
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y ENRIQUE VILA-MATAS
Por Juan Carlos Gómez
El Orate
Blaguer es un hombre de letras muy connotado que fue adquiriendo un
cierto desparpajo a medida que pasaba el tiempo, si bien no pudo
sacarse de encima un tono de llorón crónico que lo acompaña a todas
partes, una manía incurable de hacerse el loco y una verborrea
incoercible.
"Pasé toda una larga época obsesionado con saber qué
había sucedido realmente en la famosa cena de Borges y Gombrowicz. Un
día, el azar quiso que José Bianco aterrizara en Barcelona, le llevaron
a la tertulia literaria que yo tenía en el bar Astoria. Me pasé toda la
noche planeando el momento en que le preguntaría a Bianco qué había
ocurrido en la famosa cena. Cuando por fin me atreví a preguntar,
Bianco me dijo: –Usted quiere saber qué pasó aquel día, pero yo quiero
saber qué ha pasado hoy, pues a mí me habían dicho que esto era una
tertulia literaria y lo que yo he visto hasta ahora es una reunión de
cocainómanos, no han parado ustedes de ir todo el rato al lavabo. Ya no
me atreví a decirle nada más a Bianco en toda la noche"
Mis
historias con los escritores y los editores en la mayoría de los casos
no tienen un final feliz. Las últimas cartas que recibí del Orate
Blaguer eran tan breves como amargas. Este destino triste que me
persigue desde hace mucho tiempo tiene algo que ver con los contenidos
de los gombrowiczidas que en algunas ocasiones no llegan a ser bien
interpretados.
Los nombres de muchos gombrowiczidas han sido
coronados con apodos a lo largo del tiempo. A mí me parece que el
origen y la naturaleza de los motes debe quedar un poco en el misterio,
sin demasiadas aclaraciones por parte del autor que, como todos los
gombrowiczidas saben, vengo a ser yo. Debo aclarar sin embargo que
algunos de esos motes carecen de ese misterio, verbi gracia el del
Orate Blaguer, pues describe cumplidamente la naturaleza de este hombre
de letras. El primer apodo que puse fue el de Pterodáctilo, en una
época en la que todavía no existían los gombrowiczidas.
El
origen del mote siempre tiene un contenido negativo, se refiere a
historias verdaderas que me unieron a los motejados en distintos
momentos de esas cápsulas de Gombrowicz que son los gombrowiczidas,
pero con el paso del tiempo pierden el sabor acre que traen por el
nacimiento y llegan a tener, por lo menos para mí, un carácter familiar
y afectuoso.
Debo reconocer sin embargo que así como Gombrowicz
provocaba a los profesores en la pensión de las "manoseadas" de
Zakopane con sus burlas, a mí se me ocurre aveces provocar a los
hombres de letras y a los Protoseres.
Los españoles, como sabemos,
han elegido al Orate Blaguer entre sus hombres de letras más conspicuos
para reflexionar sobre Gombrowicz.
Siendo Gombrowicz un escritor cuya obra no admite una interpretación única se puede
entrar a su mundo por muchas puertas distintas, más diría, se puede entrar también por las ventanas.
La
puerta que eligió este escritor ilustre fue la precaución pues desde
muy joven se puso bajo el paraguas de la idea gombrowiczida de que el
arte consiste en escribir sobre algo imprevisto y no sobre lo que se
tiene que decir. Es evidente que el Orate Blaguer escribe sobre
Gombrowicz sin tener nada que decir pero, a pesar de esto, no alcanza
el imprevisto del que habla Gombrowicz.
Su fascinación por
Gombrowicz comienza cuando ve una foto de Tandil en la que está posando
con gorra en actitud altiva y arrogante. Se le despiertan entonces las
ganas de ser como él, de ser un escritor extranjero, raro y con un
rostro tan orgulloso como el suyo.
Repite hasta el cansancio su
inveterada tontería de que durante mucho tiempo se imaginó que su
escritura se parecía mucho a la de Gombrowicz, pero que después de
haberlo leído se dio cuenta de que eso no era para nada cierto.
De idiotez en idiotez, con esa
arrogancia irresponsable que tiene el Orate Blaguer, nos informa sobre
cuáles son las dos obras maestras de Gombrowicz: los diarios y la
inscripción que dejó en el baño de un café de la calle Callao: –A
señoras y señores/ para nuestro beneficio/ no lo hagan en la tabla/
háganlo en el orificio.
Y sobre el pasaje del diario en el que
Gombrowicz habla de su encuentro con una vaca se pronuncia en forma
apodíctica: "Estamos tal vez ante un texto fundamental de Gombrowicz"
El
Orate Blaguer es un llorón crónico, un llorón que intenta llorar desde
el más allá. A este tipo de llorones profesionales Gombrowicz les da
una buena paliza.
"Pero estoy harto de los gimoteos actuales.
Hay que renovar nuestros problemas (...) La muerte, por ejemplo. Para
cambiar un poco de óptica, nos basta con pensar: No, no es ningún
drama, estamos adaptados a la muerte desde que nacemos; y aunque nos
vaya devorando poco a poco cada día, nunca nos enfrentamos con ella a
cara (...)"
"¿Enajenación?
No, no es tan terrible (...) esas enajenaciones le reportan al obrero a
lo largo del año, casi tantos días libres y maravillosos días de fiesta
como días de trabajo. ¿El vacío? ¿El absurdo de la existencia? ¿La
nada? (...) No se necesita un Dios o unos ideales para descubrir el
valor supremo. Basta con permanecer tres días sin comer para que un
mendrugo de pan adquiera ese valor; nuestras necesidades son la base de
nuestros valores, del sentido y del orden de nuestra vida (...)"
"Hace
algunos siglos, la gente moría antes de los treinta años. La epidemias,
la miseria, el diablo, las brujas, el infierno, el purgatorio, las
torturas... ¿Acaso los triunfos se nos han subido demasiado a la
cabeza? ¿Acaso hemos olvidado lo que éramos ayer? (...)"
"No es que me rebele contra una visión trágica de la
existencia, no soy de los que pintan el mundo de color de rosa. Pero no se puede estar siempre repitiendo lo mismo (...)"
"El
rasgo más trágico de las grandes tragedias es que suscitan pequeñas
tragedias; en nuestro caso, el aburrimiento, la monotonía, y una
especie de explotación superficial y monótona de las profundidades"
Finalmente
el Orate Blaguer se cansó de los gombrowiczidas, más especialmente del
autor de los gombrowiczidas, y desde Nueva York se refiere a mí aunque
sin nombrarme de una manera insolente.
"Se ha dicho que le he
dado mantenimiento a los clásicos de Borges (a Melville y su Bartleby),
pero también es cierto que he acompañado los éxitos de librería de
Robert Walser (a quien saqué modestamente del invernadero de las
solapas y lo convertí, gracias a Doctor Pasavento, en un santo laico),
de Georges Perec (uno de los autores que he decidido doblar, duplicar),
de Fernando Pessoa (propongo que se multipliquen, como los peces, los
heterónimos) y de Witold Gombrowicz, el noble polaco al que algún
imbécil debería dejar de manosear"
Los
rostros tiene un gran significado, suelen también ser equivalentes
cuando expresan los mismos contenidos. La réplica nacional de rostro
español del Orate Blaguer es el rostro argentino del Hombre
Unidimensional, como muy bien puede observarse en las fotos que forman
parte de este gombrowiczidas.
El tono del comienzo de mi
relación con el Orate Blaguer fue promisorio y afectuoso, de ningún
modo era previsible la caída estrepitosa que se produjo después.
"Quiero
decirte que mi editor es Jorge Herralde (Anagrama) quien, a la vuelta
de un viaje argentino, me regaló el libro de Emecé, con las cartas a
Goma de Gombrowicz. Así como Beatriz de Moura, que fue mi primera
editora, le importa muy poco Gombrowicz, Herralde siempre ha tenido una
gran debilidad por él (como tú ya sabes, publicó ‘Testamento’). Yo te
recomendaría que hablaras o, mejor dicho, le escribieras a Herralde
(...) Escríbele a Herralde, por favor. Sería maravilloso que tus
escritos se publiquen en Anagrama. Herralde es muy receptivo a esas
cuestiones. Además, ha sido un editor que ha leído con profundidad a
Gombrowicz al que quiso traducir desde el inicio de su editorial. No
pudo entonces conseguir los derechos. La viuda miraba a Anagrama como a
una minucia, algo que no valía la pena. El único libro que pudo
publicar fue ‘Transatlántico’ aunque ya había sido editado antes"
El
Pato Criollo y el Orate Blaguer son dos gombrowiczidas ilustres que
tuvieron conmigo una muy buena predisposición desde el mismo comienzo
de nuestra relación, luego las cosas fueron cambiando poco a poco hasta
convertirse en una relación amarga.
Hace ya algunos años, por
razones completamente desconocidas para mí, me vinieron unas ganas
incontenibles de mortificarlos a los dos al mismo tiempo y tuve la
ocurrencia de mandarle una carta al Pato Criollo en la que le decía que
el Orate Blaguer tenía las facultades mentales completamente alteradas,
y al Orate Blaguer otra en la que le decía que el Pato Criollo era un
bartolero insustancial. Puse en el sobre del Orate Blaguer la carta del
Pato Criollo y viceversa, en el sobre del Pato Criollo la carta del
Orate Blaguer, y acto seguido los mandé por correo. El Orate Blaguer se
enojó y no me escribió más.
La
reacción del Pato Criollo en cambio fue benévola, me pareció entonces
que el Orate Blaguer era un ser limitado y el Pato Criollo una persona
de un panorama más amplio.






































