
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ, RAFAEL CIPPOLINI Y MARCELO DAMIANI
Por Juan Carlos Gómez
El
Cebollita es un distinguido integrante del club de gombrowiczidas al
que conocí junto al Aceitoso en el Centro Cultural de España cuando el
Bucanero tiró la casa por la ventana para presentar "Cartas a un amigo
argentino" en una noche memorable.
Siempre aparecían juntos, llegué
a pensar que eran una pareja, pero en lo que respecta a Gombrowicz
andaban detrás de cosas diferentes, el Aceitoso detrás de la
correspondencia y el Cebollita detrás de la traducción de "Ferdydurke".
El
Porcus Hungaricus, por aquel entonces un sombrío profesor de
Literaturas Eslavas de la Universidad de Barcelona y director de la
revista "Lateral", le pidió al Aceitoso que se pusiera en contacto
conmigo después de la aparición de "Cartas a un amigo argentino" pues
tenía interés en publicar parte del epistolario y un reportaje que
tenía que hacerme el Aceitoso.
Tuve algunos encuentros con el
Aceitoso, en uno de ellos con mucha mala suerte pues se le ocurrió
regalarme un libro suyo dedicado. A pesar de todo eran más los
entretenimientos que los disgustos pues el Aceitoso sabía jugar al
ajedrez. Nos pasábamos las horas jugando, era muy buen jugador y me
ponía en aprietos, estábamos postergando el reportaje para el final
pero finalmente el Porcus Hungaricus le puso un plazo perentorio.
Para
salir del apuro, yo no estaba muy inspirado que digamos para hacer un
reportaje con el Aceitoso al que consideraba un don nadie, se me
ocurrió darle los reportajes que ya me habían hecho Cristina Mucci,
Roberto Alifano y Esteban Peicovich. Tan mal no le salió, aunque se le
notaban las partes pegadas, pero al lado de algunas cartas de
Gombrowicz y de otras mías que aparecieron el la publicación del Porcus
Hungaricus, pasó desapercibido.
El Pterodáctilo y el Buey
Corneta presentaron en el Centro Cultural de España "Cartas a un amigo
argentino", y debieron hacerlo junto al Asno, pero como el Asno no pudo
venir desde Tandil le escribió algunas cartas al Cebollita.
"(...)
me imagino a Gómez hablando sin parar y riendo a carcajadas. Una vez me
salvó la vida porque estaba en un hospital con un ataque de hipo que me
impedía tomar los remedios que me salvaron la vida, y sólo de verle la
cara, el ataque de risa (en el borde de la muerte) me quitó el
aterrador hipo que duraba tres días (...) Creo que el joven Alan lo va
a sobrellevar. Horas con Arnesto no son tan malas como horas con Goma
(...) Yo apuesto a que Goma no parará de hablar. Que todo sea a la
mayor gloria de Witoldo (...) Él era el interlocutor filosófico de
Witold, encarnó la voz antagónica del diálogo en presencia del viejo
(...) Yo mantuve una distancia que Witold siempre advirtió y tal vez
respetó más allá de las chicanas y las bromas. Goma fue más generoso
(...)"
Como el Cebollita, a pesar de sus desvaríos patafísicos,
quería aparecer como un escritor serio y muy documentado, me pidió
ayuda para escribir una nota sobre la traducción de "Ferdydurke".
Saqué
copias de algunas páginas del "Gombrowicz íntimo", la versión española
pirata de "Gombrowicz en Argentine" de Marcos Ricardo Barnatán que
apareció en 1987, y concerté un encuentro con el Cebollita en el Centro
Cultural Borges, quería retribuirle la gentileza que había tenido
conmigo copiándome las cartas que le había escrito el Asno.
Pero el
Cebollita me jugó una mala pasada y faltó a la cita. Se me ocurrió
pensar que se estaba vengando seguramente de algo que le había hecho
yo, como se vengaba Gombrowicz del Asno en Tandil cuando el Asno le
hacía bromas pesadas, pero como no sabía de qué se estaba vengando lo
mandé a la mierda que lo parió.
Pasó el tiempo y la vida volvió a reunirnos junto al Esperpento en una mesa redonda del
Malba a la que dieron en llamar "Gombrowicz y los argentinos".
El
título de la ponencia del Cebollita, no podía ser de otra manera, tenía
que ver con el contenido de los documentos que me había pedido a mí:
"La traducción al castellano de ‘Ferdydurke’ es un mito porteño"
El conocimiento que mostró en la disertación sobre este asunto no puede superarse, está a la altura de las mejores exposiciones.
"Son
muchos los que coinciden en que Gombrowicz conocía ‘Ferdydurke’
absolutamente de memoria. Hace apenas unas horas, Juan Carlos Gómez
(más conocido en los círculos gombrowiczianos por su apodo, ‘Goma’)
volvió a narrarme minuciosamente la portentosa escena (...)"
"El
polaco ofrecía a su nuevo interlocutor (fuera quien fuese) la edición
argentina de su novela y le exigía que buscase y optase por tres
palabras cualesquiera, pero consecutivas; el desafío, curiosamente, era
pare él mismo: se obligaba a responder con exactitud la página en
cuestión, ahí donde el desafiado subrayaba su arbitrio. Parece ser que
lo hacía por dinero y casi nunca se equivocaba (...)"
Así
empezó el Cebollita una exposición muy documentada que cautivó a un
público entusiasta. La cantidad de enlaces que estableció para explicar
esta traducción de "Ferdydurke" fue muy grande, vasta nombrar el elenco
de hombres de letras que aparecieron en su discurso: Virgilio Piñera,
Humberto Rodríguez Tomeu, Adolfo de Obieta, Luis Centurión, Manuel
Gálvez, Eduardo Mallea, Arturo Capdevila, Lafleur, Roger Plá, Antonio
Berni, Carlos Mastronardi, Coldaroli, Jorge Calvetti, Ernesto Sabato,
Raimundo Lida...
Y remató la conferencia haciendo mención a las segundas partes que, según todos sabemos, nunca fueron buenas.
"Cuando
hacia 1964 la Editorial Sudamericana decide sumar a su catálogo la
novela que es un éxito en Francia desde su publicación en 1958, Sabato
vuelve a embestir y aconseja reemplazar la histórica traducción por una
nueva. Juan Carlos Gómez, militante ferdydurkista desde 1956, año en
que conoció a Gombrowicz en la Rex, le escribe a Vence, donde reside,
anoticiándolo de la intención sabatina. El polaco responde de
inmediato, defendiendo la labor del Comité: a fin de cuentas, no hacía
otra cosa que defender su memoria. Miles de palabras en su lugar exacto"
Yo
mismo estaba deslumbrado con el conocimiento del Cebollita, pero hacia
el final de la mesa redonda ocurrió algo que me hizo dudar sobre si la
seguridad con la que hablaba el expositor tenía un buen fundamento.
En
efecto, el Cebollita le estaba comentando a una parte del público que
se le había acercado para felicitarlo, algunos de los contratiempos
padecidos por Gombrowicz mientras administraba justicia en los
tribunales de París.
Alrededor de Gombrowicz suelen formarse
algunas confusiones aunque no sé si alguna alcanza la altura de ésta en
la que el Cebollita lo pone a Gombrowicz administrando justicia en los
tribunales de París, pero hay una que le pasa raspando.
Gombrowicz
y el Asno hacen un viaje a Montevideo y van a una conferencia que da
Dickman en la Asociación de Escritores. En la sala flota en el aire la
cortesía, la banalidad y el aburrimiento. Paulina Medero preside la
sesión: –Tenemos el honor de presentar al señor Gombrowicz a quien
saludamos; quizás quiera decirnos unas palabras; –Bien, Paulina, pero
de hecho ¿qué es lo que he escrito? ¿Cuáles son los títulos? Dickman
acude en auxilio de Paulina: –Yo sé, Gombrowicz publicó una novela en
Buenos Aires traducida del rumano, no, del polaco, "Fitmurca"... no,
"Fidefurca". Se produce un malestar generalizado






































