lo que,
a juicio de ustedes, se puede hacer?; –Hay que hacer la revolución;
–Bien, pero si la revolución triunfara, al llegar al poder, ¿qué
programa tienen ustedes para salir de la crisis que afecta al país?;
–¿Programa? Bueno...
Era imposible seguir imprimiendo billetes
sin el respaldo de la provisión de fondos, pero el nacionalismo
argentino, como todos los nacionalismos, es emocional y no le gustan
las cifras.
“Todo su programa se reduce a un odio verdaderamente
enfermizo hacia los Estados Unidos y a un temor igualmente enfermizo de
que los Estados Unidos les va a devorar (...) La Argentina debe a los
Estados Unidos una parte importante de su desarrollo técnico, sin
hablar ya de los provechos en el tema de la política: ¿quién, por
ejemplo, les defendió de Hitler?”
Según la manera de ver las cosas que tenía Gombrowicz se
estaba produciendo una guerra entre las cifras y los sentimientos, las
fobias y las ilusiones.
Los nacionalistas habían conducido el
país al aislamiento económico, una de las causas principales de la
crisis. En la Argentina existían varios tipos de nacionalismos y cada
uno de ellos deseaba una variante distinta de dictadura para recuperar
la dignidad.
Un cierto tipo de nacionalismo era el clerical
militarista, admirador de España y de Franco, que había formado parte
de la revolución contra Perón por haber quemado iglesias y combatido al
clero.
Pero en la época de Frondizi ese mismo grupo intentaba
aliarse con los peronistas y con los comunistas, porque también ellos
eran nacionalistas, querían formar un frente antigubernamental y
establecer una dictadura. Pero la única dictadura posible en la
Argentina era la dictadura militar, y el ejército estaba contra ellos.
Para los comunistas del país existían tres centros de
poder: el poder del ejército, el poder de la iglesia católica y el
poder de los sindicatos obreros. Las instituciones democráticas, como
el parlamento y la corte suprema, habían sido violadas tantas veces que
carecían de prestigio.
Los partidos políticos y la opinión pública
estaban desorientados, habían elegido un presidente de izquierda y
progresista y justamente él los había traicionado. El cambio de camisa
del presidente había provocado una confusión infernal en todo el país.
Pero
a un simple obrero no le preocupa tanto la victoria de la revolución
mundial, lo que quería era seguir viviendo más o menos bien,
descubriendo sin sobresaltos, poco a poco, cómo iba recuperando su
bienestar.
“Mientras volvía a casa, unas masas de niebla
irrumpían por entre los bloques de edificios, y yo me decía que si la
Argentina es un lugar del mundo tan atractivo, incluso para un escritor
como yo, poco interesado en política, debe ser porque aquí –aunque
todavía flotan en el aire brumosos montones de consignas, nombres,
ideas, corrientes políticas, ideologías, intereses–, poco a poco, la
niebla va disipándose y deja al descubierto el implacable contorno de
la vida real (...)”
“Todo
eso ocurre por sí solo, simplemente porque se ha agotado el dinero, ese
dinero que es el infalible instrumento de los sueños y de la ilusión.
La verdad es que toda esta aventura no ha sido nada original. Se trata
de un proceso histórico dialécticamente clásico”
“La izquierda
llega al poder: reformas, subidas de sueldos, precios más bajos,
planificación, reestructuración, manipulación y declamación, después de
lo cual aparece el fondo de la caja (...)”
“Entonces empieza la
crisis, el poder da un giro a la derecha, liberal, impopular, y al cabo
de unos años de esfuerzos y ahorro las cajas vuelven a estar llenas y
de nuevo se puede soñar, y planificar, y engrandecer..., e imprimir los
billetes para cubrir todos esos gastos. He aquí la noria de la
Historia. Vuelta a empezar”
Sobre
las contradicciones que forman parte de la naturaleza del acto de
elegir presidente de una nación a las que se refiere Gombrowicz en el
comienzo de esta historia verdadera yo escribí un gombrowiczidas al que
di en llamar “La dictadura de los Pimkos”, sobre el que nos hizo
conocer su opinión Anna Frajlich-Zajak, una ilustre poetisa polaca que
vive en Nueva York.
“Comparto las esperanzas del autor pronunciadas en la ultima frase, aunque la táctica no me perece del todo buena (....)”
“¿No
se pueden defender unos valores sin desacreditar a otros? Grzydzewski
no fue ‘bastante obtuso’, fue un hombre de carácter fuerte, fundó y
dirigió su revista durante muchos años a pesar de las dificultades
(...)”
“Creo que también para
Herbert, incluso teniendo en cuenta su alcoholismo, uno podría encontrar una expresión más adecuada (...)”
“La
desaparición de ‘Ferdydurke’ de la lista de los libros obligatorios es
escandalosa. ¿Pero qué puede esperar uno de la dictadura de los Pimkos?
El problema es que fueron elegidos en elecciones libres






































