
EL REY DE SEIS
PUNTAS
El sol, el aire y la arena arden. Sus pasos remecen mis vísceras y en la medida que él se acerca su figura crece. La sequedad del ambiente y el abundante sudor entorpecen mi vista, indefensión que pone a prueba la valentía de mis trece años. Siento pánico ante este monstruo armado; él se regocija de nuestras diferencias. De entre las dunas vuelan oleadas de imágenes que vienen a estrellar en mi mente: un venerable anciano me unge; ingreso a las filas del rey y lo colmo de victorias, por recompensa recibo a una princesa. En nombre de Dios y el honor de mi tribu lo voy a enfrentar. La envidia del monarca me seguirá hasta los montes; nace mi primogénito; bajo la Jupáh prometo glorificar la Alianza. “Soy el que soy”, dicen que dijo. Mi opositor, mientras camina desenvaina su temible espada. Presencio la ceremonia de mi coronación; la escena donde, por medio de la sangre consigo a mi última esposa, madre de la sabiduría. El coloso se detiene; sin dejar de mirarlo recojo más piedras. Con dolor destierro a mi amado hijo; reino por largos cuarenta años. Nos detenemos; mi corazón se niega a retroceder. Círculo..., círculo..., círculo... “¡Ahí va nuestra respuesta, Goliat!”.






































