
Destino
Emoción sin raíz y sin espiga
que hincha el corazón de los botones
y desangra en aromas.
Pestañita de lumbre de mis antros
por donde va mi tosca melodía
y revienta en estrellas mi palabra.
Pecado que desgrana su lujuria...
¡con mis manos de barro lo recojo
y me parecen rosas sus espinas!
Polen de luz dormido sobre el alma,
¡Viene ebria la abeja de la vida
y aparecen los besos como estambres!
Marina
Cuán triste te espera mi playa de arena.
Tu mar de belleza se acerca cantando,
me muerde y me deja su sabor de pena.
Cuando ya rendida te tengo a mi vera,
te yergues de nuevo, dejándome sólo
tu beso mordiente de angustia y salmuera.
Mi playa te espera doliente y serena,
pero en esa danza que cimbra tu vida
tú rompes mi pobre corazón de arena.
Mi playa te sigue tendida al ocaso...
Tu cuerpo de fruta, lejano y esquivo,
¡cómo lo tuviera ceñido a mis brazos!
Roble
Cómo le nacen hojas a mi roble.
cómo revientan flores en mis ganchos!
He sido, apenas, la raíz oscura
y hoy el amor me da su linfa grande.
Cómo me abrasa un hálito de surco,
y cómo tremolan mis anillos verdes!
La primavera me besó las manos
y entre los dedos me cuajó esmeraldas.
Gloria de un pobre gajo carcomido:
¡hoy también puedo perfumar el aire!
Decir que tengo suavidad de nido
y lengua de seda que se apaga y arde!
Aves del cielo cobijó mi copa
y se han vuelto cantos todas mis palabras.
Germinal de ensueños me besó la boca
y en hojas y flores reventó el milagro!
La Flauta
Esta flauta tan vieja que canta mientras sueño
¿con qué dedos de azúcar la tocan los pastores?
Mi sombra se divierte y se convierte en vuelo
por esta simple flauta que silba en la colina.
Finos alambres de oro se cruzan en el prado
y son como una vela en el lomo del viento.
Antenas, puentes, febles escaleras de seda,
¿hasta dónde no llega este tren de silencio?
Danzando al viento vienen por el lado del bosque
unas sílfides blancas, cándidas como un ala,
mientras las mariposas con sus cuerpos de loto
velan el viejo encanto de la hoja de parra.
La flauta de mis sueños en su círculo de oro
no abandona su siembra de rica pedrería.
Quiebra al viento los vidrios de sus veinte portillos
y ardida y simple sigue tocando en la colina.
Unas arañas verdes andan en una hoja
glosando esa alegría de convertirse en hilo;
una explora su pago, la otra cae al vacío
y así hacen las urdimbres de sus cachemiras.
Es justo el medio día y el sol parece un faro,
mas las estrellas miran la fiesta en la colina.
¿Qué cosa habrá más buena para lavar las sienes
y florecer, huyendo del pilar de cemento,
que abandonar los remos y tender las raíces
escuchando la flauta que silba en la colina?
Manzana
Eres el Sur Florido, la ágil manzana verde,
eres la buena tierra preparada con tiempo;
y eres el gajo blanco y el racimo de oro
y eres también la estampa de los naipes silvestres.
¿Qué centauro ardoroso con sus cascos de plata
holló el musgo ligero donde estabas tendida?
¿Quién se tendió a la orilla de tu río de sueño
para pescar tu luna y morder tus mañanas?
Corre, corre tus lomas, grácil manzana verde,
huye de pampa en pampa la pasión de los toros.
Nadie te eche su lazo de rocío en el cuello,
nadie te engañe nunca debajo de las higueras.
Que los faunos ignoren tu cantarito nuevo
y que ignoren el vaso de tus néctares buenos,
y la fiesta de cuentas de tus veinte arlequines
riendo como unos diablos debajo de tu cielo.
Luz Unitaria
Quieta y firme en su fondo de dulce índice blanco
y vale decir de hueso puro o de metal sonoro,
o vale decir ruiseñor de piedra santa,
sal descubierta a golpes de herramienta
o campana cantando a golpe vivo.
Y vale decir de hermosa piedra congelada
o de dulce corazón y de lámpara.
Cincelada en celeste como una espada fría
y mas verde que el delgado corazón de alambre,
ni el agua limpia que pesa mas que un río
ni el sueño espeso que le sirve de alimento,
ni aun el esfuerzo de los elementos primarios
que establecen su cuerpo ideal en el aire,
ni la raíz, ni el hueso, ni la lámpara:
sólo su pura y dulce luz de adentro.
Su brasa inmóvil de duro y seco hielo
mas que una imperial estrella de hierro azul,
mas que un agua mineral de agrios filos;
toda encendida debajo de su pollera fría,
hecha hoguera y pan blanco, vuelta unísona leña,
toda retoñando por sus natales substancias,
labrando una sortija antigua con los dientes,
haciéndose una cavidad obscura con las unas,
o un aire propicio para su naturaleza.
Crece su nuez adentro como un órgano nuevo,
crece como un sol solitario en un vientre,
como el diente del niño en la leche blanda;
crece el lento gusano transformándose en hueso,
crece el blanco carbón, crece hacia adentro.
Luminosa materia, en su gran consistencia
hay un gusto a pecado, existe un ciego beso,
una apretada lágrima de sal viva que quema;
hay un crimen violeta en este anillo espeso,
en este unido corazón que suena fuerte.
Canto al Agua
El agua azul y limpia y cristalina
nace desde las lindes de tu pelo
y baja, libre, hasta tus uñas finas.
Al agua canto y sobrellevo en vilo,
al agua azul que desvelada crece
desde tus plantas en delgado hilo.
Al agua, al agua limpia canto y digo:
desde mi oscuro abismo te presiento,
aguacopa, aguacielo y agualirio.
Bebe, María, bebe al agua fría,
pon tu boca en su boca, pon tu vida
sobre el deleite de esa resalía.
Desde tu pie dormido hasta tu pelo
súmate al agua en flor -lágrimas viva-
dilúyete en cristalino terciopelo.
Baja tu frente hasta tocar la piedra,
busca llorando la raíz del agua,
búscala de rodillas en la tierra.
El Grito
Me dicen
que respete las leyes,
la Constitución del Estado,
los reglamentos,
las costumbres establecidas.
No puedo acatar nada,
soy una hoja,
nada tengo que hacer con esas flores,
por ese anchuroso lado
sobro de pie a cabeza.
Me cuentan al oído
historias edificantes
de oficiales pundonorosos
y funcionarios de carrera;
pero yo soy un pájaro perdido
no tengo medallas,
no estoy obligado a nada.
Me crié en la espesura,
vengo de la hojarasca
y, ay Dios, si yo pudiera,
al retornar a tierra
recobrar mis instintos:
comerme al hombre quiero,
al hombre con corbata,
con bisagra,
con plancha,
comerme al hombre quiero.
Me miro en lo que soy,
entre real, a veces, o hipotético;
me palpo con los ojos
y me descubro sobrevivido,
me pesa sobre los hombros
el traje de diablofuerte.
Con ojos inmisericordes
me contemplo:
me condeno a mí mismo
por mi carencia de afirmación y desafío,
por mi impasible cara de palo.
Difícilmente encuentro
razones que me justifiquen.
Apretando los dientes me pregunto
¿quién te da el pan, poeta,
si tú no lo sustraes
destripándote a tí mismo
—asesino evidente—,
rasguñando día y noche
empecinado y mañoso
sobre una costra dura?
Me vienen ganas incontenibles
de incendiar la oficina,
echar al diablo tanta papelería inútil,
números, oficios, fichas
horarios y estadísticas
sin pasión ni rocío.
Tanto fórmula estricta
y tanto timbre,
y para arriba y para abajo
tanto usía,
y por las orillas
ningún arranque de la sangre,
ningún beso salvaje,
ningún trino.
Entre tanto
la Secretaria al frente,
perfumada y alada:
boca, nariz, garganta,
pestañas como alamedas.
Qué hace tu sangre antártica, entonces,
bestia domesticada,
qué hace tu diente carnicero,
perro de presa.
Tránsito suspendido,
subió la leche,
no hay carne en ninguna parte,
escondieron el té;
debes pagar impuestos,
te queda un saldo en contra,
debes siete botellas,
viene la policía.
Irme saltando muros
como escapado de la cárcel,
correr con el corazón fuera del pecho
hasta los propios límites del mundo,
hundirme en la soledad,
perderme en el vacío.
Háblenme de la ley escrita,
del estatuto orgánico,
de la educación, señores;
El buen comportamiento
y las buenas maneras.
Qué tiene que ver con esas plumas
un buscador de miel como yo,
un picaflor, a penas,
que con el aire puro se emborracha.
Un día nací, es cierto,
pero nací llorando
y tan evidente disconformidad
afirma mi derecho
a contrariar los códigos impuestos,
a defender como una fiera
mis deleitosos defectos:
únicas conexiones
que tienen sabor a vida.













































































































































Comentarios recientes