
GOMBROWICZIDAS
por Juan Carlos Gómez
Después de
haber confundido el año del centenario de Silvina Ocampo con el año del
centenario de Gombrowicz, la Hierática de Emecé quedó muy apenada y se
puso a mi disposición: –¿Por qué no le ofrecés "Gombrowicz, y todo lo
demás" a la Vázquez, la de la Fundación Victoria Ocampo?; –¿Te parece?;
–Sí, le gustaba Gombrowicz. Y bueno, qué le hace una mancha más al
tigre, pensé yo, y hablé con la Abeja Reina. Mientras ella me decía que
nunca le había gustado Gombrowicz pero que tenía interés en leer mi
libro me acordé de algo.
"Qué me dice, Gombrowicz, Borges se casa
con una tal María Esther Vázquez, una escritora del grupo ‘Sur’. Esta
mujer tiene una historia trágica. Hace unos años rompió con su novio.
El hombre, atormentado, quiso reconquistarla y le propuso un encuentro
que la Vázquez aceptó. Mientras tomaban un café ella le explicó que la
relación amorosa estaba terminada, entonces, ese Werther moderno, sacó
una pistola, se disparó un tiro en la sien, y cayó muerto sobre la
Vázquez, así que la pobre ya está acostumbrada a que le caigan muertos
encima"
Es
el pasaje de una carta que le había escrito a Gombrowicz en el año
1964. Mis cartas no están publicadas en la Argentina pero sí están
publicadas en Polonia, así que quedé muy preocupado por saber qué me
iba a responder la Abeja Reina, a ver si algún buey corneta no le
pasaba el cuento, mucho más preocupado de lo que había quedado con
otros editores.
Pero la Abeja Reina me atendió con una gran
cordialidad, sin embargo, al poco tiempo de hablar con ella descubrí
cómo yo, casi sin darme cuenta, empezaba a ocuparme más de lo que la
Abeja Reina hacía con sus cosas que de lo que ella hacía con mi libro.
Cuando me contó que la Fundación Victoria Ocampo estaba poniendo en "El
Coliseo" una ópera que hacía doscientos años había bajado del escenario
y que le habían hecho un reportaje en "Nova" me di cuenta que no podía
hablar con ella de "Gombrowicz, y todo lo demás" porque no lo había
leído.
Y
aquí me apareció con una claridad meridiana una forma adicional del
rechazo, a las cuatro formas que ya tenía contabilizadas, una forma con
una estructura similar a la de la contratransferencia. En efecto,
empecé a tener reacciones inconscientes frente a la Abeja Reina que me
hacían sentir culpable de no conocer sus asuntos con la debida
extensión y profundidad. Es una modalidad muy usada por el Perverso que
provoca con sus transferencias este tipo de reacciones.
Llegado a
este punto decidí alejarme de la Abeja Reina pues no dispongo de las
técnicas para llevar adelante una relación de esta clase.
Cuando ya
pensaba en dirigirme a otro Protoser con el libro bajo del brazo
ocurrió algo inesperado, la Abeja Reina me comunicó que había leído el
libro, que le había resultado interesante y que lo pensaba incluir en
la selección de libros publicables en el programa del año próximo.
Pero
llegados a este punto, en forma inesperada, el hombre de los pies
ligeros se me cruzó en el camino. Zenón de Eléa es el representante más
conspicuo de las paradojas de la naturaleza dialéctica del movimiento.
El movimiento era para ese griego insigne una apariencia de los
sentidos y por ese motivo la razón no podía dar cuenta de él. La
paradoja de Aquiles y la tortuga es inmortal.
Si Aquiles disputa una
carrera con la tortuga y le da ventaja en la salida no la podrá
alcanzar pues en el tiempo que le demanda llegar donde estaba ella en
el momento de la partida la tortuga algo caminó. Este análisis se
repite para la segunda posición de los contendientes y aunque los
tiempos y los recorridos se van acortando a medida que ambos avanzan el
razonamiento se puede repetir en forma infinita y entonces Aquiles no
la alcanza nunca.
En este
trajín interminable que tengo con los editores identifiqué cinco
procedimientos con los que los editores le han cortado el paso a
"Gombrowicz, y todo lo demás" lo que me ha permitido desarrollar una
tipología de estos Protoseres que no admite otras variantes; eso
pensaba yo, la Abeja Reina me demostró lo contrario.
Para entender
bien lo que me sucedió en este caso con "Gombrowicz, y todo lo demás"
vamos a suponer que yo soy Aquiles y la Abeja Reina es la tortuga. La
primera distancia que tuve que recorrer fue la de la lectura, pero
cuando ella lo terminó de leer ya no estaba en el punto de partida, se
hallaba ocupada en la puesta de una ópera que hacía doscientos años no
subía a escena. Recorrí la segunda distancia para alcanzar el punto del
fin de la ópera y tampoco la encontré en esta segunda posición, se
aproximaban las fiestas de fin de año y ya despuntaba el verano.
Recorrí la tercera distancia para llegar al punto en
el que las vacaciones llegaban a su fin y otra vez no la encontré, la
Abeja Reina estaba preparando el tercer volumen de Victoria Ocampo y la
Feria del Libro.
Entonces caí en ese estado hipomaniacal en el que
de vez en cuando caen los genios y en medio de destellos brillantes que
me venían de la inteligencia descubrí que estaba en presencia de una
modalidad de la paradoja de Aquiles y la tortuga y que no iba a
alcanzar nunca a la Abeja Reina, había algo en su rostro que me lo
había estado diciendo desde el principio, un rostro que parece detenido
en aquel tiempo en el que el Asiriobabilónico Metafísico le propuso
matrimonio.






































