
GOMBROWICZIDAS
UNA CUESTIÓN DE PERROS
por Juan Carlos Gómez
Hace más o menos dos lustros, Eugenio
Noworyta, mejor dicho, el Camaleón, por aquel entonces Embajador de
Polonia en la Argentina, en el medio de una conferencia muy seria que
estaba dando en el Centro Naval de Buenos Aires, relató la historia del
encuentro de dos perros, uno checo y el otro polaco. Los pichichos se
encuentran en la frontera, el perro checo está bien alimentado y va
camino de Polonia, al perro polaco se le ven las costillas y va camino
de Checoslovaquia: –¿Adónde vas, pregunta el perro checo; –Voy y a ver
si puedo comer algo, ¿y vos?; –Voy a ver si puedo ladrar un poco.
Porque
les damos de comer y por su instinto altruista los perros polacos, los
checos y todos los demás perros han llegado a tener un gran afecto por
nosotros al punto que, según se dice, no hay hombre por más ruin y
miserable que sea que no lo pueda querer un perro una mujer.
Los
terratenientes tienen en general una buena relación con los animales, a
Gombrowicz lo alcanzan las generales de la ley, es una predisposición
que paradójicamente humaniza el carácter de los hombres, como también
le ocurría a Bioy Casares.
Gombrowicz
era muy tierno con los gatos y con los perros. En cierta oportunidad en
que le había pedido ayuda a dos jóvenes señoritas para pasar al francés
la versión española de "El casamiento" les pagó con siete gatitos que
había encontrado en la calle; también dio muestras de una gran congoja
cuando murió el perro de la Frau Schultze, la encargada de la pensión
de la calle Venezuela.
Cuando apareció "Ferdydurke" en la Argentina
Gombrowicz se convirtió en el editor de una revista literaria a la que
le puso el nombre de "Aurora", se tiraron cien ejemplares del primer
número que, lamentablemente, también fue el último.
Era un
panfleto humorístico, una sátira en la que se burlaba a la manera
estudiantil de Borges, Capdevila, Larreta, Barletta y Victoria Ocampo,
un libelo en el que observé por primera vez cómo Gombrowicz separaba el
texto en partes con anuncios publicitarios caninos.
"Un
perrito blanco lanudo, y bien alimentado"; "Se busca perro grande para
achicarlo"; "Un perro lindo y grande con cachorros y dos perras"
Gombrowicz
pasaba así de la seriedad de la aparición de "Ferdydurke" en el
continente Sudamericano, a la ligereza de las intervenciones caninas.
Es indudable que con esta intervención de los perros Gombrowicz nos quiere provocar la risa.
Reír
resulta agradable porque nos satisface el triunfo del conocimiento
intuitivo, la forma natural del conocimiento inseparable de nuestro ser
animal, sobre el pensamiento abstracto.
Nos agrada comprobar que
el pensamiento es incapaz de comprender todas las variantes que
presenta la realidad, es placentero ver perder a la razón de vez en
cuando, un dominio severo, perpetuo y molesto. Gombrowicz mezcla la
seriedad con la ligereza para hacernos reír a nosotros y para
provocarse la risa a sí mismo.
Un
canon que aparece en los diarios y que Gombrowicz utilizaba
sistemáticamente era el de hacer seguir la ligereza a la seriedad y
viceversa, para satisfacer este principio a veces recurría a los perros.
"Mi
perorata sobre la problemática contemporánea la di ayer (...) ¡Dios
mío!, hablaba como hablan hasta los más célebres, es decir, simulando
que me sentía como en mi casa, que aquello era para mí pan comido,
cuando en realidad cualquier cuestionario indiscreto me hubiera dejado
desarmado"
Después de esta memorable intervención de carácter
intelectual en una charla magistral que había dado a los estudiantes de
Santiago del Estero, rematada con una persecución vana que le hace a un
muchacho indígena por las calles de la ciudad, aparecen unos pichichos
que le dan título a una serie de pensamientos bastante serios.
Se refiere a los abogados y a los ingenieros, a
los que ve como naturalezas vulgares condenados únicamente a la
ciencia, todo lo demás era para ellos una tomadura de pelo de la que
tenían que defenderse para no ser engañados.
Se refiere
también a sus alumnos de filosofía a quienes previene de su falta de
seriedad, pues era un bribón al que le gustaba divertirse y burlarse de
los alumnos y de sus enseñanzas. A que su exceso de inteligencia e
imaginación lo llevaba a la estupidez puesto que nada resultaba para él
demasiado fantástico. A que el arte sólo le teme a la tibieza, un
apotegma fundamental en las concepciones de Gombrowicz. Y por último
saca la conclusión de que tiene poca resistencia para sus angustias,
una debilidad que le dificulta la entrada a un ascensor o la subida a
un tranvía. La imaginación le hace aparecer los tormentos del momento
con un aspecto insignificante, antes de llegar a ser verdaderos
tormentos. Esta manera de acercarse al dolor, piensa Gombrowicz, corroe
el valor como los gusanos a la madera.
A cada una de estas reflexiones más o menos serias las acompaña con sendas publicidades para perros.
"Perrito
mojado o sólo húmedo a elegir"; "Perrito blanco, sabroso, bien
nutrido"; "Cambio perro negro mordedor por dos viejos"; "Perro mojado y
gordinflón"; "Los perros se mordisquean en la canícula"
En ese
panfleto humorístico al que dio en llamar "Aurora" también utiliza a
los perros para atacar la responsabilidad por la palabra.
El
escritor Hipólito Alonso Pereiro estaba escribiendo a máquina la
primera página de su novela en la que un mucamo le pregunta a la señora
si había ordenado llamar el coche. Cuando Matilde le estaba diciendo
que sí, pero que no había ningún apuro, en vez de pero, y por error, a
Pereiro le salió perro.
Un escritor con menos fuerza de carácter
hubiera corregido el error, pero Pereiro era consciente de su misión y
aceptó con responsabilidad la palabra que había escrito: –¡Perro,
insolente perro! Y esta respuesta de Matilde obligó al pobre Pereiro a
modificar la respuesta del mucamo: –Si yo soy un perro, entonces usted,
señora, es una pera.
Este
nuevo error que se le deslizó en el teclado de la máquina, pues en vez
de perra escribió pera, lo obligó a cambiar otra vez : –Si yo soy un
perro, entonces usted es una pera perra, una perra pera para mí,
señora, porque sepa que a mí me gusta la bruta.
Quiso decir fruta
pero ya era tarde: –¡Ah, soy bruta, que me muerda si yo soy bruta!
Había querido decir muera: –¿Morderte? ¡Con pusto!; –¡Infame, sos
coco!; –¡La Coca-cola es usted!; –¡Lococo!; –¡Co-coco, cocococo!
Dos
gombrowiczidas, uno peruano (Daniel Rojas Pachas) y otro español (Conrado Arranz), recientemente ingresados al
club, se han acercado a nosotros moviendo la cola razón por la que me
he visto obligado a motejarlos de Perro Uno y Perro Dos, en ese orden.
El
aspecto de estos dos perros que se observa en las fotos de este
gombrowiczidas es noble y generoso, a ellos dos les consagro entonces
esta historia verdadera.







































