
Palabras para Julio
Danner González-Bravo
Six months ago […] six,
sax, sex!
-Bruno, biógrafo de Johnny Carter (J.C. El
perseguidor)
I.
Un saxo es un gran cuerno de la abundancia. Mientras se escuchan los
celestiales registros del jazz, del blues, del swing, del bebop, del
bim-bam-bum, la cornucopia de metal asombra a quienes se acercan a ella como si
fuera un sombrero de mago: conejos, globos, confeti, tortugas, corazones; una
cornucopia: besos en forma de uvas tiernas, ácimos racimos; melocotones revoloteando;
mariposas naranjas recién incorporadas del estado larvario; nueces y piñas
transfiguradas, jugosamente amargas;
…una mujer, dos ojos, una boca, tres
poemas, una noche, trece lunas.
Una trompeta no es diferente
al cuerno y al sombrero. Dios es un gran Mago, Satchmo su patiño.
II.
En una fotografía no se detiene el tiempo, y sería ingenuo alucinar semejante
vacilada. Los retratos en blanco y negro, por ejemplo, están cambiando todo el
tiempo. Nada para convencerse de esta hipótesis -en apariencia más poética que
de trabajo- como sacar de la gaveta bajo llave las lentillas Canon para
realizar una copia fiel, un internegativo. Cada toma sobre el cartoncillo es
diferente. El rostro de Carmen, por ejemplo, ha cambiado esta tarde mostrando
todos los matices de un rostro impávido. Un chasquido, ella sonríe dulcemente;
luego el pulgar recorre el mecanismo que hace avanzar la película; otro
movimiento del índice sobre el disparador; parece como si arqueara las cejas,
con los ojos bien abiertos; el diafragma abre y cierra, vampiresa; otro
violento ataque del obturador, diva de cuento; expansión y contracción o
contrición quizá, del centro hacia la periferia y de regreso, amazona sedienta.
A ratos parece que incluso le guiña un ojo a la cámara, feliz usufructuaria,
pero nadie puede, ninguna toma podrá perpetuar la imagen requerida, la emoción
justa que no puede encapsularse ni siquiera bajo las innovaciones de las
técnicas digitales modernas, frías como un témpano ártico, inertes naves en el
mar de los sargazos.
En trece tomas la metamorfosis de la imagen es
aterradora. La concreción de una fotografía no se encuentra en el líquido
fijador, o en el papel, o en la tristísima sepia muda, o en la lente, o en el
índice que oprime, o en la pupila que mira, o en el instante breve… Ninguna
toma se parecerá jamás a otra. Son trece personas diferentes en trece
inframundos literarios, trece cambiantes y casquivanas lunas ejerciendo el
influjo sobrenatural, haciendo zozobrar el mar, filosófico y profundo titán en
su lecho, irritado.
III.
Sopla el viento helado. Un cuerpo marchito camina encorvado. Los ojos más
tristes que hinchados puedan nunca verse. A dónde llegó. Y cómo. Desde luego,
como siempre, la historia trata de una dama. No es una dama más. Esta vez se
trata de
IV.
De todos los murmullos, los murmullos de los vivos son los únicos que han
nacido muertos. El sopor se mezcla y se confunde entre el griterío del
silencio, hundido en la dialéctica taciturna de la madrugada en un vagón del
Metro. En un vagón del Metro. Solamente en un vagón del Metro es posible
escuchar todas las voces de
V.
Búsqueda estéril. Volar por agujeros negros. Saber, creer que algo sabemos,
dudar de los manuales, vomitar las utopías. Supernovas. Tal vez un soneto
imperfecto garrapateado al compás de algunas copas. Correr con anabólicos y
morir con medio gramo de alcaloide, filosofar en el transcurso una epilepsia
intelectual, discurrir sobre fútbol en una iglesia, alzar los ojos a la bóveda
celeste para descubrir por luz una diadema. Mimetismos estáticos, silogismos
faltos de premisa mayor, combates perdidos por nocaut, infinitos que se acaban,
hacedores sin origen, amibas pensantes, entropías. Y esas células, átomos,
energías, polaridades, son anónimas y sin embargo tienen personalidad, y tienen
nombre.
VI.
La fuga. Fugarse. ¿Fugamos? preguntaba Fallito en los días de la infancia. ¿Es
acaso que estamos fugándonos, o sólo estamos fugando?
VII.
Viernes 10, London City de Perú y
Avenida.
Sentado frente a la venerable fotografía del maestro, en el café donde dicen, un joven larguirucho, con ojos de inocente y un pitillo entre los labios, escribía su primera novela, tomé una vez prestado el oficio de escritor que tan inocentemente desempeñaba siempre Julio. Tomé aquel último café y salí a la calle. El viento soplaba helado y furibundo en aquel mes de julio bonaerense y yo tenía encima una botella de vino de Mendoza. Le di gracias por todo a la fotografía entonces como ahora. Con él la literatura siempre pareció una chanza, un albur milimétrico. Gracias por los juegos che Julito, gracias por estar presente también en los últimos 25 años. Y perdón, perdón por el retraso.







































Arte y cultura
Muy bielo su portal y su textos literarios. Mi gustaria conocer mejor su trabajos e ediciones
Saluto
Bruno Resende Ramos
Proyeto de Inclusión Literaria
http://www.novacoletanea.blogspot.com