
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y EMIL MICHEL CIORAN
por Juan Carlos Gómez
Al final de la
historia argentina se produce el segundo destierro de Gombrowicz, en
1939 se había desterrado de Polonia a bordo del Chrobry y en 1963,
veinticuatro años después, se estaba desterrando de la Argentina a
bordo del Federico Costa. Se fue a Berlín invitado por la Fundación
Ford a pasar un año en esa ciudad endemoniada donde se pergeñó buena
parte de su ruina. ¿En qué pensó cuando le ofrecieron la beca?, es
difícil responder esta pregunta pero más que pensamientos debieron ser
impulsos obscuros los que lo pusieron en movimiento.
Estos
impulsos obscuros le impedían conocer lo que quería, lo ponían en
contacto con lo que él rechazaba, con lo que no quería. A mí me parece
que cuando Gombrowicz recibe la invitación de la Fundación Ford ya
sentía la necesidad de volverse extranjero otra vez.
"Pero,
¿qué tengo que hacer yo aquí, donde ni se me lee, ni se me edita, ni se
me conoce? Evidentemente, una existencia tan anónima y tranquila es muy
propicia para el trabajo artístico e intelectual, pero ya todos los
mecanismos de la situación me proyectan hacia a fuera (...)"
"Comprenda
usted que para mí volver a Europa es un asunto casi dramático, nada
parecido a un viaje de turismo. Tendré que enfrentar amigos
envejecidos, amigos muertos, ciudades transformadas, gente desconocida,
surgirá ante mí una Europa disfrazada y me temo que el tiempo se dejará
sentir demasiado (...) Por cierto, viajaré temblando, como si temiera
verme con un fantasma"
No obstante, es el sentimiento de
libertad el que lo mueve a Gombrowicz a emprender la retirada, a
alejarse de un país íntimo y extraño que lo recibió con amabilidad pero
que no lo comprendió. Él siente su libertad más como una ruptura con
los vínculos que lo están aprisionando que como el sueño en un
esplendor futuro. Ese pájaro huyó por la puerta de la Fundación Ford
pero ya existían otras puertas que se le estaban abriendo en el mundo,
y por una u otra puerta el águila polaca se nos iba escapar de la
jaula.
El
destierro es un dolor que aparece en todas sus novelas, no tan sólo en
"Transatlántico", y también en sus piezas de teatro. ¿Qué cosas le
pasaron por la cabeza a Gombrowicz cuando se bajó del Chrobry? Cuatro
días antes de la declaración de la guerra, el 28 de agosto del año
1939, el barco recibió la orden de partir.
Gombrowicz estaba
muy nervioso. Dudaba entre regresar a Inglaterra o quedarse en la
Argentina y esperar que terminara el conflicto. Hizo que le subieran el
equipaje, se despidió de Jeremi Stempowski y se embarcó. Cuando la
sirena del barco empezó a anunciar la partida Gombrowicz estaba bajando
por la pasarela con sus dos maletas y saltaba rápidamente al muelle.
Entre
el viaje de ida a bordo del Chrobry y el de vuelta a bordo del Federico
Costa vivió un exilio de veinticuatro años en el que intentó liberarse
de las limitaciones que le impuso el destino habiendo recorrido para
conseguirlo un camino extraño: para ser libre eligió ser extranjero en
la mismísima Polonia y también en una Argentina que no lo leía, no lo
editaba y no lo conocía.
De
las tres pertenencias fundamentales que tiene el hombre, la
transcendencia, la tierra y la especie, es seguro que por lo menos una
Gombrowicz la perdió: la tierra. No tuvo oportunidades de regresar a
Polonia después de su viaje providencial a la Argentina, primero los
alemanes y después los comunistas le cortaron el paso. Se convirtió en
un desterrado y como tal polemizó con Cioran sobre las ventajas y
desventajas del destierro.
Como Cioran mete en la misma bolsa de
gatos a todos los escritores exiliados, Gombrowicz se ve obligado a
hacer una aclaración: antes que ninguna otra cosa hay que distinguir de
qué escritor se trata. Si bien es cierto que es desagradable no poder
editar las obras y, en consecuencia, no tener lectores hay que decir
que el arte está cargado de soledad y encuentra su razón de ser en sí
mismo.
Los
hombres célebres suelen ser extranjeros en su propia casa y son
célebres porque se valoran más a sí mismos que al éxito. El arte en
general, y no sólo el del exilio, está en estrecha relación con la
descomposición y la enfermedad a las que transforma en salud. Cioran
dice que un artista en el exilio es un ambicioso, un derrotado agresivo
y asimismo un conquistador, pero eso también lo son los artistas que se
quedan en casa.
No hay que olvidarse tampoco de que el arte es un
cementerio, de cada mil personas que no han logrado realizarse y se han
quedado en la esfera de la dolorosa insuficiencia, apenas una o dos
consigue existir de verdad. La suciedad que proviene de estas
ambiciones insatisfechas no tiene tanto que ver entonces con el
destierro sino más bien con la naturaleza misma del arte.
Son
elementos característicos de cualquier café literario, y en realidad es
indiferente en qué lugar del mundo se atormentan los escritores que no
son bastante escritores para ser escritores de verdad.
Quizá sea más
sano que se vean privados de los mimos que les hacían en el propio
país. No hay nada de extraño en que unas criaturas de invernadero
cuidadas en el seno de la nación se marchiten fuere de ese seno. Cioran
cuenta cómo se muere el escritor separado de su sociedad, pero este
escritor jamás ha existido verdaderamente, es un embrión de escritor. Y
no sólo para llevarle la contraria a Cioran es que Gombrowicz piensa
que la situación del desterrado debería constituir un verdadero
estímulo para la literatura.
En muchos momentos de la historia
ocurre que lo mejor de un país es expulsado al extranjero, los
argentinos sabemos bastante de este asunto. Gombrowicz piensa que la
ventaja consiste en que se abre una posibilidad de pensar el país desde
el lado de afuera. En el caos general de la nueva tierra se relajan las
formas reinantes en la conciencia y se puede encarar el futuro de un
modo más libre.
Pero
este exceso de libertad es, paradójicamente, lo que más ata al
escritor. Se siente amenazado por la inmensidad del mundo y el carácter
definitivo de sus problemas, entonces se agarra al pasado, es decir, a
sí mismo, porque tiene terror a que todo se le desarme, y finalmente se
toma de la única esperanza que le queda, la de recuperar la patria.
Para
recuperar la patria debe resignar su propio yo, no sabe ser escritor
sin patria, pero al resignar su propio yo para recuperar la patria deja
de ser escritor, escritor en serio. El artista en el exilio no sólo
vive fuera de la nación, también vive fuera de su elite, tiene que
enfrentar personalmente la presión de un vida brutal e inmadura.
Algunos son empujados por esta razón a una trivialidad democrática,
otros a un vulgar realismo, y otros más al aislamiento.
El
escritor debe encontrar una forma de sentirse otra vez superior para
recuperar su valor. No es extraño que en estas condicione el escritor
esté paralizado por la inmensidad y por su propia debilidad, que
esconda la cabeza y fabrique una parodia del pasado, que huya del mundo
para ir a parar a su pequeño mundillo.
"Y, sin embargo, tarde o
temprano nuestro pensamiento tiene que labrarse las vías de salida del
impasse. Nuestros problemas darán con la gente adecuada. En este
momento no se trata de la creación misma, sino de la recuperación de la
capacidad de crear. Debemos crear esa porción de libertad, valor y
decisión, y hasta diría irresponsabilidad, sin la cual la creación es
imposible. Debemos simplemente familiarizarnos con la nueva escala de
nuestra existencia. Tendremos que tratar con sangre fría y sin
miramientos nuestros sentimientos más queridos para llegar a unos
valores nuevos. En el momento en que nos pongamos a formar el mundo
desde el lugar en el que nos encontramos y con los medios de que
dispongamos, la inmensidad menguará, la infinitud tomará una forma y
comenzarán a bajar las turbulentas aguas del caos"







































muy buen articulo, graciasm me ...
muy buen articulo, graciasm me hizo reflexionar mucho sobre la creacion fuera de la "patria"