
GOMBROWICZIDAS
"¡A partir
de este momento ya no quiero ser polaco! Estaré solo por completo;
–¿Solo? ¿No ves que la soledad hará de ti la víctima de tus propias
miserias?; –Entonces, ¡dadme un cuchillo! ¡Debo realizar una amputación
más radical todavía! ¡He de amputarme de mí mismo! Imagino que
Nietzsche habría definido mi dilema más o menos en esos términos.
Procedí a amputar. El cuchillo verdugo fue el pensamiento siguiente:
acepta, comprende que no eres tú mismo, pues nadie es jamás él mismo,
con ningún otro, en ninguna situación, ser hombre significa ser
artificial"
En 1960 un diario alemán publicó una encuesta
internacional a la que respondieron treinta y cinco grandes maestros de
la literatura.. La pregunta era: –¿Cuáles son los cinco escritores que
más han influido en usted, y qué libros de ellos elegiría?
Entre
los interrogados estaban Hermann Hesse, André Breton, John Dos Passos,
Georg Lukács. Gombrowicz también figuraba en esa lista. Aún vivía en
Buenos Aires, acababa de ser traducido al alemán y su fama europea
crecía semana a semana, en medio de la más ciega indiferencia argentina.
"La
elección que haré está vinculada con el lugar que ocupo en el mapa
literario mundial (...) Estoy en el punto donde se desencadena la lucha
por defender el Yo, donde ese Yo tiende a afirmarse e intensificarse,
en busca de la Inmortalidad (...) Como ustedes habrán advertido ya aquí
no están Proust ni Joyce ni Kafka ni nada de lo que se está haciendo
ahora. Me apoyo en autores que los precedieron porque ellos medían al
hombre con una vara más alta"
Entre los cinco que eligió
Gombrowicz estaba Friedrich Nietzsche, un alemán que mantuvo la ilusión
sin fundamento de que sus antepasados habían sido nobles polacos. "Yo
soy un aristócrata polaco pur sang". Y Gombrowicz se refiere a este
alemán pur sang polaco al que elige entre los cinco escritores que más
lo habían influido.
"Nietzsche.
Con frecuencia me irrita el ridículo de su Superhombre. No comparto sus
opiniones. Y sin embargo le debo, como a Dostoievski, una agudeza de
visión llevada al extremo y también, debo añadir, un orgullo
irresistible. Esas cualidades son necesarias en una época como la
nuestra, en la que el inevitable crecimiento demográfico conduce –como
toda inflación– a la devaluación del ser humano. Entonces: La gaya
ciencia"
Tal como le ocurría con el existencialismo y con el
marxismo, Gombrowicz está de acuerdo con el punto de partida del
nietzschianismo, pero no con sus deducciones.
Andaba buscando
puntos de apoyo para su filosofía de la insuficiencia y de la
inferioridad, por aquel entonces aún no sabía que, por conflictos
bastante parecidos a los suyos relacionados con el deseo de aprehender
la vida en caliente, se estaban rompiendo la cabeza contra la pared los
existencialistas que sólo después de la guerra llegaron a tener
resonancia en el mundo. La afirmación de la vida de Nietzsche no andaba
del todo bien con los nervios de Gombrowicz, le resultaba difícil
imaginar algo tan artificial, ridículo y del peor gusto como la idea de
su superhombre y de su bestia rubia, pero sí estaba de acuerdo con el
alemán cuando ponía al descubierto cómo detrás de los sentimientos más
nobles del hombre se ocultaba toda la suciedad de la vida.
Nietzsche
no era un filósofo en el sentido estricto de la palabra, escribía
aforismos, y de estas anotaciones iba surgiendo una moralidad que se
basaba en el hecho de que la especie humana es como todas las demás, se
mejora con la lucha y la selección natural.
La moral
nietzschiana se pone en entredicho con la moral cristiana, una moral de
los débiles que le ha sido impuesta a los fuertes, perniciosa para la
especie humana y por lo tanto inmoral.
"En verdad, los hombres se han dado a sí
mismos todo su bien y su mal. En verdad, no lo tomaron, no lo
encontraron, no les cayó como una voz del cielo. Los valores los puso
el hombre en las cosas para conservarse; dio un sentido a las cosas,
¡un sentido humano! Por eso se llamó hombre, es decir, valuador (...)
Valuar es crear.. ¡Oidlo, vosotros los creadores! La valuación en sí es
el tesoro y la joya de las cosas valuadas. Sólo por la valuación hay
valor, y sin valuación estaría hueca la nuez de la existencia"
Esta
preocupación profunda de Nietzsche, que comienza a desconfiar de los
sistemas abstractos, a sentir la vida cada vez más amenazada, y ese
carácter de valuador que le da al hombre, influyeron profundamente en
Gombrowicz .
El pesimismo es para Nietzsche una debilidad
condenada por la vida, y el optimismo es una cosa superficial, sólo le
queda al hombre elegir un optimismo trágico, elegir la adoración de la
vida y de sus leyes crueles, a pesar de la debilidad del individuo.
Gombrowicz y Nietzsche realizan una crítica cruel a todas las ideas, a
la moral y a la filosofía, y demuestran que el pensamiento filosófico
no se realiza fuera de la vida, sino que la acompaña y la expresa
cuando no está falsificado. Pero el alemán tensa demasiado una cuerda
que lo conduce a la admiración de la crueldad, de la dureza
inmisericorde, del látigo y de las armas, una orientación que deviene
en una filosofía casi militar.
"Cuando
apenas estamos en la cuna, ya se nos provee de palabras pesadas y de
valores pesados. Bien y Mal, así se llama este patrimonio (…)"
"A
causa de estos valores se nos perdona la vida... Ésta es la obra del
espíritu de pesantez. Y nosotros arrastramos fielmente la carga que se
nos impone, con fuertes espaldas y a través de áridas montañas.. Y si
sudamos se nos dice: –¡Sí, la vida es una carga pesada! ¡Pero la única
carga pesada es el hombre! Porque el hombre arrastra consigo y lleva
sobre los hombros una porción de cosas extrañas. Semejante al camello,
se arrodilla para que lo carguen bien, sobre todo el hombre vigoroso y
paciente, tocado de veneración: carga sobre sus hombros demasiadas
palabras y valores extraños y pesados; ¡entonces la vida le parece un
desierto!"
Pero
algunas ideas de Nietzsche le producían hipo a Gombrowicz. "La idea es
y siempre será un biombo detrás del cual ocurren cosas más importantes"
"Vivo
en un mundo que todavía se nutre de sistemas, de ideas, doctrinas, pero
los síntomas de indigestión son cada vez más evidentes, el paciente ya
tiene hipo"
Una idea que le pone los pelos de punta a Gombrowicz
es la idea más abisal de Nietzsche: la idea del eterno retorno, que
libera al espíritu de las venganzas, que supera el tiempo que pasa y el
tiempo que se aproxima, y que confiere al devenir el carácter del ser.
"Yo no me dejo embaucar por ellos; conozco
este infantilismo que juguetea con el Infinito, sé demasiado bien
cuánta despreocupación e irresponsabilidad hacen falta para entrar con
orgullo en los terrenos de esos pensamientos impensables y de esa
severidad inaguantable, conozco este tipo de genialidad. Y ese
Heidegger, en su conferencia sobre Nietzsche, suspendido sobre esos
abismos... ¡payasos! Despreciar el abismo y no digerir los pensamientos
excesivos: hace tiempo que lo decidí así. Me río de la metafísica...
que me devora"
Las ideas del superhombre y de la bestia rubia,
que le gustaban a Hitler, y la idea del eterno retorno que le gustaba a
Borges, lo ponían hecho una furia. Ese hombre de Nietzsche, que como
fenómeno pasajero tiene que ser superado, ese ser problemático que no
puede ser un fin en sí mismo sino un medio para llegar al ser superior,
que requiere un amor y una devoción más importantes que el amor al
prójimo, le resultaba a Gombrowicz una quimera insoportable.
La
bestia rubia, que habita en el fondo de todas las razas nobles, lo
convoca a Nietzsche a ser de nuevo bárbaro. Pero su idea del eterno
retorno en la que el tiempo tiene un principio y un fin, un fin que
vuelve a generar un principio ateniéndose a las estrictas leyes de la
causalidad, es más insoportable aún.
No nos las estamos viendo
con ciclos sino con, exactamente, los mismos acontecimientos que se
repiten en el mismo orden, sin ninguna posibilidad de variación. Se
repiten los acontecimientos, los sentimientos y las ideas vez tras vez,
en una repetición infinita e incansable.
"La creencia en que el
mundo, tal como debiera ser, existe realmente, es la convicción de los
hombres improductivos que no quieren crear un mundo tal como debiera
ser (...) ¿Qué es la libertad? Es la voluntad de sentirnos como únicos
responsables de crearlo"
Mientras que para Nietzsche el
individualismo moral creador de valores es sólo un privilegio de unos
pocos seres excepcionales, pues el que no puede mandarse así mismo
tiene fatalmente que obedecer; el mundo de Gombrowicz es más elástico,
o de temperaturas medias como le gustaba decir a él.
"Para
elevarse, luchando, de este caos a esta configuración surge una
necesidad, hay que elegir: o perecer o imponerse. Una raza dominante
sólo puede desarrollarse en virtud de principios terribles y violentos.
Debiendo preguntarnos: ¿dónde están los bárbaros del siglo XX? Se harán
visibles y se consolidarán después de enormes crisis socialistas; serán
los elementos capaces de la mayor dureza para consigo mismos los que
puedan garantizar la voluntad más prolongada (...) ¿Vas a juntarte a
mujeres? Pues, ¡no te olvides del látigo!"
Aparte de la agudeza de
visión y del orgullo irresistible que Gombrowicz comparte con
Nietzsche, me parece que la idea del hombre como valuador es la que más
los aproxima. El polaco, igual que el alemán, valuó el mundo
rebelándose contra todas las posiciones de la cultura y se preparó para
amputar en sí mismo todo lo que los polacos tienen de exagerado: la
virilidad, la violencia psíquica, el amor a la patria, la fe, la
honradez, el honor.
Trató con sangre fría y sin reparos sus sentimientos más queridos a la espera de que otros valores le salieran al encuentro.
Valuó
a la familia, a la cultura, a Dios, a la patria, a la realidad y a la
historia. Se fugó de una cárcel en la que tropezaba todos los días con
estos obstáculos y creó un mundo superior soñando con la libertad. Pero
las cimas del espíritu que alcanzó con su conciencia terriblemente
perfilada se le convirtieron otra vez en una cárcel.
Valuó la
existencia y se rebeló contra el mundo en su obra y en su vida y no le
fue tan mal. Fue nimbado con la aureola del genio y se convirtió en un
héroe que peleó contra un mundo muy pesado que le habían puesto sobre
los hombros desde el nacimiento. Empezó a rebelarse contra la familia
en "Ivona" y terminó rebelándose contra la historia en "Opereta",
convirtió a su vida en un Campo de Marte y declaró una guerra muy vasta
con muchas batallas, como lo había hecho Nietzsche.






































