
Por Víctor Sampayo
Hoy he comprendido tus pasos furtivos.
Intentas escapar de los sueños del poeta,
y además,
llevarte todo a cuestas:
el vértigo lleno de rocío de tus ojos,
el lenguaje perturbador de tu piel,
la zona exacta donde la voz se convierte en caricia…
Pero el poeta no te abandonará tan fácilmente.
Te seguirá soñando con polvo de luna en la silueta,
y pese a tus infantiles rabietas,
quizá lo encuentres algún día
acosándote otra vez con la mirada,
siguiendo el sinuoso vaho de tus colores,
pendiente de cualquier humor
que arrojes a las calles desiertas.
Ya sabes:
tendiendo puentes llenos de árboles y poemas.





































