
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ, JERZY GIEDROYC Y MIECYSLAW GRYDZEWSKI
por Juan Carlos Gómez
Cuando
Gombrowicz se va de Polonia en 1939 y llega a la Argentina deja de
escribir, recién empieza otra vez a dar señales de vida en 1948 cuando
publica una pieza de teatro a la que llama "El casamiento".
Hacia el
año 1930 había empezado a frecuentar los cafés literarios y escribía
novelas cortas, ésas que después publicó con el nombre de "Memorias del
tiempo de la inmadurez". Decide permanecer en Radom pero choca con la
hostilidad de los abogados locales que en su gran mayoría pertenecían
al Partido Nacional, una agrupación política de derecha. Los
partidarios de esa agrupación se escandalizaban por las relaciones que
tenía Gombrowicz con centros de izquierda y, particularmente, por las
que tenía con "Wiadomosci Literackie". Desde ese mismo momento renunció
a la continuación de su carrera jurídica.
"Era una época en la
que estaba en mala disposición con el arte. Me saturaba de Schopenhaher
y de su antinomia entre la vida y la contemplación, y de Mann en cuya
obra ese contraste tiene un aspecto más doloroso. El arte era para mí
el fruto de la enfermedad, la debilidad, la decadencia; los artistas,
por así decirlo, no me gustaban, personalmente yo prefería al mundo y a
la gente de acción. Estas fobias, a mi edad, eran apasionadas, yo tenía
entonces veinticinco años, que es cuando todavía no se ha renunciado a
la belleza. El mundo artístico me atraía por su libertad y su
resplandor, pero me repudiaba física y moralmente"
A
partir de 1950, cuando ya lleva dos lustros largos en la Argentina,
establece relaciones con la revista de los emigrantes polacos de París
que le empieza a publicar todo lo que escribe.
Gombrowicz llega
a París en 1963 y lo primero que hace es ir de visita a
Maisons-Laffitte, la casa de "Kultura", la publicación de los polacos
en Francia.
"Me alegro de verle; –¡Hombre, Jerzy, por amor de Dios,
no pensarás tratar de usted a alguien con quien te tuteas desde hace
años por carta!; –Sí, de acuerdo..., de veras me alegro mucho de que
hayas venido; –¡Qué casita! ¡Da gusto verla!; –Es bastante espaciosa y
cómoda, está bien para trabajar...; –Jerzy, palabra de honor, ya estoy
a la altura de Mickiewicz, no hay ninguna duda, a la gente le tiembla
la voz cuando habla conmigo por teléfono; –Vaya... A mí no me gusta
demasiado Mickiewicz"
Las
relaciones entre Gombrowicz y Giedroyc, el director de "Kultura", no
fueron siempre buenas, un año después de este primer encuentro tan
amable nos hace llegar desde Royaumont unos comentarios un tanto
desdeñosos sobre este personaje.
"El 17 de mayo me fui de Berlín
a París en avión, viaje muy bueno, de Orly (aeropuerto) a Maisons
Laffitte donde está la casa de 'Kultura' donde me quedé una semana y
mejoré un tanto.. El 24 me fui, acompañado por mi sobrino, a Royat, un
lugar especial para enfermos de corazón, cerca de Clermont Ferrand
(sierras de Auvergne). Después de tres días de búsqueda desesperada de
piezas hablé por teléfono con Giedroyc diciendo que me propongo volver
a 'Kultura'. Pero el hijo de puta dijo que solamente por una semana
será posible porque tiene otros invitados. Esto ha provocado una
indignación general: la mía, la de Kot, la de Bondy, la de Nadeau etc.
Y me procuraron un sitio extraño la vieja abadía (abbaye) de Royaumont,
a 30 km. de París, donde hay un lugar de reposo para artistas y un
centro cultural"
Cuando
la guerra destruyó a toda Polonia y a buena parte de Europa los polacos
trasladaron su actividad literaria a "Wiadomosci" en Inglaterra y a
"Kultura" en Francia.
El redactor de Wiadomosci, Mieczyslaw
Grydzewski, no gozaba de la simpatía de Gombrowicz, pero sí empezó a
gozar de mi propia simpatía después de haber leído un relato muy
llamativo que aparece en "Recuerdos de Polonia"
Gombrowicz
le había echado el ojo a una joven que lo miraba con cierto interés; un
día Gombrowicz se animó y la invitó a tomar un té en su casa: –De
acuerdo, ¡pero que no nos vea nadie!; –Bien, mañana a las cinco la
espero en casa. Al día siguiente, mientras aguardaba a la joven, lo
llamó por teléfono Grydzewski; ese redactor era un arrogante obtuso que
se daba aires con tono de comandante en su revista de espíritu masónico
liberal.
En ese momento llegó la señorita recatada, Gombrowicz
decidió hacer esperar a Grydzewski para que juntara rabia, finalmente
levantó por segunda vez el tubo: –¿Por qué hay que esperarlo tanto
tiempo a usted?; –Disculpe, Grydzewski, me he demorado un poco en el
water– esto se lo dijo vocalizando lentamente cada palabra.
La joven
escuchaba esta conversación y se le acrecentaban las preocupaciones:
–¡Usted seguramente se imagina Dios sabe qué cosas! ¡Pero yo no soy de
esa clase de mujeres...! He venido para hablarle seriamente, quiero
ayudarle, veo que usted se atormenta; –Bueno, pero, ¿no considera usted
que me ha engañado?; –¡Por quién me toma usted! Sí, es verdad que usted
me interesó, ¡pero sólo porque usted es un hombre descarriado!
La
rabia que tenía Gombrowicz contra algunos personajes de Polonia de
antes y de después de la guerra se me hizo otra vez presente cuando
recibió el Premio Internacional de Literatura.
"¡Oh, literatura
polaca! Yo, el andrajoso, el desplumado, el maltratado, yo, el
presumido, el renegado, el traidor, el megalómano deposito a tus pies
este laurel internacional, el más sagrado desde los tiempos de
Sienkiewicz y de Reymont!"
Especialmente atormentaba a los polacos londinenses de la revista "Wiadomosci", a los que trataba como a un nido de víboras.
"¡Lo
veis palurdos! (...) Qué fácil es permanecer con los Copérnicos.
Resulta más difícil adoptar una actitud inteligente y honesta ante los
valores vivos de la nación"
Los
amigos le reprochaban que se pusiera a discutir con cualquiera, pero a
él le gustaba aporrearse con el primero que se le cruzaba en el camino.
De esta manera se disipaba la superioridad artificial del escritor,
desaparecía la distancia que lo protegía de los lectores, y se
manifiestaba con crueldad la superioridad esencial y la inferioridad
real.
El juicio del inferior hiere y duele, y no es verdad que
a los escritores no les importe en absoluto. Las cotizaciones de
Gombrowicz estaban del lado de "Wiadomosci Literackie", una revista que
no aceptaba de ninguna manera el antisemitismo, su redactor, Mieczyslaw
Grydzewski, era sin embargo bastante obtuso. Bastó que el protagonista
de "El diario de Stefan Czarniecki" hubiese nacido de padre aristócrata
polaco y de madre judía para que las relaciones entre Gombrowicz y esa
revista de masones liberales se enfriaran.
La
poetisa polaca y neoyorquina Anna Frajlich-Zajak. no comparte la idea
de que Grzydzeski haya sido bastante obtuso, como yo afirmo en un
gombrowiczidas al que di en llamar "Los homúnculos".
"Comparto
las esperanzas de Juan Carlos Gómez pronunciadas en la ultima frase,
aunque la táctica no me perece del todo buena (...)"
"¿No se pueden
defender unos valores sin desacreditar a otros? Grzydzewski no fue
‘bastante obtuso’, fue un hombre de carácter fuerte, fundó y dirigió su
revista durante muchos años a pesar de las dificultades (...)"
"Creo
que también para Herbert, incluso teniendo en cuenta su alcoholismo,
uno podría encontrar una expresión más adecuada (...)"
"La
desaparición de ‘Ferdydurke’ de la lista de los libros obligatorios es
escandalosa. ¿Pero qué puede esperar uno de la dictadura de los Pimkos?
El problema es que fueron elegidos en elecciones libres"






































