
Abetos, belenes y espubillones, 2
María Amparo Gimeno Pastor
Pero, Amparo, al levantase, no pudo evitar echarse a llorar, y lo
hizo,amarga y desconsoladamente. Germán, la abrazó de forma paternal, y
la consoló, llevandola a sofá. La quitó las gafas, y la arrulló:
--Llora, princesita, llora, que te vendra bien. Llorar, limpia el alma
de penas y amarguras. Sí, princesita, si, llora, que es
bueno...--consoló el caballero.
Poco, a poco, Marían, se fue calmando, y al final, dejó de llorar.
--Debo de estar horrible.-- dijo coquetamente, mientras Germán le limpiaba las lagrimas con sus dedos.
--No, estás preciosa, pero eso sí, lavate la cara.--indicó el ex-militar.
--Sí, porqué además, va ha venir mis padres.--anunció la joven.
--Entonces, ¿no adornamos la casa, princesita?.--indagó el caballero.
--Sí, pero mas tarde, ahora no me apetece...--contesto su esposa, con tristeza.
--Normal, despues del berrinche...--escurrió el bulto Germán.
--Hazme un café con leche para despejarme, o me dormiré, y no quiero,
por favor, Germán. Y perdóname, Germán.--pidió perdón con humildad, la
joven.
--¿Perdonarte yo, de que tontita?. ¡Ní, hablar del peluquín: en tal
caso, yo!. No, hija mía, no, has hecho muy bien en llorar, eso te
indica humanidad, y te honra, el que llores por el alma de tu difunto
ex-esposo. ¿Qué te crees, que yo no sufro cuando le pasa algo a
Maika?. Pués, sí, y mucho, y eso que hace ya diez años que nos
divorciamos. Así que no eres la única, que padece por sus ex.--consoló
el caballero.
Amparo, no contestó de buenas a primeras, ya que se levanto del sofá y
dio un beso ha su marido en la cabeza y en la naríz. "Gracias", murmuró
la joven, recogiendo sus gafas, y marchandose para asearse un poco. Al
llegar al baño, y frente al espejo, se hizo un gesto de desprecio,
levantó el asa del grifo, y dejó correr un poco de agua. "No me merezco
ha esté pobre hombre...", se dijo a si misma, lavandose la cara.
"Menudo careto que llevas, colega, je y menuda bronca la de tu madre,
je je", ironizó la joven. Luego, cerro, el suministro de agua, se secó
la cara y las manos, en la toalla azul marino, y se ahuecó la espesa y
rizada media melena, con su manos, haciendose de nuevo otra mueca.
"Fea, más qué fea...", se piropeó,
Marían, cogiendo las gafas, y se las puso. Finalmente suspiró, y se
marchó del baño, apagando la luz, dirigiendose directamente a la
cocina, donde le recibió el vigoroso y reconfortante olor del café,
recién hecho. Germán, se golpeó con suavidad, sus muslos, y Marían se
sentó, sobre ellos. Frente a ella, una taza de café con leche, le
esperaba. Pero la joven, volvió ha besar a su marido, ésta vez en los
labios, y se acurrucó en sus brazos.
--¡Mimosa, más qué mimosa!.--reconfortó el hombre.--Será mejor, qué te
tomes el café con leche, o te dormiras en el acto.--le indicó su marido.
Amparo, movió afirmativamente la cabeza, y cogió las dos tazas, dando
una de ellas a su marido. Ambos, saborearon en silencio, el café con
leche.
--¡Ésto reconforta el alma!. Y mis padres están al caer. Y menuda bronca me va a dar mi madre.--anunció la joven.
--¡Qué se atreva ha hacerlo, la colega como dices tú, nena!.--desafió
el caballero, justo cuando el timbre sonó con fuerza, en el interior de
la casa.






































