
Hacia una teoría de la esquizofrenia
Bateson, G; Jackson, D; Haley, J y Weakland, J. (Original: 1956.
Fragmento) En: Interacción familiar. Aportes fundamentales sobre teoría
y técnica. Ediciones Buenos Aires, 1980, cap. 1.
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El doble vínculo
Los ingredientes necesarios para una situación de doble vínculo son, en nuestra opinión, los siguientes:
1. Dos o más personas. De ellas, y a los fines de nuestra definición, desigamos a una como la “víctima”. No suponemos que la madre sola imponga el doble vínculo, sino que ello puede deberse a la madre sola o a alguna combinación de madre, padre y/o hermanos.
2. Experiencia repetida. Suponemos que el dobe vínculo es un tema recurrente en la experiencia de la víctima. Nuestra hipótesis no implica una única experiencia traumática, sino experiencias tan repetidas que la estructura del doble vínculo llega a constituir una experiencia habitual.
3. Una instrucción negativa primaria. Puede tener una o dos formas: a) “No hagas esto o te castigaré” o b) “Si no lo haces te castigaré”. Seleccionamos aquí un contexto de aprendizaje basado en la evitación del castigo antes que un contexto de búsqueda de recompensa. Quizá no existan motivos formales para esta elección. Suponemos que el castigo puede ser el retiro del amor o la manifestación de odio o rabia o, lo cual es más catastrófico, el tipo de abandono que resulta de la expresión de extremo desvalimiento por parte de los padres (1).
4. Una instrucción secundaria que contradice a la primera en un nivel más abstracto y, como la primera, está reforzada por castigos o señales que ponen en peligro la supervivencia. Esta instrucción secundaria es más difícil de describir que la primaria por dos motivos.Primero, la instrucción secundaria por lo común es comunicada al niño por medios no verbales. Pueden utilizarse la postura, el gesto, el tono de la voz, la acción significativa y las implicaciones del comentario verbal para transmitir ese mensaje más abstracto. Segundo, la instrucción secundaria puede incidir sobre cualquier elemento de la prohibición primaria; por lo tanto, la verbalización de la instrucción secundaria puede incluir una amplia variedad de formas. Por ejemplo: ” No veas esto como un castigo”; “No me veas como un agente de castigo”; “No te sometas a mis prohibiciones”; “No pienses en lo que no debes hacer”; “No pongas en duda mi amor, del cual la prohibición primaria es (o no es) un ejemplo”, etc. Otros ejemplos se vuelven posibles cuando no es un individuo, sino dos, los que crean el doble vínculo. Por ejemplo, puede negar en un nivel más abstracto las instrucciones del otro.
5. Una instrucción negativa terciaria que prohibe a la víctima escapar del campo. En un sentido formal, quizá sea innecesario incluir esta instrucción como un ítem separado, ya que el refuerzo en los otros dos niveles implica una amenaza para la supervivencia y, si los dobles vínculos se imponen durante la infancia, la huida resulta naturalmente imposible. Con todo, parecería que en algunos casos la posibilidad de abandonar el campo es anulada por ciertos recursos que no son puramente negativos. Por ejemplo, promesas caprichosas de amor, etc.
6. Por último, todos estos ingredientes ya no son necesarios cuando la víctima ha aprendido a percibir su universo en patrones de tipo doble vínculo. Casi cualquier parte de la secuencia del doble vínculo puede bastar entonces para desencadenar pánico o rabia. El patrón de instrucciones conflictuales puede incluso quedar a cargo de voces alucinatorias.
El efecto del doble vínculo
En la religión oriental, el budismo Zen, la meta consiste en
alcanzar la Iluminación. El maestro Zen trata de llevar a su alumno a
la Iluminación, de diversas maneras. Una de las cosas que hace es
sostener una varilla sobre la cabeza del discípulo y decir ferozmente:
“Si dices que esta varilla es real, te golpearé con ella. Si dices que
esta varilla no es real, te golpearé con ella. Si no dices nada, te
golperaré con ella”, Pensamos que el esquizofrénico se encuentra
constantemente en la misma situación que el discípulo, pero lo que
alcanza es desorientación antes que iluminación. El discípulo Zen
podría incorporarse y quitarle la varilla al maestro y este podría
aceptar esa respuesta, pero el esquizofrénico no cuenta con esa
posibilidad ya que, en su caso, no se trata de que la relación no le
importe, y las metas y la capacidad de discriminación de su madre no
son como las del Maestro.
Sugerimos que toda vez que se produce una situación de doble vínculo
cesa la capacidad de cualquier individuo para discriminar entre los
tipos lógicos. Estas con las características generales de tal situación:
1. Cuando el individuo participa en una relación intensa, esto es, una relación en la que siente que es de importancia vital discriminar acertadamente qué tipo de mensaje se le comunica, para poder responder adecuadamente.
2. El individuo se ve atrapado en una situación en la que la otra persona expresa dos órdenes de mensajes y uno de ellos niega al otro.
3. El individuo es incapaz de efectuar un comentario acerca de los mensajes que recibió para corregir así su discriminación en cuanto a qué orden de mensaje debe responder, esto es, no puede hacer una intervención metacomunicativa.
Hemos sugerido que éste es el tipo de situación que se produce entre
el pre-esquizofrénico y su madre, pero también existe en las relaciones
normales. Cuando una persona se ve atrapada en una situación de doble
vínculo, responde defensivamente de una manera similar a la del
esquizofrénico. Un individuo adscribirá un sentido literal a una
metáfora cuando se encuentre en una situación en la que le es preciso
responder, en la que enfrenta mensajes contradictorios y cuando no
puede comentar acerca de las contradicciones. Por ejemplo, cierto día
un empleado volvió a su casa en horas de oficina. Una compañera lo
llamó por teléfono y le dijo en tono jocoso: “Bueno, ¿cómo llegaste
allí?” El empleado respondió: “En auto”. Respondió literalmente porque
enfrentaba un mensaje en el que se le preguntaba qué estaba haciendo en
su casa cuando, en realidad, tendría que haber estado en la oficina,
pero que, debido a la forma en que estaba expresado, negaba que esa
pregunta se hiciera (puesto que el emisor consideraba que en realidad
no era asunto suyo, habló en términos metafóricos). La relación era lo
bastante intensa como para que la víctima sintiera dudas acerca de cómo
sería utilizada la información y, por ende, respondió en forma literal.
Esto es característico de todo el que se siente interrogado, como lo
demuestran las cuidadosas respuestas literales de un testigo en un
tribunal. El esquizofrénico se siente constantemente bajo un intenso
interrogatorio, por lo que habitualmente responde con una insistencia
defensiva en el nivel literal cuando éste resulta totalmente
inadecuado, por ejemplo, cuando alguien bromea.
Asimismo, los esquizofrénicos confunden lo literal y lo metafórico en
sus propias manifestaciones, cuando se sienten atrapados en un doble
vínculo. Por ejemplo un paciente puede experimentar deseos de criticar
al terapeuta porque éste llega tarde a la sesión, pero puede sentirse
inseguro con respecto a qué clase de mensaje constituyó el acto de
llegar tarde, sobre todo si el terapeuta ha anticipado la reacción del
paciente y le pide disculpas. El paciente no puede decir: “¿Por qué
llegó tarde? ¿Es que no quiere verme hoy? Esto sería una acusación, por
lo que utiliza en cambio una aseveración metafórica y dice: “Una vez
conocí a un tipo que perdió un barco, se llamaba Sam y el barco casi se
hundió… etc.”. Así, desarrolla un relato metafórico y el terapeuta
puede o no descubrir en él un comentario acerca de su tardanza. Lo que
la metáfora tiene de conveniente es que hace que dependa del terapeuta
(o de la madre) ver una acusación en el mensaje o pasarla por alto si
lo prefiere. Si el terapeuta acepta la acusación en la metáfora,
entonces el paciente puede aceptar que su aseveración con respecto a
Sam es metafórica. Si el terapeuta señala que ese relato no parece
verdadero, para evitar así la acusación contenida en él, el paciente
puede argüir que en realidad existió un hombre que se llamaba Sam. Como
respuesta a la situación de doble vínculo, el uso de una aseveración
metafórica proporciona seguridad; sin embardo, también impide que el
paciente formule la acusación que desea hacer. Pero, en lugar de
transmitir esa acusación en lugar de que se trata de una metáfora, el
paciente esquizofrénico parece tratar de mostrar que es una metáfora
haciéndola más fantástica. Si el terapeuta pasa por alto la acusación
contenida en el relato sobre Sam, el esquizofrénico puede recurrir
entonces a un cuento en el que viaja a Marte en un cohete espacial, con
el propósito de hacer su acusación. La indicación de que se trata de
una aseveración metafórica radica en el aspecto fantástico de la
metáfora, no en las señales que habitualmente acompañan a las metáforas
para informar al que escucha que se trata de una metáfora.
No sólo es más seguro para la víctima de un doble vínculo recurrir a un
orden metafórico de mensaje, sino que, en una situación imposible,
conviene cambiar y convertirse en otra persona, o bien cambiar e
insistir en que se está en otra parte. El doble vínculo no puede
entonces actuar sobre la víctima, porque no se trata de él y, además,
está en otro lado. En otras palabras, las aseveraciones que muestran
que un paciente está desorientado pueden interpretarse como maneras con
que éste se defiende de la situación en que se encuentra. La patología
aparece cuando la víctima misma no sabe que sus respuestas son
metafóricas o no puede decir que lo son. Para reconocer que habla en
términos metafóricos tendría que tomar conciencia de que se está
defendiendo y que, por ende, teme a la ptra persona. Para él, tal toma
de conciencia implicaría condenar a la otra persona y, en consecuencia,
provocaría un desastre.
Si un individuo ha tenido toda su vida el tipo de relación de doble
vínculo descripta aquí, su manera de relacionarse con la gente después
de un derrumbe psicótico tendrá un patrón sistemático. En primer lugar,
no compartirá con las personas normales las señales que acompañan a los
mensajes para indicar lo que una persona quiere decir. Su sistema
metacomunicativo - las comunicaciones sobre la comunicación - se habría
desecho, y no sabría de qué clase de mensaje se trata. Si una persona
le dijera: “¿Qué te gustaría hacer hoy?”, sería incapaz de juzgar
acertadamente por el contexto o por el tono de voz o el gesto, si se lo
condena por lo que ha hecho el día anterior, si se le hace una
invitación sexual o simplemente qué se le quiere decir. Dada esta
incapacidad para juzgar con precisión lo que una persona realmente
quiere decir y dada la excesiva preocupación por lo que realmente se
quiere decir, un individuo podría defenderse eligiendo entre varias
alternativas. Por ejemplo, podría suponer que detrás de cada
aseveración hay un significado oculto que amenaza su bienestar. Se
preocuparía entonces excesivamente por los significados ocultos y
estaría decidido a demostrar que es imposible engañarlo, como le ha
ocurrido toda la vida. Si elige esta alternativa, se dedicará a buscar
significados detrás de todo lo que la gente dice y de los
acontecimientos casuales en el medio, y mostrará una típica conducta
suspicaz y desafiante.
Podría elegir otra alternativa y aceptar literalmente todo lo que la
gente le dice. Cuando el tono o el gesto o el contexto contradice lo
que la gente manifiesta, podría establecer un patrón consistente en
reírse de esas señales metacomunicativas. Renunciaría entonces a tratar
de discriminar entre niveles de mensaje y trataría todos los mensajes
como triviales o risibles.
Si no se vuelve suspicaz con respecto a los mensajes metacomunicativos
ni trata de reírse de ellos, puede preferir pasarlos por alto. Para tal
fin le resultaría necesario ver y oir cada vez menos lo que sucede a su
alrededor y hacer lo posible por evitar respuestas por parte del medio.
Trataría de apartar su interés del mundo externo y de concentrarse en
sus propios procesos internos y, así, daría una impresión de
retraimiento y mutismo.
Esto significa que si un individuo no sabe a qué clase de mensajes
pertenece un mensaje puede defenderse de maneras que han sido
descriptas como paranoide, hebefrénica o catatónica. Estas tres
alternativas no son las únicas. Lo importante es que no puede elegir
precisamente aquella alternativa que lo ayudaría a descubrir qué quiere
decir la gente; no puede desentrañar sin ayuda externa los mensajes de
otros. En tales condiciones, el ser humano se asemeja a cualquier
sistema autocorrector que ha perdido su regulador y que gira en
distorsiones inacabables, aun cuando siempre sistemáticas.
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1. En la actualidad estamos refinando nuestro concepto de castigo. Tenemos la impresión de que implica la experiencia perceptual bajo un aspecto que no está incluido en la noción de “trauma”.







































EXCELENTE APORTE
Muchas gracias por este resumen