
WITOLD GOMBROWICZ Y ALBERT CAMUS
En
los diarios Gombrowicz analiza la posición moral de Camus como uno de
los casos de los moralistas en la literatura de posguerra. Así como es
cierto que la cantidad de los que sufren le pone límites a la
comprensión del dolor, también es cierto que la cantidad de los que
hacen sufrir le pone límites a la culpa, hecho que Camus escamotea.
La
actitud trágica de Camus es diferente a la de Schopenhauer; la de
Schopenhauer es la consecuencia del desarrollo de un pensamiento que se
manifiesta como una expansión de una función vital, la de Camus es fría
y oculta el hecho de que su infierno es intencionado. Camus renuncia al
placer que produce la comprensión del mundo para quedarse a solas con
la tragedia, porque en nuestra época el hombre trágico pasa por ser más
grande, más profundo y más sabio, pero no es el mundo el que se ha
vuelto más trágico, el que se ha vuelto más trágico es el hombre.
Gombrowicz
analiza algunas de las protestas de los escritores de posguerra. Se
estaban quejando de que la literatura de postguerra no había sido capaz
de agotar el tema de la guerra, que de ese abismo infernal no se había
extraído todo lo que sobre el hombre se podía extraer. Estos escritores
se pusieron a hablar de los cuerpos torturados creyendo que la
inmensidad del sufrimiento los proveería de alguna verdad, de un nuevo
saber sobre nuestros límites, pero sólo descubrieron que la cultura de
los estetas intelectuales no es más que espuma.
A veces hay dosis
demasiado fuertes que el organismo ya no acepta, Gombrowicz piensa que
los temas demoníacos y gigantescos hay que tratarlos con una prudencia
excepcional o, al menos, con una excepcional astucia.
“Cuando te acercas con la pluma en la mano a las
montañas de sufrimientos de millones de seres, te invade el miedo, el
respeto, el horror, la pluma te tiembla en la mano, y tus labios no son
capaces de emitir más que un gemido”
Pero ni con los gemidos ni con
el vacío se hace literatura. La actitud honesta es no esforzarse en
vivir algo que no se puede vivir, es preguntarse por qué esas vivencias
nos resultan inaccesibles. Los polacos no habían experimentado la
guerra. Habían experimentado únicamente el hecho de que la guerra no se
puede experimentar, experimentar plenamente, agotarla como experiencia.
A Gombrowicz le resulta extraño no poder llegar al fondo de la especie humana, nunca conseguirá conocer a todos los hombres.
Aparece siempre una nueva variante del hombre, y estas variantes no tienen límite, pues no hay hombre que no sea posible.
Esta infinitud y este abismo interior de la imaginación,
revocan todas las normas psicológicas y morales.
“La
cantidad en el hombre, si se me permite señalarlo, se comporta de una
manera sorprendente, ya que multiplica y divide al mismo al mismo
tiempo. ¿Quién puede dudar de que la acción de cinco hombres que tiran
de una cuerda será cinco veces más eficaz que la de uno solo? Pero con
la muerte ocurre lo contrario. Intentad matar a la vez a mil hombres y
constataréis que la muerte de cada uno de ellos es mil veces menos
importante que si muriera en soledad”
Dice Gombrowicz que la
obra de Camus oculta el hecho de que la intensidad de la culpa es
inversamente proporcional al número de personas que lo comete. Camus
separa al hombre de su relación con los demás, necesita realizar esta
operación para llevar a buen fin su maniobra con la tragedia. Los
moralistas no confrontan el alma individual con la existencia, sus
proposiciones teóricas andan más bien detrás del perfeccionamiento de
la conciencia.
Pero la cuestión para Gombrowicz es otra, es
saber hasta qué punto su conciencia es de él. La conciencia es un
producto colectivo, así que con ella no se lo puede tratar al hombre
como si fuera un alma autónoma.
Cualquier punto de partida
estructurado facilita la actividad de escribir, a veces es la religión,
otra las concepciones políticas, pero la moral siempre anda dando
vueltas.
Gombrowicz intentó sortear este dilema en su obra y también en su vida, sin embargo, la empresa era muy difícil.
A
la literatura le resulta indispensable una moral, sin moral no
existiría la literatura, la moral es el sex appeal de la literatura
puesto que la inmoralidad es repulsiva y el arte debe ser atrayente.
Una de las razones por la que le resulta difícil darle un tratamiento
literario a la moral es porque el sentido moral posee un carácter
individual y procede de la idea de un alma inmortal, y en el mundo de
Gombrowicz el hombre es creado por los otros hombres. Sin embargo, la
moralidad en sus obras se manifiesta con mucha intensidad, es más
fuerte que Gombrowicz, él no la busca, pero ella lo busca a él y lo
gobierna.
La
posguerra trajo una ola moralizadora en la literatura a caballo de los
comunistas, los existencialistas y los católicos, pero en esta
literatura resulta casi imposible separar la moral de las comodidades.
Desgraciadamente, el lujo parece acompañar a esta moralidad también en
un sentido concreto. Gracias a este tipo de moralidad Sartre, Camus,
Mauriac, Aragon, Neruda… tuvieron una gran influencia en las jóvenes
generaciones, fueron premiados con el Nobel y con la Academia, y
consiguieron de un sistema capitalista inmoral riquezas, honores y
amor.
Con la moral el artista seduce a los demás y embellece a sus
obras, es su sex appel, en consecuencia debería tratarla con la mayor
delicadeza. El arte explícitamente moralizador era para Gombrowicz un
fenómeno irritante.
Que el escritor sea
moral, pero que hable de otra cosa, que la moral nazca de sí misma al
margen de la obra. Se propuso debilitar en sus escritos todas las
construcciones de la moral premeditada con el propósito de que nuestro
reflejo moral espontáneo pudiera manifestarse.
Aunque Gombrowicz no
era indiferente a la vida difícil de los pobres, mientras vivió en
Polonia, tuvo una vida fácil sin necesidades materiales. La familia,
las institutrices y el servicio doméstico lo mantuvieron alejado de la
parte dura de la existencia. Las cosas cambiaron brutalmente cuando
llegó a la Argentina, el mundo doble y acolchado de ese noble burgués
se derrumbó y Gombrowicz tuvo que enfrentar el hambre, la humillación y
toda la variedad de las penurias materiales.
Este cambio fatal
de las circunstancias acentuaron el rechazo que siempre había tenido
por los artificios, el idealismo y las ilusiones al punto que se obligó
a definir de una manera más drástica su axiología.
“¿El
vacío? ¿Lo absurdo de la existencia? ¿La nada? ¡No exageremos! No se
necesita de un Dios o unos ideales para descubrir el valor supremo.
Basta permanecer tres días sin comer para que un mendrugo adquiera ese
valor; nuestras necesidades son la base de nuestros valores, del
sentido y del orden de nuestra vida”
Si las formas artísticas no
expresan, aunque de una manera transpuesta, esas necesidades entonces
se convierten en un vicio insustancial que se aprovecha de un estado de
cosas artificial con un origen histórico.
La moral era pues una
dificultad que permanentemente le entraba por la ventana. Sus
concepciones se pusieron en crisis con el mayo francés y con los
muchachos de Tandil.
Los acontecimientos que ocurrieron entre mayo
del 1968 y el día de hoy le dieron sin embargo la razón a Gombrowicz:
la revolución de los jóvenes no prosperó y los adultos volvieron a las
andadas.
“No resulta
sorprendente, pues, que la acción de los jóvenes en cuanto programa
político, social o ideológico, sea de tan mala calidad. Un muchacho que
lanza piedras es algo que está bien, que no resulta chocante en el
plano artístico. Un muchacho que pronuncia discursos y se propone
cambiar el mundo, no, eso es ingenuo y pretensioso. No está bien”
Pero
en Tandil alcanza su obejetivo, desmoraliza a los jóvenes tandilenses:
–¿Dónde vivirías, Asno, en Moscú o en Nueva York? La gente necesita su
casita y su jardín. Y además lo que aliena, che, es el trabajo, no el
capitalismo. Che, viejo, pero esto es Atenas. Todos son artistas, nadie
quiere trabajar. Huyen cuando alguien exclama: ¡Estudio, trabajo! La
patria está perdida.
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.






































