
La Gesta del Traidor
Contaban los trovadores
Que en cierta noche sin luna
Surgían graves clamores
De entre un bosque la espesura
Viajaba trémolo el grito
De una doncella angustiada
Por licántropo maldito
Que a la muchacha atacaba.
Se enredaban los aullidos
Con gemidos lastimeros
Y ya daba por fallidos
La princesa sus esmeros
De pronto la fiera salta
Ansiosa de carne fresca
Sin advertir que la asalta
La punta de lanza enhiesta.
Brillaron con gran asombro
Los ojos de la pequeña
Frente al mozo que tan diestro
Salvábala de su pena.
Fernán de León cubierto
Con yelmo, cota y rodela
Comenzó combate incierto
En defensa de Azucena

Sentado en su palafrén
Con voz valiente y serena
Dijo aquel hombre de bien
A la muchacha tan buena:
"Idos de aquí mi señora
Yo os libraré de este mal.
Por vuestra merced ahora
Lucharé hasta el final"
Y en viendo el monstruo a lo lejos
Empezó presto a cabalgar
Mirando oscuros reflejos
En los ojos del rival
Gritó Azucena fuerte
Apoyando al caballero:
"Quiero enfrentarme a la muerte
Con coraje de guerrero.
No quiero aquí yo dejarte
Pues sé que tu amor sincero
Te hace por mí arriesgarte
Y darme tu ser entero."
Oyó Fernán tal sentencia
Cobrando aún más vigor
Su brazo y con vehemencia
Luchaba con más valor,
Por su dama en la pendencia
Que libraba ante el terror
Del aullido y la inclemencia
De las fauces del horror.
"Mereces mis escarmientos
Lobo perverso del bosque
Ella es de mis pensamientos
La señora pura y noble."
Así estábale hablando
El caballero a la bestia
Que ya se hallaba triunfando
En vil batalla funesta.
Mas justo antes que la espada
Abriese del lobo el cuerpo
De un brinco se le escapaba
A Fernán con desconcierto.
Cabalgó con su corcel
En persecución tan vana
Sin pensar que el lobo aquel
Tendíale trampa arcana.
De León paró la marcha
Oyendo la risa fría
Que aguda como una escarcha
Partíale en dos la vida.
El fiel caballo temblaba
Bajo la niebla sombría,
Azucena se horrorizaba
Por lo que ahora veía.
Irguiéndose cual figura
De ser humano corriente
Surgió la imagen oscura
De Asmodeo el inclemente.
"Debía yo de imaginarme
Que tú perverso hechicero
Buscabas por fin matarme
Llevando disfraz tan fiero."
"¿De qué clase es tu saludo?"
Contestóle el nigromante
"¿Seguirás con ese escudo
Defendiendo hoy a tu amante?
¡Dime hola tan siquiera
O atácame de repente!
¡Harto estoy que por doquiera
No sepan que eres corriente!"
Blandió su sable Asmodeo
Queriendo abrir la garganta
De aquel paladín guerrero
De quien vil gesta se canta
Pues en desigual batalla
Supuestamente por honra
De su querida doncella
Cometió él gran deshonra.
Viendo que el poder arcano
Del nigromante en la guerra
Hacía su lucha en vano
Ante magia tan severa
Yelmo, corcel y rodela
Sujetos al caballero
Dieron sin dudar la vuelta
Dejando atrás el sendero
Donde bajo nube negra
Apresaba el hechicero
A la princesa Azucena
En terrorífico encierro
Traidor, traidor
Fue falso tu amor
Traidor, traidor
Fernán de León

Lloraba con desconsuelo
La hermosa dama Azucena
Bajo la noche del cielo
En que una vez su inocencia
Creyese con celo ciego
Con candor y vehemencia:
El amor que siempre en sueño
Anhelaba en su existencia.
"¡Regresa, vuelve maldito!
¡Tú que por mí te morías!
¡¿Acaso no estaba escrito
Que por mí tu lucharías?!"
Reía el brujo malvado
Llevando a la niña a cuestas
Dichoso de haber triunfado
En lucha más que siniestra
Y gozaba con más saña
Al recordar que Fernán
Tenía en toda la España
La fama de ser rufián.
"No llores por el cobarde
Que nunca entregó su vida
Sino sólo por alarde
De guerras y de conquista
¿Creías que ese guerrero
Era todo un Campeador?
¿Dónde fue aquel caballero
Que a vos prometió su amor?"
Traidor, traidor
Fue falso tu amor.
Traidor, traidor
Fernán de León.
Y entre llantos desgarrados
Que brotaban desde el pecho
Entre gritos aterrados
De Azucena en su despecho
Asmodeo su tristeza
Agravó sin miramientos
Entre los mantos sombríos
Del cielo negro de Hispania
Bajo los robles umbríos
De aquella senda profana
Sació el brujo su instinto
Del vil y carnal deseo
De Azucena en su recinto
Socavar en cruel saqueo.
Comiese el lobo, pues, siempre
La tierna flor que sin mancha
Cantaba lo que en su mente
Oía con voz doliente.
Traidor, traidor
Fue falso tu amor
Traidor, traidor
Fernán de León
Una vez que despojada
De su honor quedó la niña
Por el brujo fue arrojada
Al verdor de la campiña
Allí en soledad plena
Corrió pidiendo consuelo
En medio de aquella pena
Que oscurecía su cielo.
Y hasta despuntar el alba
Vagó por desiertos verdes
Buscando ansiosa la calma
Hallar en sus muros fuertes.

De este modo así la vieron
Llegar hasta su palacio
Sus siervos nunca pudieron
Hacerla
parlar, si acaso
Unas cuantas expresiones
Las que oyendo el rey su padre
Con gran carga de tensiones
Comentó junto a la madre
De Azucena con dolores
y en el alma insoportables
Hacíanse sus temores
Pidió la reina a la moza
Que contara sus pesares
Mas la joven dolorosa
Repetía sus cantares
Traidor, traidor
Fue falso tu amor
Traidor, traidor
Fernán de León.
"¿Qué te ha hecho hija mía
Ese hombre de León?
¿No es aquel quien te rendía
Su más grande devoción?"
"Manda hoy mismo a su cabeza
Poner precio en plata u oro
Pues Fernán en su bajeza
Entregóme al fiero lobo.
Huyendo presto del bosque
Dejóme frente al poder
De Asmodeo que de un golpe
Púdome al fin corromper."
Del rey fue pronto el enojo
Ante la fatal noticia
Y sin vacilar, furioso
Llamó pronto a la milicia.
Fueron reales soldados
Enviados por todo el reino
Tras la copla de malvados
Que en vano dejaba el feudo.
Pronto en humilde comarca
A Fernán se acuchillaba
Bajo el cargo de traidor
Del que tanto se ufanaba.
Y a la vez con capellanes
Los soldados en un prado
Vencían los aberrantes
Trucos del brujo malvado.
De este modo fue vengada
Azucena en su pudor
Y con ansias esperaba
Encontrar al justo amor.
Largo tiempo ella esperó
Y por fin su recompensa
Hasta palacio llegó
Para alumbrar su existencia.
Hoy en día estos agravios
Sin duda que se repiten
Pues no faltan los calvarios
Que provocan los que admiten
Ser como Fernán cobardes
Faltando a lo que prometen
Y aún con grandes alardes
Gozarse en lo que cometen.
Malvados como Asmodeo
O incongruentes cual Fernán
Abundan los que el deseo
Tienen por obrar mal.
Mas vosotras que estáis hartas
De estas afrentas tan viles
Mirad: no son tan amargas
Ni iguales las horas miles
De Azucena la doncella
Quien amor al fin hallara
Dejando muerta la huella
Del hombre que la engañara.
Vale más ser consecuente
Por una causa que se ama
Que gozar de incoherente
En todo el país la fama
Y a ustedes demando ahora
Hacer si pueden su gesta
Una que salve la honra
De los buenos que aun quedan
Haciendo así del pasado
El cantar del trovador
Que una vez hubo entonado
Este coro con dolor
Traidor, traidor
Fue falso tu amor
Traidor, traidor
Fernán de León.

Ignacio Cardenal
10/09/08-3:41 p.m.






































