
JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ, BOHDAN ZADURA Y JACOBO MUCHNIK
"Mi
destino todavía quería mantenerme largos años apartado de las
peripecias de Europa, lejos de sus capitales, y lejos de sus mecanismos
literarios, escribiendo ‘para guardarlo en el cajón’, como se dice hoy
en Polonia. Mírese el mapa. Sería difícil escoger un sitio mejor que
Buenos Aires (...)"
"Argentina es un país europeo; se nota, allá
abajo, la presencia de Europa incluso más que en la propia Europa, y al
mismo tiempo uno está fuera y, además, en esta patria de las vacas, no
se aprecia la literatura. También tenía necesidad de eso. Una distancia
con relación a Europa y con relación a la literatura"
Aunque mis
relaciones con la literatura y con los hombres letras son completamente
diferentes a la que tenía Gombrowicz también yo soy afectado de vez en
cuando por el espacio y el tiempo.
La Vaca, un ilustre profesor
de filología de la Universidad Jaguellónica, tardó ocho años en pasar
en limpio y publicar una entrevista que habíamos tenido con el
Pterodáctilo en su casa de Santos Lugares.
De
ésta y de otras tardanzas similares de las que ya había sido víctima
saqué la conclusión de que en Polonia el tiempo debía transcurrir más
lentamente que en otras naciones. En efecto, los físicos del siglo XX
han descubierto que el tiempo transcurre más lentamente en los sistemas
de referencia que se desplazan a un gran velocidad o que tienen un
campo gravitacional muy intenso, y eso es justamente lo que caracteriza
a ese lugar de la tierra llamado Polonia, un país que ha sido alcanzado
en su mismo centro de gravedad por el principio de indeterminación de
Heisenberg.
Quizás la Universidad Jaguellónica no sea el mejor
lugar para hacer observaciones sobre el comportamiento polaco pues se
encuentra situada justamente en Cracovia, un lugar que provocaba un
aburrimiento en Gombrowicz que crecía hasta el dramatismo cuando
llegaban los profesores a la pensión donde vivía. Las despreocupadas
comidas de Gombrowicz se convertían entonces en una especie de
celebración, cuya pesada pedantería lo enervaba increíblemente.
Uno
de los profesores de esa universidad que yo conozco, la Vaca, conserva
algunas de las características de esos antepasados. Los profesores
mantenían entre ellos unas conversaciones sabias que los demás
comensales escuchaban con devoción.
Nunca había sentido simpatía
por los profesores, pero esos diálogos filosóficos o históricos, le
parecían tan pesados como un hipopótamo y no mucho más lúcidos.
En
los momentos más solemnes los interrumpía con cortesía con algún
disparate: –¿Por qué no prueban estos pastelitos? En un almuerzo les
sirvieron unas pastas indigestas e insípidas, entonces Gombrowicz
protestó alzando la voz: –Pasta para el estómago, pasta para el alma,
es realmente demasiado. Se produjo un escándalo y uno de los sabios
intentó romperle una silla en la cabeza.
Para
asegurarme de que la conclusión que había sacado sobre la tardanza de
la Vaca tenía una grado de certeza equivalente a la del calor que
dilata los cuerpos, un juicio sintético a posteriori que Kant utiliza a
menudo en sus investigaciones sobre el fenómeno y el noumeno, busqué
entre mis papeles otra experiencia que me la confirmara.
Le
había ofrecido a la Muda, la editora responsable de la organización
editorial más importante de Polonia, Wydawnictwo Literackie, la
publicación de la correspondencia que tuve con Gombrowicz. A los días
recibí una respuesta alentadora en la que me informaba que se iba a
poner en contacto con la Vaca, que juntos y rápidamente iban a tomar
una decisión porque estaba interesada en la propuesta.
Me senté a
esperar la buena nueva con una enorme paz espiritual, como si estuviera
mirando los lirios del campo, pero la Muda recién volvió a escribirme
cuatro años después y con un lenguaje extraño que no resultaba
comprensible.
"Disculpe
este largo silencio, pero en cuanto a las ‘cartas’ yo también sigo
estando en suspenso. Le explico: todo el tiempo estamos esperando una
estabilización y delimitando los términos del contrato. Parece, con
todo, que estamos acercándonos al final. Creo que la cosa será actual
en el futuro"
Han pasado varios años más y seguimos aguardando,
nos acercamos peligrosamente al record de tardanza que tiene la
publicación de la entrevista que la Vaca y yo le hicimos al
Pterodáctilo.
Cuando Gombrowicz contraponía dos situaciones
dramáticas acostumbraba a meter en el medio una situación más ligera en
la que solía aparecer alguna persona cazando mariposas. Por esta
curiosa particularidad a la que podríamos llamar teatral, por los
dolores de cabeza que a veces me da el Pequeño K, y por la actitud
oriental que en general adopta su jefe, el director de la revista
"Twórczosc", para manejar estos conflictos, me vi obligado a apodar a
Bohdan Zadura como el Hombre que Cazaba Mariposas, a pesar de que en
otros asuntos es más decidido.
"En
el número de agosto, en la sección de Henryk Bereza, aparece un texto
extenso referido a usted en el que expresa la admiración que tiene por
sus escritos, admiración que yo comparto"
Bajo el paraguas de
esta admiración y a raíz de una consulta que el Hombre que Cazaba
Mariposas le había hecho al Pequeño K acerca de si no me gustaría
escribir algo sobre "Cosmos", hace unos años atrás escribí un texto muy
interesante sobre esa novela, pero hasta el día de hoy mi escrito no ha
visto las letras de molde.
Un editor argentino administró el
conflicto que tuvo con Gombrowicz de una manera muy diferente a cómo lo
administraron conmigo La Vaca, la Muda y el Hombre que cazaba
Mariposas. En el año 1960 Jacobo Muchnik, por una sugerencia del
Pterodáctilo, le propuso a Gombrowicz la reedición de "Ferdydurke" en
Fabril Editora.
Le
ofreció un tercio de los derechos de autor potenciales en carácter de
anticipo: –Eso es lo de menos, yo estoy dispuesto a autorizar la
publicación de "Ferdydurke" si ustedes se comprometen a editar otro
libro, muy importante, que estoy escribiendo.
Sacó un par de
hojas de los diarios en los que se refería a la Argentina y le pidió
que las leyera en ese mismo momento: –Sí, como muestra es ciertamente
bien elocuente, pero, honestamente, ¿cómo quiere usted que me
comprometa a priori y por mi cuenta a editar en nombre de una gran
empresa un libro polémico dedicado aparentemente a meterse
belicosamente con lo más distinguido de la intelectualidad argentina?
Gombrowicz no respondió, se puso de pie y por encima del escritorio le
quitó de las manos las dos hojas, murmuró algo y se fue.
"Así pues, no edité "Ferdydurke". No volvía a ver a
Gombrowicz hasta unos años más tarde, en 1963, cuando estábamos
viviendo en el Quai de la Tournelle, en París (...) Elisa se negó a
esperarlo y se fue de paseo antes de que él llegara, diciéndome
irónicamente que la entrevista me fuera leve"
Gombrowicz le
habló de sus proyectos, le pidió que lo pusiera en contacto con los
editores españoles, le habló de la incontenible resonancia alcanzada
por su prestigio y de que iba en camino de obtener todos los grandes
premios del mundo.
"Lo que yo lamento es no haber anotado sus
palabras aquel mismo día. Lo que sí recuerdo bien es que las dos
páginas que me dio a leer en mi oficina de la calle California, no
figuran en la edición del "Diario argentino" de Gombrowicz, publicado
por Sudamericana en 1968. Cómo recuerdo cuánto lamentó Elisa haber
regresado a casa cuando ya Gombrowicz se había ido; ella se quedó sin
conocerlo y yo no volvía a verlo más"
"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.






































