
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y LEÓNIDAS BARLETTA
La actividad de
escribir le proporciona a los hombres de letras una mayor facilidad de
la que tienen los hombres que no escriben para darle distintos aspectos
a lo que son y a lo que les ocurre, siendo Gombrowicz un buen ejemplo
de todo esto.
"Escuchadme, hipopótamos: yo no me quejo de que
vuestra estupidez profesional o articulista haya difamado sin cesar mi
trabajo literario, que como se ha comprobado hoy, tiene algún valor.
Hicisteis lo que pudisteis por fastidiarme la vida y en parte lo
conseguisteis. Si no fuera por vuestra mezquindad, vuestra
superficialidad, vuestra mediocridad, tal vez no hubiera pasado hambre
durante años en la Argentina, y también otras humillaciones me hubieran
sido ahorradas. Os interpusisteis entre yo y el mundo, banda de
infalibles maestros de escuela y periodistas, deformando,
tergiversando, falseando los valores y las proporciones (...)"
"Bien,
al diablo con vosotros, ¡os perdono! Y no espero que ninguno balbucee
hoy algo parecido a unas tímidas disculpas, sé demasiado bien qué es lo
que se puede esperar de unos pillos como vosotros.
Pero
¿cómo perdonaros el que hayáis logrado vencerme en mi victoria final
sobre vosotros? Sí. Alegraos. Habéis ganado en vuestra derrota. Porque
habéis hecho que mi éxito haya llegado demasiado tarde..., diez, veinte
años más tarde..., cuando ya estoy demasiado cerca de la muerte y ella
contamina de derrota hasta mis triunfos...; ¿sabéis?, ya no soy lo
suficientemente vigoroso para poder disfrutar de mi desquite, ¿Triunfo?
¿Megalómano? ¿Presumido? Pero si hasta de esto me habéis privado, no
puedo gozar ni de mi ascensión ni de vuestra derrota, ¿cómo voy a
perdonarlo?"
Este es un reproche amargo que Gombrowicz le hace a
una buena parte de la inteligencia polaca. Sin embargo, a pesar de lo
que dice Gombrowicz, no se la puede hacer responsable de todas las
humillaciones que padeció en la Argentina.
Los
argentinos empezaron a pasarlo de mano en mano: Gálvez se lo pasó a
Capdevila, Capdevila a su hija Chinchiana, Chinchina a sus amigas. En
el año mortal de 1940 Gombrowicz flirteaba con esas chicas que lo
llevaban a los museos, lo invitaban con masas, mientras él les
retribuía con charlas que armaba sobre el amor europeo.
En ese año
fatídico Roger Pla le había presentado a Antonio Berni y en la casa del
pintor dio una charla sobre el por qué y el cómo Europa había sentido
el deseo del salvajismo, y de cómo esta inclinación enfermiza del
espíritu europeo podía aprovecharse para la revisión de la cultura
demasiado alejada de sus propias bases.
Pero le falló el
estilo, las palabras que pronunció resultaron mediocres y Pla le
reprochó el tono sentimental de unos razonamientos ingenuos. Sin
embargo, dos meses después del derrumbe que había sufrido en la casa de
Berni, se anima a dar otra conferencia que resultó famosa por el
escándalo que se armó con los polacos. Decidió rehabilitarse de su
fracaso anterior e insistió con el tema: "Regresión cultural en la
Europa menos conocida", la dio en el Teatro del Pueblo invitado
especialmente por su director, el escritor Leónidas Barletta. Le
adelantaron que era un teatro de primera clase, frecuentado por la flor
y nata del ambiente cultural de Buenos Aires, en vista de lo cual
decidió preparar un texto del más alto nivel intelectual. Otra vez
planteó la cuestión de cómo la ola de barbarie que había invadido a
Europa central y oriental podía aprovecharse para revisar los
fundamentos de la cultura.
Leyó
el texto, lo aplaudieron y bastante contento volvió al palco reservado
para él donde se encontró con una joven bailarina y admiradora, muy
escotada y con unos collares de monedas.
Cuando estaba por retirarse
con la bailarina observa que alguien se sube al estrado y empieza a
vociferar, lo único que puede distinguir con claridad es la palabra
Polonia, la excitación y los aplausos. Acto seguido sube otra persona,
pronuncia un discurso agitando los brazos mientras el público empieza a
chillar. Gombrowicz no entiende nada pero estaba contento de que su
conferencia hubiera despertado tanta animación. Pero, de repente, los
miembros de la Legación de Polonia abandonan la sala, parece que algo
andaba mal.
Un
escándalo, resulta que la conferencia fue aprovechada por los
comunistas allí presentes para atacar a Polonia. Una parte de la elite
intelectual argentina era medio comunistoide y no exactamente la flor y
nata de la intelectualidad de Buenos Aires, de modo que su ataque a la
Polonia fascista no se distinguió precisamente por su buen gusto.
Barletta,
igual que Gombrowicz, no podía digerir al Asiriobabilónico Metafísico,
se refería a él en forma despectiva. ...:"Cachafaz… Fracasado… El pobre
Borges… Vate criollo y vate septuagenario… Buscador de puestitos…
Pergeñador de cuentos persas... y lávese de toda esa mugre metafísica."
Esta
comunidad de opiniones respecto de Borges le encantaba a Gombrowicz y
quizá debido a esto pasó por alto que Barletta era también un hombre de
izquierdas.
Sería injusto hacer responsable a Barletta de lo que
ocurrió ese día en el Teatro del Pueblo, hay que decir sin embargo que
Gombrowicz se las vio mal y pasó verdaderos apuros.
Al día siguiente
de la conferencia que había dado en el Teatro del Pueblo fue a la
Legación de Polonia donde lo recibieron en forma fría, como si fuera un
verdadero traidor. En vano les explicó que el director del teatro, el
señor Barletta, no le había informado que era costumbre seguir las
conferencias con un debate y que, por otra parte, no podía considerar
como comunista a ese señor pues él mismo se hacía pasar por un
ciudadano honrado, ilustrado, progresista, adversario de los
imperialistas y amigo del pueblo. Pero lo peor fue lo de la bailarina:
su colorete, sus polvos, su escote pronunciado y el collar de monedas
hicieron aparecer a Gombrowicz como un cínico en un momento en el que
Polonia ardía en llamas. Hasta la prensa polaca de Estados Unidos se
puso verde con esta metida de pata.






































