CANTO A CUZCATLÁN
“Pero los nietos del jaguar
Aún estamos aquí”
Pedro Geoffroy Rivas
Cantemos, cantemos, con fuerza y orgullo
A nuestra memoria, a nuestro lugar.
Cantemos gozosos a nuestro terruño
Aquel que por siempre será Cuzcatlán.
Partimos de un cacique bajo el mando
Guiábale Ehecatl con su aliento
Buscábamos hogar, nuestro sustento
Queriendo nunca más andar errando.
Cruzamos las montañas, las llanuras
Vencimos batallones adversarios
Borrando menosprecio de contrarios
Ganando ante los dioses estatura.
Así fue que después de tantos años
Extenso señorío construimos
Al cual, perseverantes, defendimos
De rayos, obsidiana, crueles daños.
Vivíamos, si bien no en paraíso,
En tierra de bondades rebosante
Su bálsamo sin duda relajante
Armónicas jornadas darnos quiso.
Empero, de este mundo los esquemas
Rindiéronse ante crueles invasores
Terribles, despiadados, malhechores
Hicieron de nosotros anatemas.
Violaron centenares de doncellas,
Los músculos de Xipe desollaron
Las huestes combativas sollozaron
Mirando aquel deslave de querellas,
Mas no por eso desistieron luego
Y fueron a pelear contra centauros
Los cuales al sentirse más que exhaustos
De pronto por su boca echaron fuego.
Quitáronnos sin más el señorío
Creyendo haber ganado la partida
Creyendo a Cuzcatlán ver sometida
Después de combatir pueblo bravío
Al cual consideraron una bestia
Que nunca, pero nunca se alzaría
La misma que en silencio resistía
Tener tal condición que se desprecia.
Sabiendo que nacimos cual nobleza
Seguimos combatiendo tres centurias
Luchando con tesón, impulso, furia
Ansiábamos tener la realeza
Hurtada junto al grano de los dioses
Deidades “sin hazañas y sin nombre”
Aquellas que jamás derrotó hombre
De acciones corrompidas, hasta atroces.
Cantemos, cantemos, con fuerza y orgullo
A nuestra memoria, a nuestro lugar.
Cantemos gozosos a nuestro terruño
Aquel que por siempre será Cuzcatlán.
Hubieron entre nos grandes figuras
Que alzaron su palabra ante los criollos
Extraños que tildaron como embrollos
Las luchas de magnánimas criaturas
Las cuales pese a ser consideradas
El rostro del llamado estrato bajo
Lograron superar con su trabajo
Oprobio el de mirarse rechazadas.
De ahí que con los años les llamaran
En vez de pipiltzin, salvadoreños
Extraño sustantivo al lugareño
Que pronto de la Hispania libertaran
Y no por interés humanitario
(Mentira que en la escuela han promovido)
Sino por pensamiento pervertido
Que ansiaba beneficio monetario.
La que antes de preseas fuera tierra
Se vio por otra lucha dividida
Mas Teotl dotó de noble vida
Audacia a los nahuales que en la guerra
Sin miedo ante el poder combatirían
De ricos y de curas que hasta huían.
Cantemos, cantemos con fuerza y orgullo
A nuestra memoria, a nuestro lugar.
Cantemos gozosos a nuestro terruño
Aquel que por siempre será Cuzcatlán.
El rey Nonualco despuntó primero
Alzando una aguerrida resistencia
Y aunque de muerte recibió sentencia
El pueblo resistió por siglo entero.
Pasaron los cien años y fue el turno
Del prócer Feliciano ante el soldado
Teósofo que urdió plan despiadado:
Lanzar a Cuzcatlán manto nocturno.
Metzí y Tonatiúh vistieron sangre
Tonantzin retumbó desesperada
Llorando a nuestra raza destrozada
La raza que una vez llamóla Madre.
De aquella xenofóbica matanza
Prudencia, la sibila, fue librada.
Llorosa susurróle a las quebradas
Amarga predicción, que no alabanza:
De amnesia sufrirán
Buscando vagarán una respuesta
Mas nunca la hallarán
Si no dejan depuesta
La negra castración, mastectomía
Que a los salvadoreños ha partido
Borrando su alegría
¡Maldito el que esta historia ha corrompido!
Entonces el temor con sus dos brazos
A toda Cuzcatlán estrangulaba
Veneno sin piedad le inoculaba
¡Trataba de lanzarle hasta balazos!
Aquel fue el primer soplo de la muerte
Que en vida nos legó Maximiliano
Empero su fantasma tan villano
Volvió desde el Mictlán con negra suerte.
De modo que gritar Revolución
Delito irreparable era sin duda
Penado por fusiles o torturas
Que ansiaban de este pueblo sumisión.
Cantemos, cantemos con fuerza y orgullo
A nuestra memoria, a nuestro lugar.
Cantemos gozosos a nuestro terruño
Aquel que por siempre será Cuzcatlán.
Anduvo Cuzcatlán baja la vista
Un lustro, cinco lustros, ocho lustros
Y hartado de vejámenes injustos
Rompió con las cadenas pesimistas
Que un lustro, ocho lustros lo asustaron
Haciéndole creer que sin salida
Se hallaba para siempre en esta vida,
La vida que de negro le pintaron.
Un año, cuatro años, aguerrido,
Oculto en las montañas combatió.
Un año, doce años resistió
Luchando, soportando convencido
Las bajas de los compas peleadores
Las muertes del Mozote y del Sumpul
Las farsas del ejército gandul
Que hablaba de los héroes cual traidores.
Hazañas, mil hazañas el guerrero
Trazó por alcanzar la paz soñada
La misma que le fuese arrebatada
Por ibéricos, criollos, por el perro.
La envidia surgió pronto en Septentrión
Magnate que sintióse derrotado
Por Cuzcatlán, valiente y esforzado
Quien pudo derrotar a la opresión.
Entonces con afanes de venganza
Dictó sus instrucciones destructivas
Las cuales disfrazó para efectivas
Hacerlas con aspecto de finanzas,
Buscando solamente la memoria
Borrar con su artimaña consumista
Tildando a Cuzcatlán de comunista
En aras de obtener nueva victoria.
Mentiras, farsas, calumnias urdieron
Torcieron las miradas de la gente
A miles retorcieron de la mente
Al cabo que al país pronto vendieron.
Mas hubimos algunos que luchamos
Con firmes convicciones, no metrallas
Las cuales resistieron las batallas
Presagios de la era que anhelamos.
Así nos mantuvimos: transformando,
Denunciando, falacias advirtiendo,
Palabras flechadoras escribiendo,
Un pueblo de conjuros liberando;
Conscientes que Xolot nos vigilaba
Que Ehecatl su aliento repartía
Que Tlaloc nos brindaba valentía
Y que Xipe por nos, se desollaba.
Sabiendo la verdad de nuestra vida
Lo cierto de esta historia aquí contada
Cantamos a la tierra bienamada
La tierra Cuzcatleca tan florida
La cual a nuestro lado ha resistido
Blasfemias, invasiones, desprestigios
Librando sin rendirse mil litigios
En busca de aquel sol radiante, vivo
Que escucha este cantar del corazón
De un pueblo que lo entona con pasión.
Cantemos, cantemos con fuerza y orgullo
A nuestra memoria, a nuestro lugar.
Cantemos gozosos a nuestro terruño
Aquel que por siempre será Cuzcatlán.
Ignacio Cardenal
18/03/09 – 9:58 p.m.






































