
GOMBROWICZIDAS
MINERVA Y LOS VAPORES DE GOMBROWICZ
Por Juan Carlos Gómez
"Necesitaba
víctimas... Me sentía feliz cuando caía en mis manos un interlocutor
cándido y apasionado con quien podía jugar como el gato con el ratón...
A veces ocurría que las víctimas se convertían en adeptos o incluso en
amigos (...) En ocasiones se producían cortocircuitos, la medida se
colmaba y uno u otro de los presentes se ponía violentamente de pie y
se marchaba ofendido. Pero generalmente había más risas que ofensas"
Son
comentarios que hace Gombrowicz sobre la bohemia de su juventud en los
cafés de Varsovia, un talante burlón y sarcástico que debió ir
atemperando con los años, pero no ocurrió así. Gombrowicz, como el
alacrán, no pudo con el genio, y no sé si tan feliz como cuando era
veintiañero, pero aquí, en los cafés de Buenos Aires, siguió haciendo
lo mismo con nosotros, eran algo así como ejercicios en técnicas de
guerra.
Los que nos hacíamos sus adeptos y sus amigos le
testimoniábamos de entrada nuestra simpatía. Su tendencia innata a
llevar siempre la contraria le acentuaba todas las características que
lo diferenciaban de nosotros, ésa era su política. Teníamos debilidad
por ese noble polaco venido a menos, nos divertía y nos hacía reír,
delante de él sentíamos que nuestra vida tenía más colorido y era más
interesante.
Cuando
lo conocí en el café Rex en 1956 hacía ya algunos años que escribía sus
diarios y que había roto las relaciones con la gente de Polonia y con
lo que creaban. Sus colegas tenían necesidad de asimilar una fe, fuera
la que fuese, una postura ideológica o estética, porque los ayudaba a
organizarse, con la esperanza de que se convertirían en escritores
auténticos, pero sólo se sumergían en una orgía de irrealidad.
"Me
bastaba pues, con que de este lado me llegara un soplo de vida
auténtica. Avanzaba en esta dirección a ciegas, simplemente porque cada
paso en este sentido hacía mi palabra más fuerte y mi arte más
auténtico. Lo demás no me preocupaba demasiado. Lo demás, tarde o
temprano, llegaría por sí solo"
Pero
Polonia no era tan cándida como lo éramos nosotros, no podía jugar con
ella como el gato con el ratón, en consecuencia se produjeron
cortocircuitos y entonces se puso a escribir los diarios.
"Había
pues que evitar dar al ‘Diario’ un carácter de confesión; debía
presentarme en él en acción, en mi intención de imponerme al lector de
una determinada manera, en mi voluntad de crearme a la vista y
conocimiento de todos como lo que quería ser para ellos, y no como lo
que era"
En los diarios manifiesta también esa tendencia que se
le había despertado desde joven que lo inclinaba inexorablemente a la
búsqueda de víctimas, y empieza a componer en ellos una obra maestra.
Este género literario era pariente cercano de su otra obra maestra: las
conversaciones que mantenía con nosotros en los cafés. En el "Diario"
se pone de relieve a sí mismo, se explica, provoca la indignación de
los lectores, comenta su obra y le declara la guerra a la crítica.
Libra batallas con la literatura y el arte, y lleva ataques sostenidos
contra la poesía, la pintura y París. Abre frentes contra el
existencialismo, el catolicismo, el marxismo y el estructuralismo, y
también contra las culturas secundarias. Ve al hombre como una criatura
y un creador de la forma, como a un ser insuficiente e inmaduro.
Hay
páginas de carácter exclusivamente artístico llenas de humor y de
lirismo, otras dedicadas a las excentricidades, a las mentiras, a las
bromas y a los engaños, todo igual que en los cafés de Varsovia y de
Buenos Aires, pero en forma más organizada.
La agresividad que
aparece en los diarios no tiene como única causa su tendencia natural a
llevar la contraria. En esta obra lleva adelante con audacia,
despreocupación y encarnizamiento una crítica abierta a toda la cultura
moderna. Lo puede hacer porque no tiene nada que perder, podía escribir
todo lo que le pasara por la cabeza pues a los demás los tenía sin
cuidado. Y si bien era un artista no era un escritor introducido en el
mundo literario, alguien con cierta mundología propia de ese medio y
formado en una escuela determinada.
Su
inclinación natural a llevar una vida estrictamente personal, su
situación social y el destierro argentino es lo que se hallaba en la
raíz de esta agresión. No era nada, por lo tanto podía permitírselo
todo. En el ámbito de la cultura las cosas van más o menos bien si todo
permanece como debe ser, respetable y digno de consideración. Si se
transgreden las reglas la cosa se pone fea.
"Mi ‘Diario’ no se
propone profundizar nuestra cultura, enriquecerla, sino comprobar si
está construida a nuestra medida y si permanece en el suelo con
nosotros. No es la cultura la que me interesa, sino nuestras relaciones
con ella. Mi punto de partida es pérfidamente simplista: todos jugamos
a ser más sabios y más maduros de lo que somos"
La
sabiduría y los conflictos son vapores en medio de los cuales se mueve
a menudo Gombrowicz, como si de la mano de Minerva –la diosa de la
sabiduría, de las artes y de las técnicas de la guerra– quisiera dar
cuenta de buena parte del mundo.
"Y si a Sócrates se le hubiera
aparecido Casandra con la siguiente profecía: –¡Oh, mortales! ¡Oh,
estirpe humana! Mas os valdría no alcanzar a ver el lejano futuro que
será diligente, escrupuloso, laborioso, liso, llano, miserable... Ojalá
las mujeres dejasen de parir, pues todo lo que nazca nacerá al revés:
la grandeza engendrará la pequeñez, la fuerza la debilidad, y de
vuestra razón procederá vuestra estupidez. ¡Oh, ojalá las mujeres
diesen muerte a sus recién nacidos...!, porque tendréis funcionarios
por jefes y héroes, y los buenazos serán vuestros titanes. Se os
privará de belleza, de pasión y de placer (...)"
"Os
esperan tiempos fríos, tediosos y secos. Y todo eso será obra de
vuestra propia Sabiduría, que se despegará de vosotros y se volverá
incomprensible y feroz. ¡Y ni siquiera podréis llorar, puesto que
vuestra desgracia estará ocurriendo fuera de vosotros!
¿Será esto
una blasfemia contra nuestro Supremo Hacedor? ¿Nuestro Creador de hoy?
(Naturalmente me estoy refiriendo a la ciencia) ¡Quién se atrevería!
También yo me postro ante la más joven de las Fuerzas Creativas,
también yo me prosterno, hosanna, pues esta profecía canta precisamente
al triunfo de la omnipotente Minerva sobre su enemigo, el hombre"
La
sabiduría que menos soportaba era la de la ciencia, con la ciencia nos
estamos encaminando a convertirnos en una raza de pigmeos de cabezas
hinchadas y de delantales blancos.
Los científicos son unos especialistas que manipulan
nuestros genes, se inmiscuyen en nuestros sueños, modifican el cosmos y
manosean nuestros órganos íntimos. La ciencia tiene un carácter
abominable, es como un cuerpo extraño introducido en la razón, que la
razón lleva como una carga con el sudor de su frente. Es como un
veneno, y cuanto más débil es la razón tantos menos antídotos encuentra
y tanto más fácilmente sucumbe.
El crecimiento del cientificismo
terminó por estimularle su naturaleza profética y blasfema, una
naturaleza con la que combatió a una buena parte de los promontorios de
la cultura contemporánea.






































