GOMBROWICZIDAS
Yo no sabía si dejar
librada mi decisión de pedirle o no pedirle al Pato Criollo un prólogo
para "Gombrowicz, este hombre me causa problemas" a una elección
probabilística simple de sí o no, o de cincuenta y cincuenta, en
cualquiera de las modalidades tradicionales, o si en cambio utilizar
una forma más cercana a la literatura. Finalmente elegí un sistema
combinado: que sea lo que Dios quiera.
Cuando el libro se publicó
enseguida se dividieron las opiniones sobre la calidad del prólogo del
Pato Criollo en dos grupos antagónicos. El caso extremo de las
opiniones favorables estaba constituido por los que leían de inmediato
el prólogo y demoraban la lectura del libro, como la Hierática y la
Poetisa Piquetera Impenitente, y el caso extremo de las opiniones
desfavorables estaba constituido por los que lo consideraban un
verdadero desatino, como el Licenciado Vidriera y la Flauta Traversa,
para poner sólo unos ejemplos.
En la Embajada de
Polonia, el día de la presentación del libro, hablaba con la Poetisa
Piquetera Impenitente, una vieja conocida del Pato Criollo: –Che, Goma,
¿vos sos loco?, ¿cómo le fuiste a pedir al Buhonero Mercachifle que te
presentara el libro?, ¿no sabés que es tarado?; –Sí, pero fue de
relleno, lo presentaron también el Zorro, el Socialista y el Régisseur
Fanfarrón, además fue amigo de Gombrowicz; –Dejate de joder, ¿y por qué
nadie habló del prólogo de Aira?; –¿Y quién iba a hablar, si ese
prólogo es una verdadera mierda?; –Ah, no, no puede ser; –¿Vos lo
leíste?, Aira se está cayendo, ¿viste lo del "Gauchito"?; –Sí, no pude
terminar el libro; –Claro, yo tampoco, ese pelotudo se está
convirtiendo, si es que no lo fue siempre, en un escritor para mujeres.
Aquí la Poetisa Piquetera Impenitente se me escapó.
La Poetisa
Piquetera Impenitente fue el primer gombrowiczida argentino que
desarrolló un trabajo acerca de Gombrowicz sobre la base de los
testimonios de un quinteto, y no de un cuarteto como diez años después
lo haría Alberto Fischerman en el film "Gombrowicz o la seducción".
"Rastrear
la huella que dejó Gombrowicz en la Argentina por esos años, elegir
algunos nombres –algunos de ellos transformados en seudónimos
literarios– entre los muchos que menciona como ‘su amigos’ en el Diario
Argentino, escuchar las narraciones de esos amigos y después
transcribirlas, implica de algún modo trazar las coordenadas de un mapa
biográfico siempre parcial, siempre fragmentario. Pero quizás, o
justamente, en ese fragmentarismo esté una de las claves de la
personalidad de Witold Gombrowicz: prismático, multifacético, el genial
escritor polaco intentó cubrirse –máscara sobre máscara– del peligro de
la personalidad definida, unilateral (...)"
"Jorge Di Paola
(‘Asno’)–novelista autor de ‘Hernán’ y de ‘La virginidad es un tigre de
papel’– y Mariano Betelú (‘Flor’ o ‘Quilombo’) –dibujante–, lo conocen
en la pequeña ciudad argentina de Tandil donde Gombrowicz recala para
curarse de una enfermedad pulmonar. El escritor Ernesto Sabato y Juan
Carlos Gómez (‘Goma’), lo conocen en Buenos Aires, uno en plena vida
literaria porteña, el otro en un bar donde se jugaba al ajedrez. Para
Jorge Luis Borges, Gombrowicz fue ‘un amigo de amigos’. Testigos,
interlocutores, intérpretes, estos cinco argentinos conocieron cada uno
de ellos a un Gombrowicz distinto. En sus recuerdos, en la
transcripción de esos recuerdos, está el azar de la biografía o –con un
grado más de pretensión– las coordenadas de una posible historia"
La
nota que escribió la Poetisa Piquetera Impenitente, "Los que conocieron
a Gombrowicz", se publicó en "Texto Crítico" de México en el año 1976 y
sirvió de inspiración a otros hombres de letras a los que se le ocurrió
escribir sobre Gombrowicz algún tiempo después.
A
cada uno de los testimonios de los miembros de ese quinteto le puso un
nombre: ‘Un lector de las pampas salvajes’; ‘Dos instantáneas de
Gombrowicz’; ‘Un texto margotínico’; ‘Una especie de histrión¡; ‘Como
si fueran una fotografía’
Estos títulos recorrieron el mundo mucho
antes de que apareciera "Gombrowicz en Argentina" de la Vaca Sagrada, y
fueron algo así como la primera inspiración, el primer amor de una
novia que nunca se olvida.
En esa entrevista con la Poetisa
Piquetera Impenitente el Asno relata algunos episodios de las aventuras
de Gombowicz en Tandil no demasiado conocidos.
"Desconcertaba mucho
a los adultos, era un tipo que vestía un arrugado traje de poplin y una
gorra que llevaba en el bolsillo, casi podría decirse que se parecía a
Jacques Tati. Era cómico, pero al mismo tiempo tenía como una especie
de dignidad aristocrática, un orgullo. Creo que había asimilado en sus
gestos mucho del cine mudo. Un día le pidió prestada la bicicleta a uno
de los muchachos y se puso a andar, logró andar cada vez a menor
velocidad hasta dejarla casi detenida y como el piso era de arena iba
dibujando cuadrados en vez de círculos con una lentitud cercana a la
inmovilidad. Era un perfecto corto de cine mudo y nosotros llorábamos
de la risa... (...)"
"Su
partida de Tandil fue también payasesca. Recuerdo que mientras lo
saludábamos en el andén él estaba parado majestuosamente en el estribo
del tren con su traje, su paraguas y su pipa. Parecía un conde. Tan
rara era su imagen, que provocó una situación también rara: se le
acercó un hombre que estaba caminando por el andén y sorpresivamente le
preguntó: –¿Y usted, qué es?–, y se fue"
Y Flor de Quilombo pone al descubierto el carácter un tanto dudoso de sus
relacionas amistosas con Gombrowicz cuando le pide unos pesos para cubrir unos gastos inesperados.
"Viejo,
es que vos sos para mí como un padre espiritual y yo no se lo podría
pedir a nadie más. Sos como un padre potencial...; –Mira Flor, esto es
el colmo del descaro... (se ríe) (...)"
"Es curioso que yo,
diríamos un impotente, me transforme en un padre potencial, además de
no haber tenido, y esto sea dicho con el mayor respeto, el placer con
tu mamá. (De pronto interrumpe la conversación y en tono severo dice):
–Viejo, ¿te das cuenta de las estupideces que hablamos?. . . Por
supuesto que existe un culpable...; –Witold, son las 17 horas. ¿No
sería conveniente partir al Querandí?; –Ah, esa mezquindad tampoco se
te escapó. No piensas sino en llenar el buche. ¡Corre vos y espérame
mientras hago unos llamados por teléfono!...(...)"
"Salgo de
inmediato. Llego al Querandí. Esquina Perú y Moreno. A la media hora
llega Gombrowicz caminando pausadamente, contoneándose como una matrona
militar. Las manos en los bolsillos. El sombrero puesto. Compra el
diario La Razón. Sin decirme nada me alcanza la sección de deportes"
Gombrowicz
tenía con las poetisas una relación jocosa y más bien despectiva,
siguiendo la línea general de sus relaciones con toda la poesía, no sé
cómo se hubiera llevado con la Poetisa Piquetera Impenitente.
En el año 1960 Gombrowicz se embarca en el buque General Artigas y se va con el Asno a Uruguay a pasar una vacaciones.
Desembarcan
en Montevideo, se alojan en un hotel y a la noche asisten a una
conferencia que dicta Dickman en la Asociación de Escritores. En el
aire de la sala flota la cortesía, la banalidad y el aburrimiento. La
poetisa Paulina Medero preside la sesión: –Tenemos el honor de
presentar al señor Gombrowicz a quien le damos la bienvenida; quizás
Gombrowicz quiera decirnos unas palabras; –Bien, Paulina, pero de
hecho, ¿qué es lo que he escrito? ¿Cuáles son los títulos?
Dickman
observa los titubeos de Paulina y acude en su auxilio: –Yo sé,
Gombrowicz publicó una novela en Buenos Aires traducida del rumano, no,
del polaco, "Fitmurca"... no, "Fidefurca". Se produce un malestar
generalizado en la sala. Termina el acto y Gombrowicz estampa en el
libro de la Asociación su firma, tras lo cual se lo pasa al Asno para
que lo firme también. Esto vuelve a provocar inquietud entre el público
porque el Asno está en la edad del servicio militar y todavía no tiene
pinta de literato.
De la Asociación de Escritores se fueron con
Paulina y Dickman a un restaurancito que se daba aires, en el que los
poetas habían preparado un banquete para homenajear a un profesor muy
venerado. Se levantan los poetas y las poetisas y sueltan poemas en
honor del profesor. Cada uno de los cincuenta poetas presentes tenía
que pronunciar su poema de homenaje.
Para pasar el mal trago Gombrowicz llama al mozo, pide dos
botellas de vino y empieza a tomar. Le llega el turno a una poetisa
grasienta y barrigona, se levanta de un salto, mientras balancea el
busto de un lado para otro y agita los brazos, emite manojos de rimas
nobles. Gombrowicz no aguantó más y lanzó una carcajada tras la espalda
del Asno, que también soltó una carcajada pero sin ninguna espalda que
lo protegiera. En medio de miradas indignadas se levantó el laureado
para soltar su discurso, Gombrowicz y el Asno aprovecharon la
oportunidad y ahuecaron el ala.
"¡Chismes al canto! Al día
siguiente, mientras cenábamos, Dipi oyó que en la mesa vecina se
hablaba del escándalo en la Asociación de Escritores y de la
provocación en el banquete de poetas... ¡Alguien aconsejaba escribir a
Ernesto Sabato para preguntarle si su carta dirigida a Julio Bayce en
la que me recomendaba calurosamente era auténtica!"
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