
GOMBROWICZIDAS
por Juan Carlos Gómez
Las
observaciones que se pueden hacer en un laboratorio tienen una
diferencia insalvable con las que se pueden hacer en la vida, en el
laboratorio se pueden repetir más o menos exactamente las condiciones
iniciales, en la vida no se pueden repetir ni siquiera aproximadamente.
Es
por esta razón que no podemos saber cómo hubiese sido la obra de
Gombrowicz y aún Gombrowicz mismo, si no hubiera venido a la Argentina,
pero en todo caso podemos suponer que algo distintos hubieran sido.
Sea
como fuere debemos decir que el viaje de Gombrowicz a la Argentina debe
tener una causa y un momento de nacimiento, vamos a hablar entonces en
este gombrowiczidas de quién fue el responsable de darle el empujón en
Polonia y también de qué cómplices tuvo en la Argentina.
El
primer conocimiento que teníamos sus amigos de cómo se vino a la
Argentina aparecía en un relato que él mismo hacía en el café Rex. El
relato del viaje era el primer plato de la conversación con Gombrowicz
y fue escuchado por todas las personas que se acercaban al autor de
"Ferdydurke" en aquellos años.
Nos
decía que en el barco era invitado de honor, que almorzaba en la mesa
del capitán con el que sostenía conversaciones filosóficas y al que le
daba consejos místicos. Repetía hasta el cansancio que no le había
gustado Río de Janeiro porque su vegetación era demasiado verde y
porque los morros eran muy dudosos, y tantas veces como lo de la
vegetación, repetía que no había regresado a Polonia por los intensos
estudios del alma sudamericana que había iniciado el día anterior a la
partida del barco.
Por qué se fue Gombrowicz de Polonia y no
volvió es un misterio que nadie sabe explicar, ni él mismo lo entendía
con claridad. Todo empieza en un café, como tantos otros asuntos de
Gombrowicz.
Un día, en el Zodiac, un café de Varsovia, se encuentra
con un amigo escritor, Czeslaw Straszewicz: –Me voy a Sudamérica;
–¿Cómo es eso?; –Dentro de un mes, el nuevo transatlántico polaco
Chrobry leva anclas para Buenos Aires, será su primer travesía. He sido
invitado como escritor para publicar algunos artículos en los
periódicos; –Oiga, ¿y no podrían invitarme a mí también?; –Podemos
probar. Les propondré su candidatura. ¿Quién sabe? Quizá resulte..
Siendo dos el viaje sería más agradable.
Después
de sortear algunos inconvenientes de último momento Gombrowicz se
embarcó en el Chrobry, y la compañía de su amigo Czeslaw le resultó de
veras agradable.
"Straszewski es un noble del campo que cree ser
el segundo después del rey –algo muy polaco–, descendiente de Rej y
Potocki, nieto de Sienkiewicz, aunque también primo de Wiech– un
parentesco que inspira confianza en los amplios círculos de sus
admiradores (...) Cuando llegamos a Buenos Aires la situación
internacional parecía distenderse. Pero al día siguiente de nuestra
llegada, los telegramas de Moscú y de Berlín que anunciaban el pacto de
no agresión entre Alemania y Rusia cayeron sobre el mundo como un
cañonazo. ¡Era la guerra! Una semana más tarde, las primeras bombas
alemanas caían sobre Varsovia (...)"
"Seguía
viviendo en el barco con mi amigo Straszewski. Al enterarse de la
declaración de la guerra, el capitán decidió regresar a Inglaterra (ya
no se podía pensar en llegar a Polonia). Straszewski y yo celebramos un
consejo de guerra. Él optó por Inglaterra. Yo me quedé en la Argentina"
Mientras
Straszewski se embarca en el "Chrobry" de regreso a Europa Gombrowicz
se queda flotando en el agua del puerto de Buenos Aires como una tabla
en el mar después de un naufragio, de allí lo rescata el cómplice de la
Argentina en esta aventura increíble: Jeremi Stempowski.
Este polaco
ilustre desarrolló a lo largo de su vida una gran cantidad de
ocupaciones que lo distinguían en todos los ambientes que frecuentaba:
primer secretario de la Embajada de Polonia, director de la compañía
marítima Gydnia America Line en la que viajó Gombrowicz, director
fundador de la biblioteca polaca de Buenos Aires, presidente del Club
Polaco...
"Witold
estaba muy nervioso. Dudaba entre regresar o bien permanecer en la
Argentina a la espera del fin de las hostilidades. Yo no sabía que
aconsejarle, aquí, en Buenos Aires, no se sabía nada de la auténtica
situación, entonces acompañé a Witold al puerto. Hizo que le subieran
el equipaje, se despidió y embarcó. Yo me quedé en el muelle, diez
minutos más tarde sonó la sirena anunciando la partida, y en ese
momento vi que Gombrowicz cruzaba la pasarela con sus maletas y bajaba
rápidamente al muelle. Era el único momento en que podía tomar una
decisión y la tomó. Temblaba: –No lo sé, se trata del momento más
trágico de mi vida"
El estilo diplomático y ambiguo de Stempowski
le vino muy bien al espíritu sarcástico de Gombrowicz y entonces lo
convierte en un vecino de sus primos en Polonia en el relato de
"Transatlántico"
Cuando el barco de "Transatlático" se aleja del
Puerto de Buenos Aires Gombrowicz pronuncia una blasfemia terrible
contra Polonia y se interna en la ciudad. Estaba desorientado y sin
dinero así que visita a un compatriota que había sido vecino de sus
primos en Polonia para pedirle opinión y consejo. Pero este hombre
empieza a decirle que aprobaba y que no aprobaba su decisión de
quedarse, que había hecho bien y tal vez mal, que él no estaba tan loco
como para opinar en estos tiempos o como para no opinar, que tenía que
presentarse enseguida en la embajada o no presentarse, que era igual si
se presentaba o si no se presentaba, que se podía exponer o no exponer
a graves riesgos. Y, en fin, que hiciera lo que le pareciera oportuno o
que no lo hiciera.
Como la legación polaca no quería
ayudarlo Gombrowicz amenazó con instalar a la entrada del edificio un
cajón de lustrabotas para limpiar zapatos.
No quiso alistarse
en el ejército a pesar de la insistencia de todo el mundo,
especialmente de un emisario especial llegado de Londres para agitar y
reclutar, pero Gombrowicz no le hizo caso.
Sin saber a qué santo
encomendarse con este Gombrowicz tan difícil Stempowski decide
presentarle a algunos polacos de la colectividad y también a algunos
escritores argentinos como Manuel Gálvez, Arturo Capdevila... pero ésta
es harina de otro costal.
Cuando apareció "Transatlántico" los
caminos de Straszewski y de Gombrowicz empezaron a separarse aún más de
lo que ya se habían separado en el puerto de Buenos Aires. Para
Straszewski la patria estaba por encima de todas las cosas así que
después de la aparición de "Transatlántico" consideró a Gombrowicz como
a un traidor.
Para Gombrowicz, en cambio, tanto el arte
como la patria sólo tenían significado cuando a través de ellos el
hombre se unía a los valores más esenciales y más profundos de la
existencia..
"El patriotismo emocional que representaba Straszewicz
nos ha causado los peores perjuicios, ha pesado de una manera
destructiva sobre toda nuestra política y, lo que es peor, sobre
nuestra cultura. No oculto que, al igual que Straszewski, tenía miedo.
Quizá no tanto del ejército y de la guerra, cuanto del hecho que, a
pesar de mi mejor voluntad, no podría estar a la altura. No estoy hecho
para esto. Mi campo es diferente. Desde la edad más temprana mi
desarrollo tomó otra dirección. Como soldado sería un desastre. Sería
una vergüenza para mí y para vosotros (...)"
"¿Creéis que
patriotas como Mickiewicz y Chopin no participaron en la lucha armada
únicamente por cobardía? ¿O quizá porque no querían hacer el ridículo?
Y supongo que tenían derecho a defenderse de aquello que superaba sus
fuerzas. Pero tal vez estas confesiones sean innecesarias y torpes. Tal
vez sería suficiente decir que en el momento del estallido de la guerra
tenía la categoría de inútil parcial, y luego, cuando me presenté ante
una comisión médica en la legación polaca en Buenos Aires, me
clasificaron como perteneciente a la categoría de inútil total...
Prefiero poner los puntos sobre las íes"
Después
de que Stempowski lo pusiera en las manos de Manuel Gálvez y de Arturo
Capdevila corrió mucha agua bajo el puente hasta que llegó a nosotros,
pasaba de mano en mano como la falsa moneda, que de mano en mano va y
ninguna se la queda.
El Esperpento que lo conoció en el segundo
período de su estada en la Argentina, y el Asno que lo conoció en el
último, se refieren a Gombrowicz para sumar y cerrar su relación con él
de una manera llamativa.
"¿Su influencia? Es una cuestión mal
planteada, Gombrowicz me ayudó personalmente y todavía me ayuda. Pero
si debo hablar de su influencia, puedo decir que fue negativa. Siempre
negativa, pues Gombrowicz para mí ha sido un límite absoluto. Me
encontraba ante él como delate de un muro"
Esta
idea del Esperpento no es igual a la que tenía el Asno aunque algún
parecido tienen. La atracción que Gombrowicz ejercía sobre nosotros era
absorbente, a veces molesta, pero siempre muy intensa.
"Lo que
he llegado a ser en el plano cultural no hubiera sido posible sin
Gombrowicz y sin esa lucha ambigua entre, por una parte, el afecto y la
admiración que siento por él y, por otra, la necesidad de encontrar mi
propio camino. El Gombrowicz de los cafés de Tandil era un maestro
paradójico y no un escritor que buscaba alguien a quien influir. En esa
pequeña ciudad clara y limpia que era Tandil no pasaba nunca nada,
estábamos convencidos de que nuestra misión era conseguir que pasara
algo, y nos pasó Gombrowicz. Si Gombrowicz no hubiera existido
hubiéramos sentido la necesidad de inventarlo nosotros"
Tanto
en el caso del Esperpento como en el caso del Asno Gombrowicz se
presenta como una dificultad que ellos tienen que sortear para
encontrar de ese modo su propio camino. A decir verdad a mí no se me
presentó esa dificultad pues nunca quise encontrar mi propio camino, ni
siquiera tengo la sensación de que hago mi camino al andar como le
ocurría a Machado, soy como el tercero excluido, ése que jamás pudo
encontrar ni el mismísimo Aristóteles.






































