
POR EJEMPLO
Ella se levanta con el sol de la aurora
a alimentar el fuego en la cocina
a espantar con su escoba el polvo de la casa
a ver la calle mientras riega sus matas.
Las astromelias de la entrada
echan sus flores como besos todo el año,
trapea los pisos, brilla los muebles,
oye la radio y polemiza sobre las noticias
y todavía tiene tiempo para el baño diario
con agua de mar y limón zwinglia
que le sirve para sus venas várices,
y para peinarse ante el cristal de roca
del preciado tocador de madera
"de ahora mil años" herencia de su madre
que le costó cincuenta pesos a su padre
(junto a la cama que estrenaron la noche de la boda
en su estancia del campo)
Sale a la tienda, saluda a las vecinas,
vuelve, alza el teléfono, sabe de la familia
o recibe visitas mientras hace el café
y lucha con las hormigas el azúcar,
pone las ollas al fogón,
prepara la comida,
lava ropa, aplancha, repone algún botón, hace labores,
y hace
y hace
y hace
y es una maquinita todo el día
hasta cuando la noche la sorprende
sin terminar de hacer lo que tenía...
y entre protestas y rezos se acuesta
y lueñe duerme,
hasta las dos o tres cuando las ganas
de orinar la despiertan...
lo cual es una excusa para ella
seguir despierta orando
(las cuentas de su camándula lucen tibias)
y esperar entre el triste miedo y la alegre esperanza
el nuevo día.
Walter Mondragón
marzo 29 de 2009






































