
Acusamos recibo de la obra Marea de sombras del pintor y poeta Teófilo Villacorta Cahuide, entregamos del libro una muestra.
Presentación
Teófilo Villacorta
Cahuide no sólo es un pintor reconocido sino también narrador y poeta. Ahora
nos entrega un poemario que tiene como título Marea de sombras azules, planteado como una sola y única sección
que inicia con un epígrafe sugestivo y revelador del gran poeta chileno, premio
Nóbel de Literatura, Pablo Neruda. Sugestivo porque el poeta no habla de forma
directa sobre su trabajo sino que espera que el texto desnude al autor; de esta
forma, Villacorta se exime de contestar sobre qué trata el libro y conserva su
integridad como creador y revelador, porque es en este tono en que se
desenvuelven sus textos, influenciados por el Nóbel chileno en sus mejores
trabajos. Y no sólo se puede rastrear esta influencia, sino que hay también una
huella de los simbolistas franceses y de los expresionistas alemanes, como por
ejemplo George Trakl, lo que podemos ver en estos versos de “El amor se recoge
en un sueño”:
“Hoy que todo el amor se
recoge
en un sueño
diseminado
desde donde
tus ojos alcanzan el mar
nuestras
manos como flores de viento
se
estremecen
y como aves
temblorosas que detienen su vuelo
nuestros
labios se aprisionan
con la extraña
esencia de un beso irreal...”.
Marea de sombras azules es un libro que trata sobre el amor, la
mujer idealizada y carnal. Aunque aquí hay que diferenciar que el poeta no ve a
esta literariamente, sino con la retina de un pintor, ubicándola en un paisaje
que es por momentos tórrido y en otros seco (arena y mar), recreando su entorno
externo e interno. Más que un peregrinaje, es un viaje onírico no exento de la
realidad castrante de la urbe que todo lo destruye y que sólo el amor intenso
salva. Con trazos fuertes e imágenes que se suceden una tras otra, logra
intensidad y altura, como diría Vallejo. Y vemos pasar el tiempo, la nostalgia,
el presente, las cicatrices, el espacio rural, el irreconciliable universo del
poeta y el mundo exterior. Asimismo, la caleta de Culebras discurriendo lenta o
vertiginosamente como si fuera una realidad mítica, creada solo a través de la
palabra del poeta. De esto se compone este libro de Villacorta Cahuide,
auspicioso y generoso como su arte y su narrativa, instalándose en la poesía
peruana como una voz sugerente y sublevante, mientras esperamos los nuevos
frutos de su talento innato.
Domingo de
Ramos
Si ustedes me preguntan qué es mi poesía,
debo
decirles ¡no sé!, pero si le preguntan
a mi
poesía, ella les dirá quien soy.
Pablo
Neruda
Abrir una ventana es como abrirse una vena
B. Pasternak
a una muchacha que no tiene nada de
poesía
sólo sus labios hirviendo en mi boca
y su piel ardiendo en mi cuerpo
Amo a la muchacha
que tiene la piel del mar
con sus vaivenes,
con su serenidad y su arrebato
(amor con sal,
amor salado)
La misma que revuelve
su cuerpo en la dulce arena invernal
(amor helado y
dulce)
Amo su cuerpo de
agua con su temible inmensidad
donde floto
donde navego
con mis
escoriados remos que son mis propios huesos
Amo a la muchacha
que tiene la piel del mar
y un nombre de
sangre y carne encendida
que grita que
jadea que sueña
que tiene un
camino un pueblo una ciudad
un parque
desolado donde reír o llorar
Amo a la muchacha
que no existe y que existe a la vez
en la germinación
más pura de la palabra
en la sensación
más escandalosa de la piel (que no es del mar)
y la elevación de
un alma blanca
como un arma
blanca que se hunde
en el desencajado
y turbio cerebro
de quienes sueñan
con los ojos afilados de rabia
en tanto me
sumerjo en esa inmensidad onírica
lleno de astros y
cielos coagulados
formando una rosa
con nuestros labios
labios rebeldes
de tanto amar
Amo a la muchacha
que no habla
y hace cosas
oscuras con su cuerpo ondulante
mientras algo
bello y duro se introduce en él.
Amo a la muchacha
subversiva
de piel
desgarrada y corazón encendido
de donde brotan
ráfagas heladas.
Amo a la muchacha
de Culebras, del Perú, de América y Occidente
Amo a la muchacha
de Oriente que escribió el poema más hermoso
con la sangre de
sus entrañas
entre cuerpos
inflamados y vaginas desolladas
con la invasión
de un imperio bastardo.
Amo con el
corazón ardiente de un joven guerrero saudí
-entre geranios y
kalachnikovs-
donde las torres gemelas
de sus senos arderán en mi boca
y nuestros
corazones estallarán como dulces granadas de rosas
y nacerá de las
cenizas, un nuevo imperio
el imperio
absoluto del amor
tiene la lucidez del mar
Y he esperado tanto tu regreso
con los ojos flotando en la leve luz de la distancia
buscando el fruto insomne de tus labios horadados por
el viento.
He esperado tanto que, en la cavidad de la memoria,
a cada instante
aletea la blanca baraja de tu sonrisa
entre severas
aguas, destilando su esencia subterránea
en el fondo de mi alma inerme.
Y en los remolinos sanguinarios de ese mar
que tiene el cristal efervescente de un primer beso
arrebatado
he vuelto a percibir tus ojos transparentes y tu
cuerpo
como una fresca sustancia vaporosa.
El tiempo ha deslucido ostensiblemente el azul
ultramar
donde fundimos nuestros cuerpos argentados
y las aves cual pequeñas partículas van
desintegrándose
en el pálido cielo, detrás de esa caleta
terriblemente desolada.
Se han
arrugado los días, como papeles que guardan el sabor
de una confesión desesperada.
Recorro tus huellas sobre la inmensidad del mar
y desde el confín de un quebradizo muelle aspiro tu
regreso,
la brisa de tus labios frescos bebidos hasta el
hartazgo
y tu cuerpo de algas flameantes ardiendo bajo el agua,
mis manos cual peces resbaladizos descubriendo tu encanto
a la inescrutable manera del dios Ni.
He esperado tanto, para que nuestras ventanas se
abran,
entren y salgan las llamas devoradoras del amor
con la
sustancia liquida de nuestros cuerpos
destilando entre la sangre y el fuego
un sentimiento donde aun no existo
en el vaporoso insomnio de tus labios
donde se deshacen mis besos burbujeantes.
Hoy que todo el amor se recoge
en un sueño diseminado
desde donde tus ojos alcanzan el mar
nuestras manos como flores de viento
se estremecen
y como aves temblorosas que detienen su vuelo
nuestros labios se aprisionan
con la extraña esencia de un beso irreal
Sin embargo, nuestros cuerpos ausentes
intentan trepar la pared del silencio
silencio que se rompe
con una dulce confesión final.
Y detrás de esas palabras de flores fragantes
me llevo tu cielo y tu mar
desde el lúcido trazo de un pincel
hasta el fuego y la sangre
de un amor irremediablemente irreal
A Cirilo, por su inigualable sazón.
El semividente
que elabora un concentrado de tramboyos
cangrejos y
mariscos
destila una sonrisa que se extravía entre el vapor
del pescado
y el recuerdo
triste del pasado.
Detrás de ese
cristal oscuro, implacablemente cerrado
se ciernen imágenes
alumbradas con sangre
que le tocó vivir
con el rostro
sepultado entre espumas de inocencia
como pájaro de
lana germinando en las alturas
desde los filudos
despeñaderos
entre espinas de
plata que se incrustaron en esa ventana
donde aun veía la
vida
entre cielos
luminosos y campos enardecidos de verdor
de sueños que
encresparon su corazón encendido de esperanza.
El semividente
destapa una cerveza y se esfuerza por entender
la complacencia
infinita de sus comensales
en tanto aquel
viscoso y rojizo jugo
cae al gusto como
una cópula inacabable,
son sus palabras
parcas melodías de una música que cae
de un pecho
herido, de un corazón tierno
donde renace la
aniquilada estampa de sus padres
perfumados con
pólvora y sangre
entre aplastadas
moradas y turbios cadáveres
amasados en
ocultas fosas comunes.
Ahora vive con la
dulzura de los peces más primorosos
la perfumada brisa
es una explosión que vivifica su alma,
un caudal
inagotable de recetas se desprenden de sus manos
(manos donde la
sangre moldeó el rostro de la muerte).
Una mujer que
agita su cuerpo entre un diluvio de perlas y astros de agua,
de escamas
luminosas que hablan del fulgor inextinguible de las flores,
ahuyenta sus
fantasmas y limpia sus temores
con el estruendo
de unos labios de terciopelo
divinamente
encendidos.






































