
RELATOS DE ERNA AROS PENSA
Por
Arturo Volantines
Estos emocionantes relatos de Erna Aros nos llevan a La Serena, donde ella nació y tempranamente emigró. Después de muchos años volvió, vuelve y volverá, porque su pequeña patria sigue siendo mágica, húmeda y teñida de campanarios, como tantas veces cantara Fernando Binvignat. Ella habla desde el detalle, desde el dominio de la ciudad que su corazón recuerda y que lleva como un tesoro a cuestas. Para hacer literatura es necesario tener algo que decir, y Erna nos dice de lo que anda en su sangre.
En dos relatos contemporiza distantes situaciones de su ciudad: Su infancia y su encuentro escritural con Juan Godoy. Ella pudo volver sobre dos hechos significantes en su vida y que gravitan también en la historia de la literatura del Norte atacameño, porque son el resultante no sólo de su propia vida sino también de una generación. Es posible reconstruir a través la vida de Erna, parte de la vida de La Serena —capital de su infancia—, porque en ambas anda el tejido fundamental de la esencia y de la sustancia de patria nortina.
Erna apunta al asunto, a lo que le interesa y le emociona. No mira tanto el entorno del lenguaje y sus enredos sino al punto donde se junta su emoción con su decir. Su voz lírica termina siendo muy limpia: pareciera que fuera en el tren de su infancia. Esto lo ha vivido. Da cuenta no sólo para su otro yo y para que se registre, sino para el aleteo de esa novísima hornada de escritores atacameños aparecidos desde que se abrió la “Puerta de Tiwanacu”.






































