
BEBIENDO CON GOETHE
Texto y fotografías: Wilfredo Carrizales
Como buen alemán, a Goethe, tal vez, le gustaba la cerveza. La tomaría mientras charlaba animadamente con sus contertulios acerca de poesía o dramaturgia o literatura.
En domingo, en el Goethe-Bar, el grande humanista, sentado y con los ojos cerrados, nos dijo: “Ahora comprendo el sentido del mármol”. Los presentes, viajeros de paso, procedentes de los más diversos rumbos, celebramos la frase con la degustación de espumantes cervezas.. Silenciosamente descendió la gratificante bebida. Nadie habló, pero todos nos entendimos con una complicidad anticipada y manifiesta y una reciprocidad de pareceres. Se escuchó de nuevo la voz de Goethe: “La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma”. La tarde restablecía su brillo y las horas inexorables no querían entrar en un sueño no convocado.
Las miradas de los pasajeros se desplazaban de una mesa a otra, de unos rostros felices a otros adustos. Algunos niños alborotaban, por momentos, como saltamontes o grillos blasfemos. El hastío parecía ya disipado. Goethe prestaba su rostro para que la inclinación de su sombrero lo mantuviese prodigando la lucidez de una afluencia infinita.
Sólo yo elevé la mirada para tributar al poeta una ofrenda de breve tiempo y un fuego de espiga que fuese el oficio que lo hizo sobresalir y ser eterno. Él se sabía elegido por esa fiebre y desde su extática movilidad, nos invitó: “Resuenen nuestros vasos y callen nuestras lenguas; levantar vuestras almas muy bien. Ergo bibamus!”
Aeropuerto de Frankfurt; noviembre 2. 2008











































