
“MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI”
Yo tenía escasa información del poeta Eugenio Montale en octubre de 1975, cuando se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura.
En aquellos días fui al departamento de la poeta Stella Díaz Varín -en la Villa Olímpica- junto a los poetas Francisco Medina Cárdenas y Sergio Vergara Arteaga, éste último hoy constituido en una figura importante de la expresión plástica chilena.
Stella nos había invitado a una comida, la que compartimos con vino y mucha conversación sobre poetas y política, con ácidas críticas de la creadora y nosotros a diversos autores que en esos días publicaban. O la poeta se reía o se enfurecía…teníamos que saber que no podíamos hablar bien de un autor que ella rechazara. “Huevón” era el término suave que la aeda nos aplicaba si alguno de nosotros cometía la imprudencia señalada.
Ella nos mostró las fotografías de su juventud en que deslumbraba por su belleza. Stella parecía una actriz de cine.
En medio de todo ello Sergio Vergara Arteaga me señaló un libro que andaba trayendo. “Es el último Nobel”, me dijo. Era un libro de Eugenio Montale. Le pedí me lo facilitara para hacer una crónica sobre el poeta, antes que otros la hicieran en medio del impacto que había provocado el que él hubiese ganado la más alta recompensa en la escena literaria mundial en ese año de suma tristeza en Chile.
Leer a Eugenio Montale fue un gozo. Aunque me costaba llegar a entender los espacios de su hablar lírico, éste me producía una sensación de encontrarme frente a la belleza enorme hecha poemas.
Los caminos que indicaba el enorme bardo estaban a la vista, haciéndome sentir que lo difícil, lo hermético, no puede, no deja de tener ese eco de dulzura que ronda la creación de los poetas mayores.
Yo conocía más a Ungaretti que a Montale, y aunque el primero me parecía un poeta difícil, aún más difícil encontré a Montale.
Por ello cuando le entregué –escrita a máquina, medio oficial de escritura en los setenta- la crónica a Luis Sánchez Latorre (Filebo), y dudé del título, le señalé que este poeta me parecía más hermético que Ungaretti y que esa opinión no era sólo mía sino que era casi general en los que le habían estudiado.
“Entonces póngale ese título”, me dijo Luis Sánchez Latorre y yo no cavilé. Así salió publicado el artículo al día siguiente: “MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI”, el sábado 1 de noviembre de 1975.
Aún –releyendo de nuevo a Eugenio Montale- sigo encontrándolo un poeta hermético y, sin embargo, también entiendo los senderos luminosos de sus versos.
He releído algunos poemas de este gran poeta del siglo veinte y he decidido inclinarme por publicar “Las ocasiones Motetes”. Poema breve, pero menos difícil que la mayor parte de su poesía.
LAS OCASIONES MOTETES
Lo sabes: debo volver a perderte, y no puedo.
Como la conmoción de un tiro preciso
cada obra, cada grito e incluso el suspiro salino
que se desborda
desde los muelles y oscurece en Sottoripa
la primavera.
Lugar de arboladuras y de ferreterías
una selva en el polvo de la tarde
un largo zumbido viene desde fuera
desgarra como uña sobre vidrios.
Busco el signo perdido, la única prenda
recibida en gracia
de ti.
El infierno es cierto.
(Traducción de Juan Mauro)
Eugenio Montale nació en Génova en 1896 y falleció en Milán en 1981. Su libro más importante sea, quizás, “Huesos de sepia”.
Deseo reproducir unas líneas de aquella antigua nota: “En la poesía de Eugenio Móntale se manifiesta la búsqueda que el creador ha hecho en el campo de este arte. Su voz, muy intrínseca, se encuentra presente desde su primer libro publicado en 1925. Ha llegado a caminos tan nuevos la poesía de Montale que se le ha podido calificar como un creador más hermético que Ungaretti”.
FUENTES:
“Montale, más hermético que Ungaretti”, José Martínez Fernández. LAS ÚLTIMAS NOTICIAS, 1 de noviembre de 1975.
“”Montale, la vida”, Giuseppe Bartolucci. EL MERCURIO, 16 de junio de 1996.
Otras fuentes.






































