
El viejo loco
Ustedes, mal nacidos
Hijos muertos de mujeres vivas,
Espectadores eternos del contacto visual.
Sí, ustedes,
Malditas caras rectas y asoladas
Por el orgullo falso de creer ocultar sus atrocidades, sus bestias.
A todos éstos que se pasean por las afueras,
Por esa lógica, por esa razón,
Decirles quiero, quiero decirles
Que han sido unos robustos y soberanos
Asnos de mierda.
Sí, tú y tú, y tú también…
Montón de pasos predecibles
¿Por qué no se atreven a bailar conmigo
Las danzas de la muerte?
Mientras los gusanos que salen de mis ojos y mi boca
Van susurrando las melodías de mis espejismos:
“Vi ayer a Dios
fumando de la mala
Y al Arcángel Gabriel
con cartera,
Y yo grité: ¡Se acaba
nuestra era!
Fallecemos, volamos
sin un ala.
Todo mundo miraba a
los cielos;
Se apuntaban, se
hacían muecas
Vertiendo sudor y
lágrimas secas,
Quedaban todos tiesos
como hielos.
<< ¿Qué pagano
nos engaña?>>, decían
<< ¡Es aquél, es
aquél! ¡Vamos contra él!>>
Y todos ellos mi
muerte querían.
Yo me entregué con
hojas de laurel
Pero su venganza se
tragarían
Al salir de las
sombras, Él y Gabriel.”
¡Ahora mírenme
Cómo sobrevivo en su propio mundo!
Miren cómo
Aguarda siempre por mí
Y en el asfalto frío y negro de estas calles silenciosas
Nos solemos revolcar,
Mientras ella vierte con sus labios
Un dulce y embriagador licor.
Ay, Erasmo,
Qué inalcanzable finitud habrá tenido
El rayo de tu mirada,
Qué derecho oculto descubriste,
Qué absoluto poder de convertirnos en nuestro propio juez.
Y ahora, que me marcho
A probar el mejor vino del mundo
Con las monedas que me tiraron,
Una última cosa les digo
Pequeños y gordos burritos:
¡Sáquense la ropa y amen al viento!
No miren sólo con los ojos
Ni piensen nada más que con la mente,
Que el Hombre más afortunado
Es aquél que lucha consigo mismo.
Adiós.
Autor: Mauricio Cuadros Quintana.






































