
GOMBROWICZIDAS
"Te mando un abrazo
ferdydurkiano y seguiré leyendo tu interminable búsqueda del polaco
perdido, ¡abrazo y buen 2009! Tomás Abraham"
De todos los hombres de
letras hispanohablantes miembros del club de gombrowiczidas sólo hay
cinco que han desarrollado hasta cierto punto una estructura de
pensamiento para sacar a la superficie los misterios de Gombrowicz, a
saber: el Vate Marxista, el Filósofo Payador, el Gnomo Pimentón,
Revólver a la Orden y el Pato Criollo.
Cada uno a su manera ha
puesto el énfasis en algunas de las características de Gombrowicz y
elaborado una guía para encontrar una unidad entre la vida y la obra de
este personaje fascinante. De estos cinco gombrowiczidas el más
extravagante es sin duda alguna Revólver a la Orden al punto que a
veces resulta contradictorio.
"Agrego que el único contacto que
tuve con César Aira, fue cuando yo dirigía la revista La Caja y le pedí
un artículo que rechacé. Me envió un relato filosófico de una
simplicidad que me pareció infantil y que debía valer por su firma. La
ideología de la revista era antifirma, no porque las firmas no valieran
sino porque no valían por sí mismas. Me dijeron que Aira se sorprendió,
actitud que sabe disponer con frecuencia. Es un hombre que sabe cómo,
dónde, y especialmente cuándo sorprenderse"
El
contacto de Revólver a la Orden con el Pato Criollo es ambivalente, y
de esta ambivalencia tuve que protegerme en una ocasión en la que el
Pato Criollo me dio un consejo. La cosa es que el Zorro, de la Embajada
de Polonia, me mordía los tobillos y me daba golpes en las costillas,
quería que consiguiera participantes para la mesa redonda de la Feria
del Libro en el año del centenario.
No le entraba en la cabeza
cómo podía ser que todos se negaran, era un desaire para Gombrowicz,
para los ponentes polacos y, en fin, para todos los polacos que vivían
en la Argentina. El Pato Criollo, que se había retobado personalmente
en las mismas narices del Zorro, me sugirió que, perdido por perdido,
lo invitara a Revólver a la Orden, un filósofo escritor para el que no
existían dificultades, pero no me atreví a tanto, me pareció un
desatino de parte del Pato Criollo, casi con seguridad se proponía que
yo introdujera en la mesa un participante que, por distinguiese del
resto, podía despacharse con cualquier extravagancia.
Revólver a la Orden es filósofo, escritor y tiene un apodo muy adecuado a los servicios que presta.
En
efecto, el periodismo lo suele consultar sobre los asuntos más
variados. Un tiempo atrás respondía por radio a una consulta que le
hacían sobre la veracidad de la medición del índice de inflación que
hacía el gobierno y sobre la crisis argentina.. Las respuestas fueron
paradojales, como lo suelen ser las respuestas de este pensador
profesional, la medición de la inflación podía no ser verdadera pero
teníamos que estar a ella para evitar que nos sobrevinieran tiempos
apocalípticos.
Este
miembro connotado del club de gombrowiczidas tuvo una intervención
rutilante en una de las pasadas Ferias del libro. Con su carácter
categórico y versátil –que ejercita todos los jueves desde hace veinte
años en una aquelarre filosófico que tiene un apartado llamado
Gombrowicz en el que oficia de numen del Esperpento– les comentaba a
los periodistas radiales que había presentado un libro sobre la pasada
crisis argentina en la que cayeron en picada el principio de autoridad
y la economía.
Se paseó con erudición por las ideas del pasado y
del presente, afirmó que el negocio de la filosofía permanecía más o
menos sin variantes desde hacía algunos años, dijo que Heidegger no era
tan nazi como la gente creía pero sí era un cagón, y manifestó que
había estado de acuerdo con el presidente de la Argentina hasta el
momento en que se declaró un adalid de los derechos humanos al tiempo
que le daba entrada a los años setenta como si hubieran sido el
mismísimo siglo de Pericles.
Hasta
aquí, nada de especial, los conductores del programa radial y el
filósofo se despidieron cordialmente. Sin embargo, a los pocos minutos
la radio pasó el comentario grabado de una oyente: –Soy Mercedes de
Castelar, por qué no le dicen a ese filósofo que se vaya a la remil
puta madre que lo parió.
Es curioso que a la casa de Gombrowicz
puedan entrar con cierta facilidad personas que están dispuestas a
opinar sobre cualquier cosa, como es el caso de Revólver a la Orden, y
otras personas que no están dispuestas a opinar sobre nada, como es el
caso del Pato Criollo. La intención de alcanzar la universalidad de los
espíritus es un propósito deliberado de Gombrowicz.
No fue en el
cristianismo que Gombrowicz alcanzó esta universalidad, pero algo
milagroso ocurrió e hizo posible que personas tan distintas como el
Pato Criollo y Revólver a la Orden pudieran entrar a la casa de
Gombrowicz como si fueran hermanos.
La naturaleza policial y matemática de "Cosmos" atrajo la atención por algún tiempo de este filósofo multifacético.
"Cosmos"
es un relato que tiene una extraña relación con las ciencias duras,
especialmente en lo que concierne a los desarrollos de series y al
análisis combinatorio, un asunto que ha despertado el interés no sólo
de nuestro Revólver a la Orden sino también, y muy especialmente, el de
Gilles Deleuze.
Las reflexiones que hace Revólver a la Orden sobre
"Cosmos", sin embargo, deben ser tomadas con cuidado en razón de las
características teatrales con las que se manifiesta este filósofo
gombrowiczida.
El caso de Gilles Deleuze es diferente. Deleuze habla de Gombrowicz en un curso que da sobre la
confrontación entre Whitehead y Leibniz como un ejemplo del escritor que sale del caos haciendo series.
Para
Deleuze, "Cosmos" es el desorden puro del que Gombrowicz sale
organizando dos series diferentes, la de los ahorcados y la de las
bocas. Después habla de la tonalidad afectiva fundamental de Leibniz y
de la de Descartes, la tonalidad afectiva fundamental de Cartesius
vendría a ser la sospecha.
La filosofía es para Deleuze el arte de formar, de inventar y de fabricar conceptos, una idea realmente interesante.
"Sólo
hay una manera de salir del caos, haciendo series. La serie es la
primera palabra después del caos, es el primer balbuceo.. Gombrowicz
hizo una novela muy interesante que se llama ‘Cosmos’, donde él se
lanza, como novelista, en la misma tentativa. ‘Cosmos’ es el desorden
puro, es el caos, ¿cómo salir del caos? (...)"
"La novela de
Gombrowicz es muy bella, muestra cómo se organizan las series a partir
del caos, sobre todo hay en ella dos series insólitas que se organizan.
Una serie de animales ahorcados, el gorrión ahorcado y el pollo
ahorcado, y una serie de bocas, series que se interfieren la una con la
otra y poco a poco trazan un orden en el caos. Es una novela muy
curiosa que uno no habría terminado de leer si es que no se hubiera
metido de cabeza en ella"
Revólver
a la Orden hace comentarios humorísticos en "Fricciones" sobre la
actitud de algunos amigos de Gombrowicz respecto a las cartas que les
había escrito, los hace con el propósito de restarle el aire sacro a
cierto tipo de grandeza. Yo también hago comentarios humorísticos sobre
Revólver a la Orden, así que debiéramos estar en paz.
"Gombrowicz
es un escritor, un gran escritor testimonial. De su obra de ficción la
que más me entusiasma es ‘Ferdydurke’, pero no hay como sus diarios y
su labor crítica. Gombrowicz es el pensador más importante de la
contracultura, del contramonumento, es el que mejor entendió la
conducta de los intelectuales y artistas en los países periféricos, ese
aspecto provinciano, centrado en su propio ombligo y anhelante por
trascender en los países centrales. Polonia es argentina (...)"
"No
tuve la desgracia de conocer a Gombrowicz, de todos modos no lo habría
soportado, era demasiado inteligente y seductor. Aquellos que sí lo
hicieron todavía hablan de él como la mejor anécdota de sus vidas"
"(...)
‘¡Tengo una carta de Gombrowicz!’ gritan algunos. Gombrowicz le dio
‘forma’ a mi desprecio humorístico de la gente que cree que la cultura
la hace mejor ser humano, sobre todo, más importante. Gombrowicz
estudió las relaciones entre el poder y el símbolo mucho mejor que
Bourdieu (...)"
"Gombrowicz y Schulz no se necesitaban, eran
autónomos, se cruzaban y les daba nutrimento hacerlo. Schulz necesitaba
todo, por eso parecía inexpugnable. Era imposible pisarle la cabeza
porque se enterraba solo, pero tengo todas la sensación de que era un
hombre diabólico. Detrás de un sumiso hay un fauno agazapado.
Gombrowicz jamás le encontró la vuelta. Witoldo era un especialista en
poses, es decir en pretensiones, Schulz aparecía con candor sin aspirar
a nada, era una fortaleza de humildad, y, claro, talento"






































