
DOMINGO GÓMEZ ROJAS: EL POETA Y EL LIBERTARIO
En calle Patricio Lynch, casi al llegar a Chacabuco, en Arica, existía una mujer joven que tenía una casa de la que arrendaba algunas piezas. De esa manera capeaba sus problemas económicos, ya que era una mujer sola.
Yo iba a ese lugar, atraído por la belleza de su hija mayor. Hablo de comienzos de los setenta. Con esa niña hermosa hablábamos de cosas diversas.
Allí ya sabían que yo era autor de uno o dos libros de poemas y que había escrito bastantes crónicas literarias en el matutino local, las que, revisando hoy, son “muy humildes”.
Sin embargo mis poemas le gustaban a la niña bella y a su madre, hermosa también, aunque dudo que las entendieran.
Me decían que DIANA, LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE y DE LA VIDA FÁCIL le gustaban, pero no sabían explicarme de qué tema yo trataba en esos textos y a mí eso poco me interesaba.
Yo alucinaba con la niña bella y punto, y sí me interesaba dejarle en claro a ella que DIANA era un nombre imaginario (lo que era falso) y que allí yo hablaba de una persona muerta (lo que era cierto).
En esa casa vivía un hombre de más de sesenta años que le interesó lo que yo hacía y pronto nos hicimos amigos.
Este señor había vivido casi en carne propia el asalto a la Federación de Estudiantes de Chile (FECH) el año veinte y me hablaba de los hermanos Gandulfo, de Labarca y de los poetas Roberto Meza Fuentes y Domingo Gómez Rojas.
Éste último concitaba su admiración plena. Me decía ese señor que no había conocido una historia de cobardía más atroz que la tortura y asesinato de Gómez Rojas y me informó que el poeta era un anarquista.
En sus conversaciones ese hombre también me dejó un retrato de sí mismo: había sido y era un ácrata. Un anarquista ateo, al revés de Domingo Gómez Rojas que, en algunos de sus poemas, fijaba la posición que lo manifiesta como cristiano. Sin embargo su aprecio por Gómez Rojas era espléndido.
Le gustaba leerme de memoria MISERERE y yo le escuchaba con devoción. Esa devoción que se tiene cuando el corazón de alguien late al ritmo de la verdad.
Yo ya conocía a Domingo Gómez Rojas y parte de su poesía, al igual que a Roberto Meza Fuentes. Años más tarde ahondaría en ambos y el destino me convocaría a conocer, en forma personal, a Meza Fuentes…que ya había dejado atrás su anarquismo.
Un día, no sé cómo, me alejé de esa casa y de la ilusión de la niña bella, a quien años después vi, hermosa como siempre. Pero no pregunté por mi amigo anarquista.
Como ahora han pasado casi cuarenta años de eso es indudable que el gran admirador de Gómez Rojas esté muerto.
Y cuando yo releo MISERERE, me acuerdo de ese viejo bueno que me entretenía contándome los acontecimientos del año veinte, en el que un grupo de líderes estudiantiles y poetas fueron golpeados por el hecho de escribir y manifestarse contra una nueva idea bélica contra Perú, acuñada por jóvenes nacionalistas burgueses y del lumpen y aceptada por las autoridades de la época, que mentían al hablar de intentos guerreros de la nación vecina.
He aquí el bello y muy breve poema que es el que la gente más recuerda de este mártir de una causa de la verdad.
MISERERE
La juventud, amor, lo que se quiere,
ha de irse con nosotros. ¡Miserere!
La belleza del mundo y lo que fuere
morirá en el futuro. ¡Miserere!
La tierra misma lentamente muere
con los astros lejanos. ¡Miserere!
Y hasta quizás la muerte que nos hiere
también tendrá su muerte. ¡Miserere!
Domingo Gómez Rojas fue la única víctima fatal de aquel asalto a la FECH. Murió después de pasar por la cárcel y el siquiátrico, a los 24 años. En efecto: había nacido en 1896 y fue asesinado en 1920. Muchos dicen que si hubiera seguido viviendo habría sido tan gran poeta como Neruda. ¡Quién sabe!
FUENTES:
1.- Diccionario de la Literatura Chilena, Efraín Szmulewicz. Segunda edición. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1984.
2.- cienpoemaschilenosclaves.blogspot.com






































