
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ, GILLES DELEUZE Y PITÁGORAS
"Cosmos"
es la obra más abstracta de todas las que escribió Gombrowicz, pero es
por ella que recibió el "Formentor", es decir, el Premio Internacional
de Literatura.
Las relaciones que Gombrowicz tenía con la
abstracción, especialmente con la matemática que es su forma más pura,
se pusieron de manifiesto muy tempranamente.
"Volvió a repetirse lo
mismo, desgraciadamente, en el examen escrito de matemáticas. Mi falta
de talento en esta materia se dejó ver con toda claridad. Ataqué el
problema de trigonometría con la bravura de un suicida y, para mi mayor
sorpresa, lo resolví en diez minutos. Todo iba como la seda: bastaba
sumar unas cuantas cifras y ya estaba listo. Pero yo sabía que era
demasiado hermoso para ser cierto y me dispuse a buscar, horrorizado,
otras soluciones... mas no había nada que hacer, cada vez, como un tren
sobre una vía muerta, llegaba a la misma solución sencilla, clara,
deslumbrante por su evidencia (...)"
"Por
fin sucumbí, no pude resistirme más a la evidencia y, presa de los
peores presentimientos, entregué el trabajo. Sabía que me iban a poner
un cero pero, ¿qué podía hacer si no existía mancha ninguna en mi obra?
Sí, un cero en trigonometría, un cero en álgebra, un cero en latín:
tres ceros coronaron mis esfuerzos. Parecía que no tenía salvación"
La
naturaleza de "Cosmos" tiene sin embargo una extraña relación con la
ciencia de Pitágoras, especialmente en los desarrollos de series y en
el análisis combinatorio, un asunto que ha despertado el interés de dos
filósofos connotados, el de nuestro Revólver a la Orden y el de Gilles
Deleuze.
En agosto de 1963 Gombrowicz retoma "Cosmos", una obra que
había interrumpido el 19 de febrero de ese año al enterarse que la
Fundación Ford lo invitaba a pasar un año en Berlín.
En mayo,
recién llegado a Berlín, nos empieza a decir que tenía dificultades
para terminarlo. En septiembre nos escribe que le faltaban
aproximadamente cuarenta páginas muy difíciles y que no le aparecía
claro el título, dudaba entre Cosmos, Figura y Constelación. En octubre
nos confiesa que la obra lo había aburrido en tal forma que no tenía
ganas de terminarla, que el final era bravísimo y que ensayaba nuevos
métodos y concepciones. En diciembre nos cuenta que le faltaban tres
páginas para terminar pero que no sabía cómo hacerlo y que a lo mejor
lo dejaba sin terminar. En junio de 1964 nos dice que le faltaban diez
páginas y en agosto, que lo había terminado.
A
Gombrowicz no le gustaba dar datos sobre su obra cuando la estaba
escribiendo ni detalles sobre su vida privada, por esta razón es que no
nos informaba qué parte de la historia no tenía resuelta cuando le
faltaban cuarenta páginas.
Pero por esa cantidad de páginas yo
calculo que todavía no había decidido hacerlo masturbar a Leon, ahorcar
a Ludwik ni desencadenar el diluvio final que se parece bastante a
dejar sin terminar la historia.
Si
bien la masturbación de Leon, el ahorcamiento de Ludwik y el diluvio
son elementos verdaderamente dramáticos del final de "Cosmos" todavía
nos podemos imaginar que Gombrowicz podía haberlos cambiado por otros.
Sin embargo, hay un momento de las obras en el que ya han aparecido las
escenas claves, las metáforas fundamentales y los símbolos que apuntan
en una dirección determinada y no se pueden cambiar por otros. Del caos
inicial, por una acumulación de forma, se pasa a las escenas, a los
personajes, a los conceptos y a las imágenes que el proceso de control
ya no puede eliminar, y de lo ya creado se creará el resto.
Ese
momento es para "Cosmos" la integración del análisis combinatorio con
el sistema de series de las dos bocas y los tres elementos colgantes:
el gorrión el palito y el gato.
Gombrowicz zambulle al matemático de la
combinaciones que tiene dentro en los mundos de la causalidad, del
azar, de la lógica interna y externa, del intento de organizar el caos,
de la formación de la realidad, de las bocas erotizadas y sexualizadas,
de la pasión enfermiza de un joven estudiante, de la masturbación y de
la muerte. La acción está constituida por ideas que se perfilan poco a
poco y luego se vuelven nítidas, el protagonista le sigue la pista a
estas formas para asociarlas pero constantemente le vuelven a caer en
el caos.
La realidad surge de asociaciones de una manera indolente y
torpe en medio de equívocos, a cada momento la construcción se hunde en
el caos, y a cada momento la forma se levanta de las cenizas como una
historia que se crea a sí misma a medida que se escribe,
introduciéndose de una manera ordinaria en un mundo extraordinario, en
los bastidores de la realidad.
Las reflexiones que hace Revólver
a la Orden sobre "Cosmos" deben ser puestas en tela de juicio en razón
de las características teatrales con las que se manifiesta este
filósofo gombrowiczida.
En
efecto, el periodismo lo suele consultar sobre los asuntos más
variados. En cierta oportunidad respondió por radio una consulta que le
hacían sobre la veracidad de la medición del índice de inflación que
hacía el gobierno. La respuesta fue paradojal, como lo suelen ser las
respuestas de este pensador profesional, la medición podía ser o no ser
verdadera pero teníamos que estar a ella para evitar que nos
sobrevinieran tiempos apocalípticos. Este miembro del club de
gombrowiczidas tuvo una intervención rutilante en una de las Ferias del
libro.
Con su carácter categórico y versátil, que ejercita
todos los jueves desde hace veinte años en una aquelarre filosófico que
tiene un apartado llamado Gombrowicz, presentaba un libro sobre la
pasada crisis argentina en la que cayeron en picada el principio de
autoridad y la economía.
Se
paseó con erudición por las ideas del pasado y del presente, afirmó que
el negocio de la filosofía permanecía más o menos sin variantes desde
hacía algunos años, que Heidegger no era tan nazi como la gente creía
pero sí era un cagón, y manifestó que había estado de acuerdo con el
actual presidente de la Argentina hasta el momento en que se había
declarado un adalid de los derechos humanos al tiempo que le daba
entrada a los años setenta como si hubieran sido el mismísimo siglo de
Pericles.
El caso de Gilles Deleuze es diferente. Deleuze habla
de Gombrowicz en un curso que da sobre la confrontación entre Whitehead
y Leibniz como un ejemplo del escritor que sale del caos haciendo
series. Para Deleuze, "Cosmos" es el desorden puro del que Gombrowicz
sale organizando dos series diferentes, la de los ahorcados y la de las
bocas. Después habla de la tonalidad afectiva fundamental de Leibniz y
de la de Descartes, la tonalidad afectiva fundamental de Cartesius
vendría a ser la sospecha.
La filosofía es para Deleuze el arte de formar, de inventar y de fabricar conceptos, una idea realmente interesante.
"Sólo
hay una manera de salir del caos, haciendo series. La serie es la
primera palabra después del caos, es el primer balbuceo. Gombrowicz
hizo una novela muy interesante que se llama ‘Cosmos’, donde él se
lanza, como novelista, en la misma tentativa. ‘Cosmos’ es el desorden
puro, es el caos, ¿cómo salir del caos?
La novela de Gombrowicz es
muy bella, muestra cómo se organizan las series a partir del caos,
sobre todo hay en ella dos series insólitas que se organizan. Una serie
de animales ahorcados, el gorrión ahorcado y el pollo ahorcado, y una
serie de bocas, series que se interfieren la una con la otra y poco a
poco trazan un orden en el caos. Es una novela muy curiosa que uno no
habría terminado de leer si no se hubiera metido de cabeza en ella"





































