
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y ARTHUR SCHOPENHAUER
por Juan Carlos Gómez
La
contemplación como un juego superior a la vida da hermosos frutos en
las concepciones que tiene Schopenhauer sobre la música, la risa y la
belleza.
"Por consiguiente, la música no es en modo alguno la copia
de las Ideas, sino de la voluntad misma, cuya objetividad está
constituida por las Ideas; por esto mismo, el efecto de la música es
mucho más poderoso y penetrante que el del resto de las bellas artes,
pues éstas solo nos reproducen sombras, mientras que ella, esencias"
Reír
resulta agradable porque nos satisface el triunfo del conocimiento
intuitivo, la forma natural del conocimiento inseparable de nuestro ser
animal, sobre el pensamiento abstracto. Nos agrada comprobar que el
pensamiento es incapaz de comprender todas las variantes que presenta
la realidad.
Es
placentero ver perder a la razón de vez en cuando, derrotar a ese
dominio severo, perpetuo y molesto. Ésta es aproximadamente la idea que
tiene Schopenhauer sobre el origen de la risa. Gombrowicz mezcla la
seriedad con la ligereza para hacernos reír a nosotros y para
provocarse la risa a sí mismo.
El descubrimiento temprano e inocente
de la belleza que hace Gombrowicz no siguió un camino recto porque la
belleza suele estar encarnada en el sexo y en el cuerpo.
Los
intentos que hizo Schopenhauer para desexualizar la belleza no tuvieron
éxito ni siquiera en Gombrowicz. Para el alemán el cuerpo más bello era
el del hombre y sólo por la atracción sexual nos parecía a los hombres
más bello el cuerpo de la mujer. Pero Gombrowicz quería encontrar una
tercera vía en todo lo que concierne a la creación
"(...)
si Schopenhauer considera conmovedora la curiosidad con la que dos
jóvenes de sexo diferente se contemplan buscando en el otro la madre o
el padre de sus futuros hijos, la mirada crítica con la que se analizan
dos jóvenes artistas en su primer encuentro, tampoco está desprovista
de un significado profundo e íntimo. Cada uno ve en el otro a su rival
y desea comprobar las ventajas que tiene sobre él, averiguar si su
valor espiritual y su forma son suficientes para no sucumbir (...)"
La
contemplación era para Schopenhauer el alfa y la omega de toda su
inspiración filosófica. Se puede escribir sin pensar, se puede leer sin
pensar, pero no se puede pensar sin pensar, una consecuencia directa a
la que nos lleva la contemplación. Hay hombres que piensan contemplando
el mundo, y otros que necesitan leer un libro para pensar, para poner
en claro este asunto vamos a ver qué hacían los griegos.
Los
griegos leían bastante poco, había mucho menos gente de la que hay
ahora, y a muy pocos de la poca gente que había se le ocurría escribir.
Escribían sólo cuando le venían cosas importantes a la cabeza, no
como ocurre ahora, además Gutenberg aún no había hecho su entrada
triunfal con su máquina infernal de imprimir. En un principio los
griegos tenían tan solo el problema de pensar, poco a poco se le fueron
agregando los de escribir y los de leer.
Por esta razón el mundo
de ellos fue al comienzo más simple y originario, el nuestro en cambio
se ha vuelto más complejo y mediado. Si Gombrowicz hubiera vivido en la
Atenas de aquel entonces se hubiera contrariado un poco, seguramente no
habría encontrado tantas cosas contra las que protestar.
Schopenhauer
había heredado de su padre la energía de la voluntad y el orgullo, y de
su madre la penetración intuitiva y la flexibilidad de la expresión. Lo
mismo se podría decir de Gombrowicz, pero ésta es una condición
bastante común de los hijos de familias acomodadas pues el padre es el
que gana el dinero y la madre es la que lo gasta. Schopenhahuer tenía
una gran devoción por su padre, en la segunda edición de su obra
fundamental, "El mundo como voluntad y representación", aparece una
tierna dedicatoria en la que le manifiesta su gratitud por haberle
proporcionado una posición independiente y a cubierto de las
humillaciones de la miseria.
Las relaciones con su madre, en cambio, no eran buenas, hasta podríamos decir que eran bastante malas.
"Es necesario para mi felicidad, saber que tú eres feliz, pero no es preciso que yo sea testigo de tu dicha"
Este
es el fragmento de una carta que le escribió la madre al anunciarle el
hijo que se proponía volver a la casa de Weimar. Cuando Schopenhauer le
leyó el título de su obra "La cuádruple raíz del principio de razón
suficiente", la madre le preguntó si era un libro para boticarios: –Mi
libro se leerá cuando de los tuyos quede, si acaso, algún ejemplar en
la covacha de un trapero; –De los tuyos quedarán las ediciones enteras.
Schopenhauer
toma como base de su pensamiento al criticismo kantiano para
desarrollar su filosofía, sin embargo, sostiene que con la
introspección es posible acceder al conocimiento esencial del yo, ese
ser en sí que para Kant no se podía alcanzar con el conocimiento.
Identificó
este principio metafísico como voluntad de vivir, sosteniendo que una y
la misma sustancia animaba realmente la aparente pluralidad de las
criaturas. Redujo las doce categorías del sistema kantiano a una sola,
el principio de razón suficiente o de causalidad.
El concepto de
voluntad se refiere a un fundamento de carácter metafísico cuyo
correlato sensible es el mundo fenoménico. El mundo de los fenómenos
está sujeto al tiempo y al espacio por el principio de individuación y
a la ley de causalidad, es la voluntad misma objetivada a la que
Schopenhauer llama representación. La voluntad se manifiesta en el
mundo desde una simple piedra hasta el mismísimo hombre en quien
alcanza su grado máximo de expresión porque adquiere la forma del deseo
constante, en cuyo único caso se identifica con la noción corriente de
voluntad.
La
voluntad misma, sin embargo, no es otra cosa que una afán ciego, un
impulso carente de fundamento y motivos. Esa voluntad está lejos de los
conceptos vacíos del absoluto, del infinito, de la idea, es el
fundamento y la base de toda explicación, es el núcleo de la realidad
misma.
En la medida en que la voluntad se expresa en la vida anímica
del hombre bajo la forma de un deseo continuo siempre insatisfecho,
toda esa vida será entonces esencialmente sufrimiento. Y aún cuando el
hombre consiga mitigar o escapar momentáneamente al sufrimiento,
termina por caer en el insoportable vacío del aburrimiento. De ahí que
la existencia humana sea para Schopenhauer un constante pendular entre
el dolor y el tedio, un recorrido que la inteligencia sólo puede anular
a través de fases que conducen a una negación consciente de la voluntad
de vivir.
Reconoce
como válidas tres alternativas para esta negación consciente: la
contemplación de la obra de arte como acto desinteresado; la práctica
de la compasión; la autonegación del yo mediante una vida ascética.
Schopenhauer
fue el pensador que le dio a Gombrowicz la noción más acabada para
organizar el mundo en una visión. La contemplación es un juego superior
a la vida, el artista contempla el mundo y se maravilla como un niño,
en forma desinteresada. Schopenhauer construye una teoría artística que
deslumbra a Gombrowicz como lo manifiesta en el curso de filosofía que
dio en Vence dos meses antes de la muerte.
"El arte nos muestra el juego de la naturaleza y de sus fuerzas, es decir, la voluntad de vivir (…)"
"¿Por
qué nos encanta el frontispicio de una catedral y una simple pared no
nos interesa? Porque la voluntad de vivir de la materia se manifiesta
en la pesantez y en la resistencia. La pared no expresa el juego de
estas fuerzas porque cada una de sus partículas pesa y resiste a la
vez. Mientras el frontispicio de la catedral muestra a esas fuerzas en
acción: las columnas resisten y los capiteles pesan"
El pensamiento
de Schopenhauer es aristocrático hasta la médula, por eso distingue la
inteligencia mediocre de la inteligencia superior. La inteligencia
mediocre es como una linterna, ilumina sólo lo que busca; la
inteligencia superior, en cambio, es como el sol, lo ilumina todo. El
genio no puede vivir en forma normal, el artista, cuando alcanza el
grado de la objetividad y del desinterés, tiene siempre que enfrentar
como obstáculos a las enfermedades y a las anormalidades.
Beethoven
era un ser desgraciado, pero supo expresar en su arte la salud y el
equilibrio porque no los tenía. Gombrowicz atribuía a esta antinomia la
máxima importancia. El artista debe compensar sus desórdenes con la
disciplina y el rigor.
"La filosofía de Schopenhauer es más que una
filosofía, es una intuición y una moral. Se indignaba porque en una
isla del Pacífico las tortugas del mar salían cada año del agua para
procrear en la playa donde los perros salvajes de la isla las daban
vuelta y las devoraban. He ahí la vida, esto es lo que cada primavera
se repite en forma sistemática desde hace milenios. La filosofía de
Schopenhauer no es popular, es tremendamente aristocrática, y de ella
no se pueden sacar consecuencias políticas, como de la de Hegel o la de
Sartre. Para mí es un misterio que libros tan interesantes como los de
Schopenhauer y los míos no encuentren lectores"
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