Por
Ignacio Cardenal
El pasado 29 y 30 de noviembre de 2008 tuvo
lugar en la ciudad salvadoreña de Quezaltepeque el “II Encuentro Nacional de
Talleres Literarios” denominado “Generación de
Distintos talleres literarios de todas partes
de El Salvador se dieron cita para ser partícipes de la construcción de una
nueva literatura en la región, ya que durante los últimos 20 años se ha
experimentado la difuminación de las bases que deben de configurar la creación
de textos que reflejen la convulsionada realidad actual nacional e
internacional.
El encuentro, desarrollado bajo el patrocinio
del departamento de cultura de la alcaldía municipal de Quezaltepeque, ha
debatido acerca de la importancia del redescubrimiento de los valores
precolombinos a fin de poder escribir nuevas poesías e historias que busquen en
definitiva la consolidación de una identidad de nación. Se contó con la
participación de ponentes altamente reconocidos en el mundo de las letras
salvadoreñas, tales como el Dr. Luis Melgar Brizuela y el Lic. Antonio Casquín,
quienes explicaron a los participantes que la identidad del salvadoreño deberá
construirse a través de una literatura que refleje los valores del pueblo
pipil, antiguos habitantes de lo que anteriormente se denominó Cuscatlán, hoy
El Salvador.
La “Generación de
El nombre de este grupo de escritores noveles
fue otorgado por los organizadores en alusión al compromiso de hacer resurgir
la sencillez de la vida a través de las letras, tal y como la sangre que
recorre las venas. Chicos y chicas cuyas edades oscilaban entre los 14 y 25
años permanecieron dos días reunidos proponiendo formas e ideas para impulsar
este gran movimiento entre sus contemporáneos. Actividades culturales como el
canto, la danza, la guitarra clásica, el teatro y la lectura de textos poéticos
en torno a la fogata permitieron a los jóvenes poetas divertirse tanto
apreciando las artes de los quezaltecos como en el compartir de la poesía al
calor de la hoguera. Como miembro de esta generación puedo asegurar que el
compromiso es grande, pero que no será desoído por todos los que nos adentramos
en esta aventura literaria, pues la lucha por defender las letras en un país
donde no existen muchos, o muy pocos espacios de difusión de este bello arte,
representa un gran reto a vencer para la transformación del país que Gabriela
Mistral bautizara como “pulgarcito de América”. Esperamos que este eco de
esperanza llegue a otras latitudes a través de la red, invitando a nuestros
lectores a que sigan apoyando a la literatura bajo todas sus formas en cada uno
de sus países. Así mismo esperamos que se apoye a El Salvador compartiendo esta
noticia en todas partes, demostrando así que los jóvenes salvadoreños podemos
unirnos al concierto literario de las naciones.






































