
GOMBROWICZIDAS
Por Juan Carlos Gómez
"¡Mísero de mí! Estoy
en cama. Lumbago (...) Le aconsejo, Dominique, que no vaya en coche con
Sandauer; es un pésimo conductor (...) Desgraciadamente no puedo hacer
nada por el momento. Dentro de unos días me propongo elegir para usted
un texto de igual longitud que ‘Dante’. Hitler es demasiado breve, son
apenas dos páginas del ‘Diario’ (...)"
Las relaciones de Sandauer
con Gombrowicz eran ambiguas. Sandauer tenía las manos atadas en la
Polonia Popular, además quizás estuviera tomando alguna revancha de lo
que Gombrowicz había escrito en los diarios sobre él. Lo había
caracterizado como una especie de escarabajo solitario que seguía su
propio camino, un mastodonte, un monje, un hipopótamo, un excéntrico,
un inquisidor, un mártir, un aparato, un cocodrilo... un sociólogo.
"En
una literatura patriótica y moralizante como la polaca, Gombrowicz
representa un fenómeno excepcional. Basta con recorrer cualquiera de
sus libros para convencerse de que, en el lugar del patriotismo, lo que
aquí domina es el egotismo, que el único imperativo de esta obra es la
fidelidad hacia sí mismo"
A
juicio de Sandauer las tendencias progresistas se vieron contrastadas
por el implacable culto a la separación de la literatura de la vida.
Fue el tiempo en que Gombrowicz quería 'cuculizar' la literatura
polaca, ejerciendo una gran influencia sobre sus contemporáneos con su
literatura dominada por el infantilismo y el subconsciente.
En su
novela, cuyo título constituía ya de por sí un programa (puesto que
'Ferdydurke' no significa nada), quiso reducir la vida humana a unos
reflejos infantiles, y las cuestiones sociales a la época de la niñez y
a la esfera de los reflejos subconscientes.
Sandauer centró sus críticas a Gombrowicz sobre su homosexualidad y sobre su fascismo.
"Apuesto
a que estos recuerdos de Berlín caerán las manos de gacetilleros, a que
la política bailará a su alrededor una danza negra, a que yo, artista,
seré entregado al articulista, yo, hombre, me convertiré en pasto de
redactores, en blanco de los ataques de publicistas, seré bocado de
nacionalismos, capitalismos, comunismos y el diablo sabrá qué más, me
convertiré en víctima de ideologías y mitologías, además, seniles,
aniñadas, escleróticas, burocráticas y, en definitiva, perfectas para
tirarlas a la basura"
Pero
no solamente de gacetilleros, también había caído en las manos de
Sandauer, que después de los siete años de silencio que le venían de
Polonia desde la época del deshielo, escribe sobre su fascismo y sus
perversiones sexuales.
Las confidencias que hace Gombrowicz
sobre su homosexualidad son confesiones a medias, porque no siempre lo
había sido, y porque, a su juicio, casi no había hombre que no hubiera
experimentado esa tentación.
"¿Qué puede saber ese cactus de Sandauer, me pregunto,
sobre el Eros, pervertido o no? Para él el mundo erótico siempre será
una habitación aparte, cerrada con llave, que no se comunica con otras
habitaciones de la vivienda humana. La sociología, sí, la
psicología..., éstas son las habitaciones donde se siente como en su
casa. Pero el erotismo es para él una monomanía (...) Algunos verán en
mi mitología del ‘Joven’ la prueba de mis inclinaciones homosexuales;
pues bien, es posible. No obstante, deseo hacer una observación: ¿es
seguro que el hombre más hombre permanece insensible por completo ante
la belleza del muchacho? (...)"
"Y aún más: ¿cabe decir que la
homosexualidad, milenaria, extendida, siempre naciente, no es otra cosa
que extravío....? Y si ese extravío es tan frecuente, si se halla tan
universalmente presente, ¿no es acaso porque prospera sobre el terreno
de una atracción innegable?"
Las fábulas volátiles de los artistas
son consistentes sólo cuando nos revelan alguna realidad, la que fuere,
y la pregunta que nos debiéramos hacer sobre las perversiones eróticas
de Gombrowicz es si ellas han llevado al descubrimiento de alguna
verdad; si no fuera así no vale la pena romperse la cabeza, sería un
caso para ser tratado por la medicina. Para Gombrowicz el hombre joven
debe convertirse en un ídolo del hombre realizado que envejece.
El
dominio orgulloso del mayor sobre el menor sirve para borrar una
realidad, la realidad de que el hombre en declive sólo puede tener un
vínculo con la vida a través del joven, ese ser que asciende, porque la
vida misma es ascendente.
La naturaleza insuficiente y ligera del
joven es un factor clave para la comprensión del hombre y del mundo
adultos, existe una cooperación tácita de edades y de fases de
desarrollo en la que se producen cortocircuitos de encantamientos y
violencias, gracias a la cual el adulto no es únicamente adulto.
Estas afirmaciones,
aunque no están formuladas abiertamente en "Pornografía", son las que
determinan la naturaleza del experimento que lleva a cabo Gombrowicz
con sus tendencias homosexuales.
Pero, para cierta especie de
críticos, la acción de esta novela es un fábula arbitraria y mágica que
ocurre simplemente por orden de Fryderyk, un personaje sobrenatural y
casi divino, que vendría a ser algo así como el alter ego de Gombrowicz.
Las
naturalezas no eróticas como la de Sandauer tienen dificultades para
penetrar en los mundos eróticos, además, las obras de Gombrowicz son
difíciles, sin embargo, la estupidez de los críticos debiera tener un
límite, el límite de no escarbar en las perversiones de Gombrowicz sin
la capacidad de descubrir a qué consecuencias llevan.
El fascismo de Gombrowicz, en cambio, es irreal, de vez en cuando aparece como un reflejo de su crítica al
comunismo y especialmente al provincialismo polaco que lo había atormentado desde su más tierna juventud.
En
el año 1938 viajando de Roma a Venecia Gombrowicz conversa en el tren
con cuatro pilotos italianos: –¿Y si el Duce os ordenara bombardear
todo esto, la iglesia, el palacio, la procuraduría?; –Entonces no
quedaría de esto ni una piedra. Esta respuesta era de esperar, pero fue
sorprendente para Gombrowicz la alegría con la que se lo anunciaban de
una manera triunfal. Lo que les encantaba tanto era el hecho de que se
sentían creadores de la historia, el pasado para ellos había llegado a
ser menos importante que el futuro, podían destruirlo. Este sentimiento
de omnipotencia, aunque no referido a las campañas militares y a los
bombardeos, también lo tenía Gombrowicz.
Gombrowicz vivió en una
época que experimentó un ascenso irresistible de la actividad política
cuyas formas más representativas fueron el fascismo y el marxismo.
Todas las posiciones políticas de Gombrowicz son
ajustes de cuentas que hace entre el individuo y la nación, un pedido
de cuentas a ese pedazo de tierra creado por las condiciones de su
existencia histórica y por su situación especial en el mundo. El
propósito de Gombrowicz es reforzar y enriquecer la vida del individuo
haciéndola más resistente al abrumador predominio del estado y de las
instituciones colectivas que presionan sobre el hombre.
"La derecha
veía en mí a un bolchevique, mientras que para la izquierda yo era un
anacronismo insoportable. Pero de alguna manera veo en ello mi misión
histórica. Ah, entrar en París con una desenvoltura ingenua, como un
conservador iconoclasta, un terrateniente vanguardista, un izquierdista
de derechas, un derechista de izquierdas, un sármata argentino, un
plebeyo aristócrata, un artista antiartístico, un maduro inmaduro, un
anarquista disciplinado, artificialmente sincero, sinceramente
artificial (...)"
Pero Gombrowicz se había tomado
un descanso de un cuarto de siglo alejándose de todas estas tensiones
que lo habían perseguido en Europa.
"Veinticuatro años de esta
liberación de la historia. Buenos Aires: un campo de seis millones de
personas, un campamento de nómadas, una inmigración procedente de todo
el globo terráqueo: italianos, españoles, polacos, alemanes, japoneses,
húngaros, todo mezclado, provisional, viviendo al día... Los auténticos
argentinos decían con naturalidad ‘qué porquería de país’, y esa
naturalidad me sonaba a maravilla después de la furia sofocante de los
nacionalismos"






































