
Carnaval y escritura:
Dos fiestas de la trasgresión
por CARLOS ENRIQUE CABRERA
La fiesta es la categoría primera e
indestructible de la civilización humana.
MIJAÍL BAJTÍN
SI algo es la escritura es subversión y ruptura. No es posible gestar, dar a luz una obra de creación válida y perdurable desde la complacencia y la blanda y muelle acomodación a lo establecido, al orden existente.
La literatura nace de una esencial disconformidad del autor: disconformidad con la Realidad, disconformidad con el propio ser, con la condición humana misma –ante sus límites y/o limitaciones y su dramática finitud, rotundamente demostrada por la muerte…— y disconformidad con el ámbito en el que todos nos desenvolvemos: la sociedad, la historia y la cultura.
El escritor auténtico, de raza, tiene un imperioso compromiso crítico. Éste cuestiona el orden establecido y cuanto pone límites y trabas a la libertad, destruye para crear o recrear la realidad ampliando sus límites; se hunde en el caos primigenio desde el que todo se regenera y renace renovado. Derribar muros y barreras, ampliar, ensanchar horizontes, he aquí la tarea de todo escritor (y de todo escrito) que se precie, valore y respete.
Ocultos los rostros tras máscaras vistosas y cubiertos los cuerpos por bellos e imaginativos disfraces, el ser individual y colectivo se expresa, se realiza y se libera (de los límites de la realidad y de los de la propia especie) en las festividades carnavalescas. De igual modo lo hace el escritor a través del disfraz suntuoso de su arte, a través de las palabras y de las frases, de los símiles y metáforas, de las situaciones y, sobre todo, a través de sus personajes.
Porque (en efecto) todo gran escritor es un travestido (Madame Bovary, c´est moi, Gustave Flaubert dixit) que revela y pone de manifiesto la debilidad y relatividad esencial de todos nuestros supuestos; de todos nuestros hábitos y costumbres consagrados por la tradición y la cultura.
Todo gran escritor es –y sigo con las metamorfosis– un Diablo Cojuelo que nos propina innúmeros vejigazos de palabras, símiles y metáforas, dejándonos certidumbres y creencias magulladas, hundida el alma en el desasosiego y en mil y un inquietantes interrogantes la cabeza.
Las obras de creación auténticas ponen nuestro mundo de cada día –ése en el que nos movemos con desenvoltura y con una fe absoluta en su solidez, estabilidad y confiabilidad–, al revés, nos lo tornan de cabeza en una traslocación total de sus elementos.
En la escritura –como en su hermano siamés el Carnaval– la subversión de la realidad se plasma y manifiesta a través de un conjunto –la enumeración y descripción de éstas es de Julio Caro Baroja– de poderosas metáforas: la expulsión (insultos, injurias y procacidades lingüísticas); la inversión (parodias, burlas, sátiras…); el riesgo (trabalenguas, juramentos); desvelamiento y persecución de males (revelar lo oculto y lo secreto); el descoyuntamiento de la realidad o poner ésta patas arriba (juegos lingüísticos, sintácticos); la degradación de jerarquías, cultos, géneros e instituciones mediante o a través de la vulgarización, la grosería, la burla, la risa, el disparate, la irreverencia y el absurdo.
En la obra literaria de verdadero fuste y valía la fiesta de la palabra y de la imaginación creadora se manifiesta en sus vitalidad y esplendor más completos, haciendo que todo sea posible: el rico es pobre y el pobre es rico; el diablo anda de la mano de Jesús; la muerte da vida y la vida muerte; las fronteras de los sexos se borran y el loco es de golpe un cuerdo gobernante.
La escritura de creación es, en suma –como el Carnaval–, un pasadizo iniciático abierto a la Utopía y al amplio espectro de lo posible, “a lo que nunca nadie ha hecho nacer aún en la mañana del mundo.”
DATOS DEL AUTOR: Carlos Enrique Cabrera es escritor, profesor universitario y promotor cultural. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y desde 1994 se desempeña como profesor a tiempo completo del Área de Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En 2001 fundó la revista cultural de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección lleva ya publicados 26 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría el libro: Reflexiones de bolsillo (2002) y el conjunto de microcuentos de pronta aparición: Conjuros.
Mantiene en La Comunidad del diario madrileño El País el blog Conjuros y en Blogger el blog promocional de la revista Caudal.






































