Hace
un buen tiempo que se ha dado esta suerte de costumbre de hacer remakes
de películas antiguas, lo cual nos confirma que al parecer Hollywood se
ha quedado sin creatividad. Dicha premisa no debería significar ningún
tipo de desagrado, con la nueva tecnología al servicio de la
entretención podríamos tener resultados preciosos que rememoren
aquellos productos y de la misma manera puedan hacer que las nuevas generaciones de espectadores disfruten y se maravillen como en el pasado.
Eso teóricamente.
Bastante complejo de por si es tener una buena disposición ante una película para cuya entrada te hacen desembolsar 3100 pesos, en esa postura hasta el Padrino me parecería una mala idea. Aun así, la curiosidad es más grande.
El día que la tierra se detuvo -remake
de la película del mismo nombre - fue dirigida por Scott Derrickson (El
exorcismo de Emily Rose) quien nos presenta una adaptación temática a
nuestros tiempos aunque con menor simbolismo político (la
original era para causar conciencia por la guerra fría) a cambio de una
inyección de significancia mesiánica barata: Un extraterrestre y su
robot gigante (basado en el robot original, quien de seguro sirvió de inspiración para Amazo de la serie animada de
En pleno Central Park lugar predilecto para que los extraterrestres y dinosaurios crecidos causen destrozos, Klaatu (Keanu Reeves) estaciona su esfera/nave dispuesto a entregar su terminante mensaje a los lideres de estado, lo cual nos da el resultado de tener al alien en UCI (contradicciones de la vida, luego de intentar pulverizarlo a palos lo reviven delicadamente; otra referencia a la estupidez gringa) lugar en donde conoce a la doctora Hellen Benson (Jennifer Connelly) cuya capacidad de análisis científico se ve sobrepasada con un compromiso místico sexual -realmente no sabría entender por que a ciencia cierta deja ir la fuente de estudios y posibles descubrimientos médicos de los siguientes siglos- con el viajero cósmico, logrando libertarlo. El resultado es en una huida sin mucho peso pero con curiosos resultados dignos de mencionar. El destino de nuestra existencia se decide entre un Big Mac y el Mc Sundae que sirve para bajar la comida, el extraterrestre residente contactado en el restaurant intenta persuadir a Klaatu haciendo alusión a ese rasgo especial que tienen los humanos, esa cualidad que justifica cualquier tipo de error o equivocación: el amor. Cliché ultra manoseado que nos anticipa el predecible desenlace de la cinta: luego de una conversación interrumpida con el premio novel y posterior berrinche infantil, somos testigos de la liberación del arma de destrucción masiva, langostas nanobots que emulan de cierta manera el actuar de las esporas de The Happening (otro pedazo de olvido a mi juicio) solo que de una forma mas brutal. El 80% de la actuación de Connelly se basa en tratar de convencer a Reeves de desistir en sus intenciones lo que finalmente da resultado en el momento cúspide del exterminio. Luego de comprender la capacidad humana de cambiar ante la extinción (probablemente el cambio seria solo temporal y esta claro que los extraterrestres no conocen el cuento de Pedrito y el lobo) plus el amor que todo lo perdona Klaatu decide retirarse a rendir cuentas con su jefe, quien de seguro lo despedirá por su ineficiente trabajo.
Hablando
de detalles curiosos, la cinta posee un particular apartado de
situaciones bastante llamativas, que si bien no ayudan para nada con la
trama bien nos sirven de cuestionamiento y de fuente de entretención.
Pongámonos en el caso primero de establecer un contacto alienígena, la
manipulación con todo lo proveniente de lo desconocido en el film es
tomado demasiado a la ligera. De esta manera, el manejo físico del
enviado es de lo mas común y sin mayor reparo, digo para examinar un
ser proveniente de la nada existencial cósmica mínimo utilizaría un
receptáculo reforzado por 6 capas de acero, implementación
especial y seguridad máxima en caso de que el bicho pestañeara, con
suerte vemos unos guantes de látex al momento de la operación y
posterior suministro de aspirina al viajero, lo cual le resta seriedad
y le suma mas puntos a la cuestionada realidad presentada. Lo mismo
pasa con Gort, el robot gigante. Quien basa su entretención en destruir
los intentos de reacción de parte del ejercito de una manera muy
simple. ¿Qué hizo pensar al departamento de inteligencia que podrían
contenerlo con un cristal? Es como armar una
fortaleza con bloques lego, bloques que son desintegrados en breve. Lo
que nos hace pensar si acaso esta hecho de forma accidental o si
realmente estamos frente a una autocrítica. De lo mismo se desprende el
comentario de la secretaria general (Kathy Bathes) con
respecto a las dominaciones, citando el genocidio que comenzó con el
descubrimiento de América y posteriormente se desarrollo con Pizarro y
los Incas, evadiendo olímpicamente una referencia al propio
sometimiento norteamericano hacia Medio Oriente.
Mención honrosa se merece la pomada alienígena con milagrosos resultados, la referencia bíblica intergaláctica sobre el diluvio y las arcas transportadoras de animales y la seguridad ante todo de un Klaatu que utiliza cinturón de seguridad al subir a un automóvil, y luego se quejaba de que le costaba adaptarse.
Con respecto a las actuaciones, estas son
de acorde al film, es decir planas y sin mayor ciencia. La actuación de
Keanu Reeves es magnifica, cuyo punto cúspide y catártico lo podemos
apreciar en el afiche promocional, cuya expresión resume el sufrimiento
y preocupación por el balance que establece nuestro planeta en el
infinito cósmico, el inexpresivo Reeves se postula en este filme como un firme candidato a representar un moai de forma mas que exitosa. Lo mejor de la película lejos es ver a la preciosa Jennifer
Connelly, dama quien aunque estuviera en pleno parto de quintillizos y
con severas complicaciones seguiría viéndose angelicalmente bella. Por
encima de una odiosa Khaty Bates (quien de
seguro es mala en la vida real) se desarrolla el personaje más
detestable y eliminable que puede tener la película, Jacob. El hijo de
Will Smith se posiciona como un fiel candidato a la extinción, lastima
que Klaatu no toma de referente al humano mas cercano que tuvo, sino la
película habría terminado mucho antes. El chico casi bipolar (por
eso a las madres que leen este artículo, resguarden las horas que su
hijo pasa jugando World of Warcraft frente a su notebook) no aporta
demasiado a la trama salvo su antipática, racista e insulsa presencia.
El día que la tierra se detuvo es de esas películas planas, algo tontas, que intentan recrear un mensaje a conciencia de
manera infructuosa debido al entorno que lo cobija, esto no quiere
decir que no se pueda comunicar en el apartado cinematográfico
comercial una intención seria sino mas bien por la ambigüedad
argumental de dicho mensaje y la pobreza de la ejecución actoral en el
film. Todo esto vierte la atención a los efectos especiales los
cuales son el punto fuerte de la cinta, destrucciones de diverso tipo
correctamente representadas pero que no son lo suficiente como para
establecer un nexo espectador-obra satisfactorio.
Ni tampoco, claro esta, como para invertir tanto dinero en aquello.









































