
EL CAMINO PARA HACER MI POESÍA
Creo que la poesía está formada de los muchos mundos que nos rodean. Los visibles y los invisibles, los lejanos y los cercanos.
Creo que la poesía es origen de una experiencia de vida.
En una ocasión Sebastiano Bertolone –el periodista que se hizo célebre al ser secuestrado por el FPMR- me preguntó -para el diario LA NACIÓN- cómo nacía mi poesía, dónde encontraba mi inspiración.
En el título del artículo publicado –EN TODAS LAS COSAS HAY ALGO DE POESÍA- retrataría él muy bien lo que había querido expresarle.
Las ciudades, los lugares diversos, las sorpresas de la vida, los amores, las aventuras, la muerte y tanto más, conforman materia útil para trabajar la poética.
En mi infancia me llevaban mucho al Valle de Sama (no sé si Sama Grande o Sama Chica, aún no las distingo), muy cerca de Tacna, Perú.
De ese lugar recuerdo un río que cruzaba el valle, un río lleno de camarones y una tierra fértil en árbol de granados, de algodón y otros frutos. Mi bisabuelo Sixto Hurtado era dueño de grandes cantidades de hectáreas.
Desde niño me gustó mucho la naturaleza, tanto que soñé tener algún día un pedazo de tierra.
En Arica yo “practicaba la agricultura” con buen éxito: en una tierra salobre conseguía que crecieran maíz, cebolla, papas y ají…Sin embargo el porfiado (yo) fracasaba en su intento de hacer crecer caña de azúcar.
Hoy que tengo parcelas en el centro de Chile, me resulta difícil cultivar la tierra. Sesenta años no son para la aventura que tenía un infante soñador. Sin embargo me complace mirar la vegetación nativa de ellas. Miro carreteras, caminos, ríos, vertientes, cordillera.
Me alucina a mí la naturaleza.
Yo sería feliz como David H. Thoreau viviendo en ese mundo, pero quizás me pasaría lo que al autor de DESOBEDIENCIA CIVIL.
Me cansaría y volvería a las comodidades de la ciudad, aunque el smog, el tráfago vehicular y la neurosis generalizada (incluida la mía) me abofeteará.
La naturaleza, la tierra no civilizada, aún ofrece ese don de pensar. Ese don de crear.
Recuerdo que en unos cerros de Curacaví se me ocurrieron unos poemas sobre una mujer. Me parecieron logrados. Revisados al pasar el tiempo los encontré “unas burradas” y… los eliminé.
Un día de 1976, estuve “iluminado” una vez en el departamento de Stella Díaz Varín. Escribí como siete poemas de corrido. La colorida y mi “fregado yunta” de aquel entonces, el ahora pintor Sergio Vergara, me pidieron leerlos y los encontraron muy buenos.
Alabanza muy interesante me pareció, puesto que yo sabía por Luis Sánchez Latorre y otros críticos que “la colorida” había sido considerada en un momento la sucesora de Gabriela Mistral.
Esos textos se perdieron.
Una vez –en los RAPSODAS FUNDACIONALES, en Arica- Luis Araya Novoa, me preguntó por el origen de algunos de mis poemas.
Le dije la verdad: LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE nació una noche en la casa de mi abuela de “golpe y porrazo”, cuando terminaba mi pubertad.
Lo mismo aconteció con POESÍA EN FUNCIÓN, que también fue escrito en unos minutos a solicitud de Toñocadima, en el Taller Sol, para una revista que preparaba para vender en aquellos escasos espacios destinados a la cultura: los centros culturales en que había fuerte oposición a Pinochet. Era en los setenta.
Esos dos poemas, como otros, no sufrieron cambio alguno. Se publicaron tal cual nacieron. Tienen los logros y los errores propios, por lo tanto, de lo realizado con espontaneidad.
Otros textos míos han vivido igual proceso. Me sucede como en la crónica. La hago de golpe…Si entro a corregir mucho puedo llegar a desechar el material.
Mi primera musa poética se llamó Carmen. Era una chica muy, pero muy bella, a la que le interesé NADA, aunque era un año mayor que yo…Tendría doce. Me inspiró, pero no le escribí nada. Yo, entonces, no escribía más que mis tareas. Así que la musa se quedó sin poema alguno.
Lo que me sumergía el espíritu era el espacio. Ese lleno de puntos que me hacían reflexionar. Al igual como aquel día en que vi un volantín irse cortado…lejos…muy lejos…¿Se fue al cielo? Me preguntaba yo.
Lo que más me llamaba la atención, eso sí, era la muerte. Me gustaba recorrer mucho el cementerio local de Arica. Me gustaba concentrarme en la tumba de los infantes y en la del Pirata Drake (más falsa), la de la “gitana bailaora nocturna” y la de algunos personajes por la singularidad de sus tumbas…
Allí creo que nació mi poesía, con la ayuda obviamente de la lectura de Rubén Darío y Amado Nervo, primero, y más tarde con la de Neruda y Chocano.
Y años después publiqué mis primeros poemas.
La poesía me presentó a muchas mujeres para el amor largo y para la aventura. A la poesía debo esos logros. Los mejores premios…cuando era joven y medio joven.
¿Qué eso me hizo feliz?
Yo creo que sí.
Al menos en un período de mi vida.







































Voy poco a poco...
...conociendo un poco más de ti, José, ¡cómo envidio a tus musas!
Y, yo creo que TODO ES POESÍA, la vida misma lo es, en todas sus fases, momentos y circunstacias. Ni qué decir de la muerte, con las penas que da, con lo insondable de ella misma, con todo lo que gira en su entorno; en fin ¡SOMOS POESÍA!