Tranvía nocturno
Sido como fui el fauno real de Niza, la pantera ?de
Argel? en el Hyde Park, gárgola alegre del
valle de Huamanga,
oh vedme convertido en el gorgojo tuerto del Danubio:
pimientos y vigilias sin rumbo y sin respuesta.
Virgen necia entre las vírgenes prudentes, un solo ojo
apestado que no ve
el cielo atrás del cielo, el triunfo de los hombres
que vendrán.
Sin lámpara de aceite que descubra las más verdes colinas
en los ojos
de un borracho fondeado en el tranvía a la hora del búho.
Campos de ámbar y avena que no oteo, gorgojo que ahora
evito:
No hay días venideros, apenas un tranvía cargado de
borrachos
como un carbón prendido entre la niebla.
Un Perro Negro
Un perro. Un prado.
Un perro negro sobre
un gran prado verde.
¿Es posible que en un
país como este aún
exista un perro
negro sobre un
gran prado verde?
Un perro negro ni grande
ni pequeño ni peludo
ni pelado ni manso ni feroz.
Un perro negro común
y corriente sobre un
prado ordinario.
Un perro.
Un prado.
En este país un perro
negro sobre un prado
verde es cosa de
maravilla y de rencor.
De Las inmensas preguntas celestes
Dos Soledades
I. Hampton Court
Y en este patio, solo como un hongo, adónde he de mirar.
Los animales de piedra tienen los ojos abiertos sobre la presa enemiga
ciudades puntiagudas y católicas ya hundidas en el río hace cien
lustros se aprestan a ese ataque. Ni me ven ni me sienten. A mediados
del siglo diecinueve los últimos veleros descargaron el grano. Ebrios
están los marinos y no pueden oirme las quillas de los barcos se pudren
en la arena.
Nada se agita. Ni siquiera las almas de los muertos número considerable
bajo el hacha, el dolor de costado, la diarrea. Enrique El Ocho, Tomás
Moro, sus siervos y mujeres son el aire quieto entre las arcadas y las
torres, en el fondo de un pozo sellado. Y todo es testimonio de
inocencia. Por las 10.000 ventanas de los muros se escapan el león y el
unicornio. El Támesis cambia su viaje del Oeste al Oriente. Y anochece.
II. Paris 5e
"Amigo,
estoy leyendo sus antiguos versos en la terraza del Norte. El candil
parpadea. Qué triste es ser letrado y funcionario. Leo sobre los libres
y flexibles campos de arroz: Alzo los ojos y sólo puedo ver los libros
oficiales, los gastos de la provincia, las cuentas amarillas del
Imperio".
Fue en el último verano y esa noche
llegó a mi hotel de la calle Sommerard. Desde hacia dos años lo
esperaba. De nuestras conversaciones apenas si recuerdo alguna cosa.
Estaba enamorado de una muchacha árabe y esa guerra la del zorro Dayan
le fue más dolorosa todavía. "Sastre está viejo y no sabe lo que hace"
me dijo y me dijo también que Italia lo alegró con una playa sin
turistas y erizos y aguas verdes llenas de cuerpos gordos, brillantes,
laboriosos, "Como en los baños de Barranco". Y una glorieta de palos
construida en el 1900 y un plato de cangrejos. Había dejado de fumar. Y
la literatura ya no era más sus oficio.
El candil parpadeó cuatro veces. El silencio crecía robusto como un
buey.Y yo por salvar algo le hablé sobre mi cuarto y mis vecinos de
Londres. De la escocesa que fue espía en las dos guerras, del portero,
un pop singer, y no teniendo ya nada que contarle, maldije a los
ingleses y callé.
El candil parpadeó una vez más. Y entonces sus palabras brillaron más
que el lomo de algún escarabajo. Y habló de la Gran Marcha sobre el río
Azul de las aguas revueltas, sobre el río Amarillo de las corrientes
frías. Y nos vimos fortaleciendo nuestros cuerpos con saltos y carreras
a la orilla del mar, sin música de flautas o de vinos, y sin tener otra
sabiduría que no fuesen los ojos. Y nada tuvo la apariencia engañosa de
un lago en el desierto. Mas mis dioses son flacos y dudé. Y los
caballos jóvenes se perdieron atrás de la muralla, y él no volvió esa
noche al hotel de la calle Sommerard.
Así fueron las cosas dioses lentos y difíciles, entrenados para
morderme el hígado todas las mañanas. Sus rostros son oscuros,
ignorantes de la revelación. "Amigos, estoy en la Isla que naufraga al
norte del Canal y leo sus versos, los campos del arroz se han llenado
de muertos. Y el candil parpadea".
De Canto ceremonial contra un oso hormiguero







































