
WITOLD GOMBROWICZ Y VIRGILIO PIÑERA
Por Juan Carlos Gómez
El primer gombrowiczida
polaco que apareció en Francia fue el Príncipe Bastardo, y el primer
gombrowiczida hispanohablante que apareció en la Argentina fue Virgilio
Piñera aunque, hay que decirlo, Gombrowicz ya tenía algunos admiradores
en el país.
Gombrowicz designó a Piñera como presidente del comité
de traducción de "Ferdydurke", un trabajo que la mayor parte del tiempo
se realizó en el café Rex: –Joyce dispuso de una sola persona para
traducir su Ulises, yo dispuse de veinte para traducir mi "Ferdydurke".
Antes
de llevar adelante esta empresa Piñera ya se había hecho una
composición de lugar respecto a Gombrowicz en las mesas de café: –Así
que usted viene de la lejana Cuba. Todo muy tropical por allá, ¿no es
cierto? ¡Caramba, cuántas palmeras!
El misterio del origen del
vocablo "Ferdydurke", en los tiempos del Rex en que se traducía
"Ferdydurke", resultaba impenetrable para Piñera, tanto como la
verosimilitud de la historia que le contaba sobre su viaje a la
Argentina. Pero mientras que para el vocablo tenía una versión única:
no significa nada, para la historia tenía varias. El relato del viaje
era el primer plato de la conversación con Gombrowicz y fue escuchado
por todas las personas que se acercaban al autor de "Ferdydurke" en
aquellos años.
Destacaba
que en el barco era invitado de honor, que almorzaba en la mesa del
capitán con el que sostenía conversaciones filosóficas y al que le daba
consejos místicos. Repetía hasta el cansancio que no le había gustado
Río de Janeiro porque su vegetación era demasiado verde y porque los
morros eran muy dudosos, y tantas veces como lo de la vegetación,
repetía que no había regresado a Polonia por los intensos estudios del
alma sudamericana que había iniciado el día anterior a la partida del
barco.
"Cuando apareció ‘Ferdydurke’, llovió sobre él el fuego
graneado de los gramáticos. En general, tenían razón. Las objeciones de
Sabato, de Capdevila, y tantos otros, se fundamentaban en argumentos
contundentes. No creo, sin embargo, que por haber empleado mal algunas
palabras, o de haber tomado otras en una acepción bastante discutible,
la traducción fuese absolutamente mala. Sin que pretenda justificar
esas faltas lo cierto es que tales errores se debieron a que fue
imposible, en vista a la inminente aparición del libro, hacer una
revisión al microscopio. Yo no creo, sinceramente, que a pesar de que
uno que otro adverbio haya sido mal empleado, o de que un sustantivo
haya sido usado impropiamente, la versión española de "Ferdydurke"
resultara ilegible"
Toda
esta historia había empezado cuando el maestro Paulino Frydman,
director de la sala de ajedrez del café Rex, consiguió milagrosamente
traer un ejemplar polaco de "Ferdydurke" a la Argentina, pero ni Piñera
ni las otras personas que ayudaron a Gombrowicz a poner en español a
"Ferdydurke" pudieron comparar las dos versiones pues no sabían polaco.
Los polacos hispanohablantes observaron después que Gombrowicz había
creado una versión más fácil de la novela para atraer la atención del
lector al contenido del libro.
Por
medio de la eliminación de las partes difíciles y estilísticamente más
extrañas, reemplazadas por un breve sumario del sentido del fragmento
faltante, los autores de la traducción se propusieron no desalentar a
los lectores en el mismo comienzo de la obra.
Por otro lado,
los traductores de Gombrowicz, jugando con una mezcla de estilos y
variaciones del castellano y sin atender demasiado a la corrección,
crearon un lenguaje tan fuera de lo convencional que irritaron a los
puristas. El lector no sabía descifrar muy bien a "Ferdydurke", pues no
sabía en qué grado el lenguaje dependía de las licencias poéticas del
autor o de la traducción misma. Por eso no podía juzgar adecuadamente
el trabajo de los traductores, ni aún el mismo libro. El motivo general
del rechazo a "Ferdydurke" no fueron sin embargo las cuestiones
lingüísticas, sino la inmadurez por parte de los lectores para entender
el aspecto filosófico del libro.
Virgilio
Piñera define a la obra como la realización de un análisis espectral,
como un examen de conciencia que todavía hacía falta en la cultura.
Ve
a "Ferdydurke" como una sátira y la compara con Don Quijote. Según
Piñera, a través de lo grotesco y lo absurdo Gombrowicz muestra los
mecanismos de la forma, y gracias a su madurez en el oficio, no cae en
la trampa de la pura dialéctica que mataría la poesía de la obra. Hasta
aquí estamos viendo a "Ferdydurke" con la mirada de Virgilio Piñera,
ahora vamos a ver un poco "La carne de René" con la mirada de
Gombrowicz.
Hay naciones que miran y otras que se sienten miradas.
En la época de Gombrowicz, las capitales del cuadrilátero de la
cultura: País, Roma, Inglaterra y Berlín, se pasaban la vida mirando,
mientras otras capitales del mundo se sentían miradas con desdén
El
que es mirado suele maniobrar en forma defensiva, Sudamérica pertenecía
al gran mapa de les regiones periféricas que se sentían miradas, no
podían luchar con esa mirada desdeñosa, era una tierra fértil para el
cultivo del gran absurdo.
Después de leer "La carne de René"
Gombrowicz se ocupa de Piñera en los diarios y lo pone bajo la lupa con
la que observa la rebelión inmadura sudamericana contra la cultura
europea.
"Piñera, al sentirse impotente, rinde homenaje al gran
absurdo, que lo aplasta; en su arte la adoración del absurdo es una
protesta contra el sin sentido del mundo, hasta una venganza, una
blasfemia del hombre ofendido en su moralidad. ‘Si el sentido, el
sentido moral del mundo, es inaccesible, me dedicaré a hacer
payasadas’; tal es el aspecto aproximado que tomaban la venganza de
Piñera y su rebeldía"
Pero
fue en la región central de las miradas donde aparecieron por primera
vez las miradas absolutas y también el gran absurdo. Kierkegaard, en su
famoso "¡O esto o aquello!", crucifica a la razón para aceptar la
paradoja absoluta que él ve en Cristo.
Como su tiempo no quiso
aceptar su esto o aquello, se rebeló contra la sociedad, contra su
propia iglesia, y contra el mismísimo matrimonio, porque, conforme a su
exigencia de una pureza absoluta, la procreación le parecía pecaminosa.
Y
el Roquentin de Sartre se rebela contra el mundo porque el mundo no es
como debiera ser de acuerdo a sus postulados absolutos. El hecho de que
Kierkegaard fuera teísta y que Sartre fuera ateo, resulta de la menor
importancia, ya que lo que ambos tienen en común es mucho más esencial:
la demanda de lo absoluto en un mundo relativo, y la actitud de
rebelión contra ese mundo que no se pliega a sus demandas absolutas.
Piñera,
díganos qué impresión le causa Gómez; –Es un joven muy conversador;
–No, Piñera, háblenos de los defectos; –No sé qué defectos tiene,
Gombrowicz, no lo conozco; –¿No le parece que a veces le falla el
lenguaje?; –Sí, lo he notado; –Le falla porque es joven, naturalmente;
–Sí, es muy joven.
Virgilio Piñera es uno de los grandes
escritores cubanos. En febrero de 1946 viajó a Buenos Aires donde
residió, con algunas interrupciones, hasta 1958. Aquí trabajó como
funcionario del consulado de Cuba, como corrector de pruebas y como
traductor.
Para llevarle la contraria a "Aurora", la revista de la
resistencia que había creado Gombrowicz, fundó la revista Victrola", y
para llevarle la contraria a Lezama Lima, con quien había polemizado
agriamente, fundó la revista "Ciclón", una publicación de gran
importancia en la historia de la literatura cubana. En 1952 apareció su
primera novela, "La carne de René".
Colaboró
con la revista argentina "Sur" y con las francesas "Lettres Nouvelles"
y "Les Temps Modernes". En 1958 abandonó la Argentina y se instaló
definitivamente en Cuba donde murió en 1979. En los últimos años de su
vida Piñera fue condenado al ostracismo literario por las autoridades
de las instituciones culturales oficiales cubanas, en gran parte debido
a su condición de homosexual, una condición que él nunca había ocultado.






































