
GOMBROWICZIDAS
El cartesianismo y la forma habían puesto a Gombrowicz en la vereda de enfrente de Francia, sin embargo, en el último tramo de su vida cruzó la calzada y se quedó en Francia para administrar mejor su gloria.
"Pero, ¿cuál es la índole de las rebeliones francesas? Lo que las caracteriza a todas sin excepción es que son espasmódicas, convulsivas, brutales y frías; no desembocan en ninguna relajación, sino que contribuyen por le contrario a acrecentar el espasmo, la convulsión, la tensión. Falta de aire. Todo se intensifica, nada se relaja. Esto me fascina en la Francia de hoy. Esa sofocación. Esa amenaza. ¡Es algo excitante!"
La Francia de hoy era la Francia de Charles de Gaulle, Gombrowicz no se perdía ninguna de las conferencias del General y siguió todos los debates de la Asamblea Nacional durante los acontecimientos de mayo.
Si hasta el mismísimo Cohn Bendit pensaba que Charles de Gaulle era Francia en los días turbulentos de la revolución.
"En realidad, si quiere que le diga la verdad, nuestra Revolución se sublevó contra el matrimonio de Gaulle, eso fue todo"
En ese ambiente de grandeza Gombrowicz emprende su última campaña, empieza a armar unas conversaciones con el Hasídico para hablar de su obra y de su vida.
"La vía en este mundo es como el filo de una navaja, de este lado el infierno, y del otro el infierno; entre los dos: la vía de la vida. Relatos Hasídicos"
Estas son las palabras preliminares de un libro que ha sido de una gran utilidad para la mayor parte de los gombrowiczidas, unas palabras preliminares de las Dominique de Roux también tomó su apodo.
En julio de 1967 Gombrowicz tenía ya cincuenta páginas escritas de estas conversaciones y estaba encantado porque su ciencia genealógica había sacado mucho provecho de los generosos secretos sobre el Gotha que le había revelado el Hasídico, un joven admirador, editor y escritor ilustre, que al poco tiempo de empezar su relación con Gombrowicz le marcan el territorio.
"He escrito los primeros capítulos sin incluir preguntas. En los capítulos siguientes he introducido unas preguntas muy lacónicas y neutras, y me gustaría hacer lo mismo en los próximos, pues resulta más fácil escribir en forma de diálogo (...) Su idea de que la distribución de las preguntas debe realizarse al final de los capítulos no me parece afortunada (...) tal vez encuentre una manera más ingeniosa de formularlas que la mía, pero conserve estrictamente su sentido puesto que sirven de hilo conductor en el diálogo. Su verdadera participación puede consistir en un prefacio que escriba sobre mí y mi obra (...) Eso es todo"
Gombrowicz limita desde el comienzo la participación del Hasídico porque en realidad no la necesitaba, es decir, sí la necesitaba, el Hasídico era un editor prestigioso que llevaría de la mano estas conversaciones inexistentes a la imprenta para alcanzar su publicación.
Lo estimula de varias maneras distintas para que se mueva con más rapidez, teniendo en cuenta por otra parte que lo único que le había encargado era un prefacio.
"Mis amigos de Estocolmo insisten; consideran que tengo muchas posibilidades para el Nobel, en la actualidad Polonia puede ser candidata, y las conversaciones podrían ayudar. Yo no sé nada de esto, pero doscientos cincuenta mil francos me parecen una suma demasiado importante como para desdeñar esa posibilidad (...) Si mi conocimiento de los hombres no me engaña, obligarlo a trabajar es la dificultad mayor que tendré que vencer, porque, disculpe la franqueza, a usted la pesa el trasero"
Esto lo escribía a comienzos de 1968, además trataba de tranquilizarlo aconsejándole que no escribiera el prefacio antes de conocer el texto completo pues de ese modo podría dominar toda la problemática en todos sus matices. Cuando el Hasídico le manda el prefacio se lo corrige.
"Existen a veces diferencias demasiado evidentes entre mi interpretación y la suya (...) Mi consejo paternal es que medite a fondo en mis correcciones al prefacio y las conserve a todas (...) trate de cambiar lo menos posible (...) Es el suyo un hermoso y profundo prefacio (...) Pienso ir a París en junio pero quiero terminar antes las Conversaciones"
Ahora ya no lo suelta más: que se apure en llevar el texto a la imprenta, que no lo entregue antes de revisar el contrato con el editor, que está corrigiendo el texto de la traductora que lo pasa del polaco al francés, que las correcciones que él hace son precisas y satisfactorias. El Hasídico le había preguntado a Gombrowicz qué es lo que tenía que hacer de Gaulle con el mayo francés.
"Voy a responder a su pregunta relativa a la juventud desmandada. Si yo fuera el General, los metería a todos en la cárcel por vagancia, sobre todo a los barbudos"
Cuando finalmente Gombrowicz recibe el prefacio corregido le escribe que su preocupación es hacerlo aún más accesible al lector, cosa que los escritores de esta época, desprecian olímpicamente.
Elimina las pocas preguntas que se había atrevido a escribir el Hasídico, le mete mano a las pruebas de imprenta y le ordena que no cambie nada del texto sin ponerse previamente de acuerdo con él. Le advierte también que no hay que decir que las "Conversaciones" habían sido escritas enteramente por él porque eso las privaría de los atractivos que de antemano tienen los diálogos.
Un mes antes del infarto que tuvo hacia el final del año 1968 le manifiesta su amargura.
"Me ha afectado el telegrama de Christian Bourgois a propósito del Premio Nobel que, desgraciadamente, se me ha escapado con sus setenta mil dólares. El año que viene se lo darán a un negro, después a un mulato, después a Günter Grass y después a mí, y entonces me compraré un Mercedes deportivo de dos puertas"
Estaba absolutamente aturdido, pasmado y estupefacto ante la avalancha de artículos que se habían escrito sobre la aparición de las "Conversaciones", sin embargo, algo lo preocupaba.
"Me alarma el hecho de que Kot mencione en su artículo a mi antepasado Radziwill, mientras que en "Realidades" se decía que yo nací en un castillo (¡?). ¿No está usted de acuerdo conmigo en que habría que tomar medidas para evitar en otros artículos tales esnobismos? Creo que a la larga pueden resultar perjudiciales. Ya le he escrito a Kot pidiéndole que suprima esa frase. Tanto más que Dostoievski escribió que en el extranjero todo polaco se declara conde"
Algunas de sus manifestaciones sobre el mayo francés habían provocado la ira de muchos escritores que le mandaban cartas entre las que sobresale la de un historiador e ideólogo anarquista.
"Querido Witold Gombrowicz. Es usted un gran escritor, pero con respecto a los estudiantes del mayo del 68 no es más que un patán. Lo lamento por usted. Sinceramente/ Daniel Guerín de la Unión de Escritores y del Comité de Acción Estudiantes-Escritores"
El Hasídico le había hecho llegar a de Gaulle el "Diario" y "Cosmos" a ver qué le parecían al General.
"Lo único que me asusta es que el General se halla ya en posesión de mis modestos libros. En cuanto al curso de filosofía me gustaría dictarlo a partir de Kant, con él empieza el pensamiento moderno, calculo una hora para Kant, otra para Hegel, treinta minutos para Marx, una hora para Husserl, otra para el existencialismo y otra para el estructuralismo, en total, cinco horas y media. Pero no estoy seguro de poder hacerlo, pues me fatigo cuando hablo demasiado"
"Conversaciones de Gombrowicz", un libro que después se llamó "Testamento", le sirvió al mismísimo Kundera para darle una lección a un amigo.
"Hablo con un amigo, un escritor francés; insisto en que lea a Gombrowizc. Cuando vuelvo a encontrármelo está molesto: –Te he hecho caso, pero, sinceramente, no entiendo tu entusiasmo; –¿Qué has leído de él?; –‘Los hechizados’; –¡Vaya! ¿Y por qué ‘Los hechizados’? ‘Los hechizados’ no salió como libro hasta después de la muerte de Gombrowicz. Se trata de una novela popular que en su juventud había publicado, con seudónimo, por entregas en un periódico polaco de antes de la guerra. Hacia el final de su vida se publicó, con el título de ‘Testamento’, una larga conversación con Dominique de Roux. Gombrowicz comenta en ella toda su obra. Toda. Libro tras libro. Ni una sola palabra sobre ‘Los hechizados’. –¡Tienes que leer ‘Ferdydurke’! ¡O ‘Pornografía’!, le digo. Me mira con melancolía: –Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor"
Hay una diferencia de tono y de estrategia en lo que Gombrowicz escribe sobre la Argentina en el "Diario" y en "Testamento". Una de las diferencias que existe entre una obra literaria y la comida es que la comida se empieza a digerir cuando está dentro, y la obra literaria cuando está afuera. Pues bien, sea cual fuere la razón por la que Gombrowicz se haya quedado en la Argentina, la cosa es que fue aquí donde empezó a digerir, es decir, a comprender su obra fundamental: "Ferdydurke".
Un mes antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial fue depositado al otro lado del océano, en una tierra desconocida para él.
Y para ofrecerle una vida novelada le dice al Hasídico que su viaje a la Argentina no fue una casualidad, fue la mano del destino la que lo depositó aquí y no en Europa porque, si no hubiera ocurrido así, tarde o temprano habría terminado viviendo en París, y ése no era el deseo de su estrella.
¿Y por qué no lo era? Porque con el tiempo se habría convertido en un parisino, pero él tenía que ser antiparisino, tenía que estar alejado de los mecanismos literarios escribiendo para los cajones. La Argentina era un país europeo en el que se sentía la presencia de Europa más que en Europa misma, un territorio de vacas donde no se apreciaba la literatura.
"No sé... El imperialismo de nuestro ‘yo’ es indomable, y su poder tiene tal alcance que, a veces, me sentía inclinado a creer que el desbarajuste del mundo no tenía otro objeto que depositarme en la Argentina y sumergirme de nuevo en la juventud de mi vida, que en su momento no había podido experimentar ni aprovechar. Era por eso por lo que existía la guerra, y la Argentina, y Buenos Aires"






































