
“AL PARTIR HAY QUE ABRAZAR A LOS AMIGOS”
por José Martínez Fernández
Esa frase pertenece al testamento lírico que, desde el Hospital de San Vicente, hizo hace más de un siglo el poeta Pedro Antonio González, mientras agonizaba. He aquí parte de su vida y, quizás, su mejor poema: “Mi vela”.
Cuando yo era niño mi tío Benjamín García de la Cruz solía decir de memoria un poema completo. “Mi vela” se llama, me decía y me señalaba el nombre del autor: Pedro Antonio González.
Del poema poco retenía, pero el nombre del autor me quedó muy grabado en mi mente.
De eso ha pasado medio siglo…Sí. MEDIO SIGLO…Cómo se va la vida, cómo se viene la muerte, diría Jorge Manrique.
Mi tío se fue de este mundo hace ya cuarenta años y yo lo tengo muy presente porque fue él quien me ayudó a entender, junto a profesores, de libros y de escritores. Él sentía una admiración profunda por Pablo de Rokha y Joaquín Edwards Bello y fue él quien me ayudó a comprar la antología de poesía universal de María Romero, quizás el libro más útil que pasó por mis manos en aquellos años.
Desde esa lejana época yo guardé en mi memoria el nombre de Pedro Antonio González. Posteriormente lo ubiqué en diferentes espacios de selecciones poéticas y algo más supe de este ilustre poeta chileno.
Hace ya varios años cayó en mis manos un libro de formato pequeño, editado por la colección “Numen” que dirigía una persona llamada Carlos Poblete. El libro fue publicado con ocasión del cincuentenario de la muerte de González. En 1953. El poeta murió en 1903.
Antes que el bardo emprendiera el vuelo hacia el Parnaso Eterno escribió una carta a su amigo Marcial Cabrera Guerra desde el Hospital de San Vicente.
En ella Pedro Antonio González le dice:
“Sigo mal, muy mal. Me llaman de ultratumba, y al partir hay que abrazar a los amigos. ¿Quién, para qué?” Y más adelante: “Me voy sin pena”. Y después: “Fui el eterno huérfano”.
Su muerte nos recuerda la de Carlos Pezoa Véliz. Ambos murieron en hospitales, en sus desolaciones mutuas.
Pedro Antonio González había nacido en Curepto, región del Maule, en 1863 y el libro que publicó en vida fue “Ritmos” (1895).
El que tenemos en nuestras manos el editor de “Numen” lo llamó “El monje y otros poemas”. Es importante recordar a ese editor que se llamaba Carlos Poblete, por el hecho de haber rescatado los poemas de este aeda un tanto olvidado de Chile.
MI VELA
Cerca de mi vela, que apenas alumbra
la estancia desierta de mi buhardilla,
yo leo en el libro de mi alma sencilla
por entre la vaga y errante penumbra.
Despide mi vela la llama de un cirio
a fin de que acaso con ella consagre
mi cáliz sin fondo de hiel y vinagre
delante del ara de mi hondo martirio.
A mí no me queda ya nada de todo.
Mis viejos recuerdos son humo que sube,
formando en el éter la trágica nube
que marca la ruta de mi último éxodo.
Yo cruzo la noche con pasos aciagos,
sin ver brillar nunca la estrella temprana
que vieron delante de su caravana
brillar a lo lejos los Tres Reyes Magos.
¡Quizás soy un mago maldito! ¡Yo ignoro
cuál es el Mesías en cuyos altares
pondré, con mi lira de alados cantares,
mi ofrenda de incienso, de mirra y de oro!
Al golpe del viento rechinan las trancas
detrás de la puerta de mi buhardilla.
Y vierte mi vela –que apenas ya brilla-
goteras candentes de lágrimas blancas…
He allí “Mi vela”, el gran poema de Pedro Antonio González. A veces basta un solo texto poético para que un bardo ocupe un espacio en la historia de la poesía. Ello sucedió con el francés Félix Arvers… ¿Por qué no puede ser igual con nuestro gran poeta maulino? Su largo poema “El monje” es otro texto importante de este autor, que, pasados 105 años de su muerte, se nos hace presente a través de su poesía directa, sencilla y maravillosa.







































carta
Es posible la carta del Poeta Pedro A. González a su amigo Marcial Cabrera antes de morir en el hospital
gracias